martes, marzo 05, 2013

El jinete de la onda del shock, John Brunner

Trad. Antonio Rivas. Gigamesh, Barcelona, 2012. 331 pp. 20 €

Fernando Ángel Moreno

Acercarse por primera vez a reediciones como esta aporta una intuición hermosa: revivir el nacimiento de la gran ficción prospectiva mientras se gestaba. Aquellos relatos fueron los del movimiento de los años sesenta y setenta denominado New Wave. A pesar de las numerosas excelentes obras anteriores a este movimiento, la dignidad de esta mirada diferente, de esta distinta actitud de la New Wave, cambió el género para siempre.
John Brunner fue un clarísimo representante de este fenómeno con cuatro novelas fundamentales: la trilogía del desastre (Todos sobre Zanzíbar, El rebaño ciego y Órbita inestable) y la que Gigamesh reeditó recientemente: El jinete de la onda del shock. Es representativa por su compromiso social y por su compromiso literario.
Lo primero quizás sea lo más impresionante mientras se lee. Seguramente el autor no profetizaba sobre el futuro 1975, sino que hablaba de dos presentes con el mismo problema: el suyo y el nuestro. Por eso parece anticipar el futuro, porque la constante falta de interés de los políticos occidentales por corregir una trágica deriva de la política y la economía ha incrementado hasta hoy el gravísimo problema de la falta de éticas política y económica. En este sentido, el texto de Brunner no impacta tanto por su crítica al capitalismo por sí misma, sino como desenmascaramiento de la maldad humana, que un capitalismo descontrolado incentiva si no se le ponen barreras.
El propio argumento de la obra ya implica este pensamiento: un hombre educado en una institución para superdotados se sumerge en una lucha personal contra la corrupción a todos los niveles. Para ello se sirve de un espacio virtual que intuye admirablemente lo que sería el mundo de internet y de las transacciones electrónicas.
Sin embargo, lo interesante de la New Wave estuvo en su tratamiento literario experimental, con la combinación de diferentes recursos narrativos e incluso a menudo paratextuales con un mayor cuidado del lenguaje y el diseño de personajes. Como buen hijo del movimiento, en El jinete encontramos un gran trabajo intratextual sobre utopías y distopías. Se apoya para ello en una estructura episódica atrevida que combina pequeños diálogos (a menudo sin interlocutor ni referencias) con largas unidades de acción o con descripciones espaciales sugerentes. Por si fuera poco, se acompañan estos episodios con títulos desconcertantes, poéticos, irónicos o agresivos según el caso, que obligan al lector a reflexionar sobre el subtexto, las conexiones intelectuales o, al menos, a ahondar en sus intuiciones sobre lo que está ocurriendo. Además propone una acertada defensa de los límites del intervencionismo estatal, tanto desde un punto de vista ético como desde otros prácticos y sociales.
Por si fuera poco, se nos presenta a un personaje problemático en cuanto a sus delirios de personalidades múltiples autoinducidas y sus tormentosas relaciones con otros individuos y con la sociedad.
Así, ninguna conclusión inmediata es del todo correcta durante la lectura ni se encuentra un sentido único con poco que se reflexione sobre el discurso que Brunner construye. Sin embargo, en cuanto uno se acostumbra al extravagante desarrollo novelístico, crece el interés por la trama y la facilidad de lectura hasta dejar, al menos en mi caso, con grandes ganas de una relectura para percibir multitud de sutilezas.
Pumas como mascotas, programas de televisión límites, manipulación de información sanitaria-empresarial, resignación ante la corrupción del sistema, situaciones deslumbrantes, emociones escondidas bajo emociones, dudas existenciales… Con detalles de todo tipo se levanta una sociedad extravagante y complicada, pero cuyas coordenadas parecen separarse de las nuestras solo por falta de imaginación de los gobernantes y de los grandes empresarios.
Con todo ello Brunner logra una buena introducción a las posibilidades de lo prospectivo por encima de los tópicos más usuales en torno a la ciencia ficción. El lector podrá disfrutar de una obra compleja, original, con mil posibilidades de lectura y con una inquietante sensación de que, entre las metáforas, las exageraciones, los juegos narrativos… entiende el presente con alarmante lucidez.