lunes, abril 07, 2014

Desaires metropolitanos, Paz Cornejo

El Gaviero, Almería, 2013. 64 pp. 16 €

Fernando Sánchez Calvo

A Ana Santos, gaviera infinita.

A Paz Cornejo le pesa la periferia. Su identidad, confirmada por ella misma, es la del billete. Durante muchos años ha viajado en tren de la periferia al centro y del centro a la periferia y, curiosamente, ha descubierto que el segundo viaje es más largo que el primero. Estas cosas las ha aprendido Paz Cornejo en el tren (que en sí es un medio de conocimiento) y en (no con) los años, pues gran parte de su vida ha sido ese eterno viaje que uno realiza todos los días dentro de una misma comunidad.
Desaires metropolitanos se presentó, como no podía ser de otra manera, el día más periférico de la semana, el lunes 28 de octubre, en la librería Rafael Alberti de Madrid. Allí unos cuantos pudimos disfrutar de la lectura de sus poemas (E.T.T, Ego Poético o el delicioso Los que empiezan el mundo), forjados a base de paciencia, raíles y siete años, cifra de la cual ella está muy orgullosa.
La misma autora, tras la presentación llevada a cabo por el poeta Francisco José Martínez Morán, lanzaba, antes de leer, una pregunta al público allí presente:

-¿Cómo se construye una identidad incluso sonrojante?

Nadie supo o nadie se atrevió a responder. Alguno, para cubrir el silencio, teoriza que hay periferias (como Las Rozas) que en sí mismas están tan aisladas que no saben que a su vez son la Ítaca para muchos viajeros. Pero esa no es la respuesta que espera Paz. Muchos pertenecemos también a la periferia, aunque el punto cardinal no sea el mismo, así que Paz, quien asegura que está en un momento creativo genial pues ahora los poemas le salen de las lágrimas y no de la reflexión, se pone a leer.
Y lee, por ejemplo, estos dos versos:

«Pero desconoces que poseo la sabiduría 
del que vive entre dos mundos.»

Y suenan a orgullo, a dignidad y a respuesta hacia todos los desaires metropolitanos que la maldita y querida ciudad de Madrid comete todos los días, con o sin saberlo, contra todos los hijos bastardos que ha expulsado a los alrededores.