martes, noviembre 06, 2012

Enigmas con Jardín, José Luis García Martín

Ediciones Impronta, Gijón, 2012. 176 pp. 14 €

Hilario Barrero
*firma invitada

Enigmas con jardín es el título del último libro de José Luis García Martín. Es un título, valga la redundancia, enigmático, aunque en el libro predominan, entre otras muchas cosas, las “mentiras verdaderas”, la fantasía enredada con la cotidianeidad y el deseo con la realidad. Es posiblemente uno de los libros más representativos del crítico, poeta, traductor, diarista y profesor, en donde más cerca camina con sus fantasmas y con sus rutinas, en el que más se aproxima a la verdad todavía encubierta de sueños, de personajes imaginarios que viven en ciudades reales y personajes reales que viven en ciudades imaginarias. Encima de la verja parecemos leer esta inscripción: «Me gusta mentir con la verdad. Y decir la verdad con una sarta de mentiras».
Uno entra al jardín en busca de enigmas, como quien va en busca de la Esfinge, del Arca de la Alianza o del rostro de la muerte y sale perfumado, tocado por la gracia de la buena prosa, abrumado por el censo de nombres, ciudades, ríos, corazones, iluminado por una luz dorada, de esplendor y de belleza, agradecido, porque aunque en momentos el jardín era un campo de minas, no le explotara una de ellas mientras ensimismado recogía las páginas del libro. Uno pasea por el jardín y se encuentra con pequeños jardines que tienen su propia identidad, como el jardín chino y se siente mordido por las ortigas del ingenio breve y dos veces bueno: «Para el que sabe mirar, una vuelta por su jardín vale lo mismo que tres vueltas al mundo». Y en horas claras, en un lago imposible, hay góndolas y un puente que te lleva de Zamora a Cádiz, de Lausanne a Avilés y de Borges a Borges.
Enigmas con jardín no es, como viene siendo habitual en una parte de la nutrida obra de García Martín, una novela, ni un diario, ni un libro de relatos, de viajes, una colección de frases o pensamientos ingeniosos y, sin embargo, es todo esto y mucho más.
Ya a punto de abandonar el territorio pasas por el mentidero y de nuevo la flor menuda sin nombre, pero con un perfume fuerte de la frase aguda te deja marcado: «Me gustan los enigmas, no las soluciones».
Es fácil entrar al jardín, pasear entre sus líneas, perderse en los parterres de la prosa, oler la vida, sentirse arropado y seguro entre página y página. Lo difícil es salir, abandonar el territorio. Salir del jardín que cultiva José Luis García Martín es un poco como salir del paraíso. Uno lo abandona con más enigmas de los que tenía cuando cruzó el umbral y se atrevió a abrir la verja. Enigmas con jardín comienza con una singladura que el escritor hace a bordo del Creoula y que posiblemente sea lo más interesante del libro y termina con una duda dirigida a un lector del futuro: «Yo también estoy muerto, lector amigo, desde hace muchos años, yo tampoco soy nada fuera de estas palabras… seguiré soñando, en cualquier jardín del mundo, en cualquier biblioteca, con encontrar los versos que me aseguren el secreto de la inmortalidad, como si morir, morir enteramente y para siempre, no fuera lo único que los dioses envidian a los humanos». Se entra en un jardín o en una biblioteca en busca de la inmortalidad y se sale chorreando vida.


*Hilario Barrero, escritor y traductor, nació en Toledo en 1948 y vive en Nueva York desde 1978 en donde es profesor de BMCC, CUNY, una de las universidades de la ciudad. Como poeta ganó el premio Gastón Baquero con In tempore belli, (Madrid, Verbum, 1999). En prosa ha escrito los diarios Las estaciones del día y De amores y temores, Días de Brooklyn y Dirección Brooklyn.