viernes, noviembre 26, 2010

Las heridas de los elefantes, Miguel Tomás Valiente

451 Editores, Madrid, 2010. 180 pp. 15,50 €

Ignacio Sanz

Espléndida novela de intriga, pasiones y extrañezas. Algunas de estas extrañezas arrastran al protagonista al desconcierto. El escenario que la imanta se centra en Madrid, pero los personajes se mueven con soltura por Alicante, Huesca, La Vera, Londres o Nueva York. No en balde el protagonista y narrador es un hombre de mundo que antes de regentar con su hermana el Surya, un bar de copas en el centro de Madrid, se ha dedicado a escribir guías de viaje por países remotos. Una parte de las fotos que ilustraron aquellas guías decoran ahora las paredes del bar.
La novela, como las matriuskas rusas, contiene otra novelita o, mejor, una larga carta que el lector va descubriendo por fragmentos insertados en la narración matriz. Es una extraña e intensa carta de amor escrita por una mujer misteriosa. Conocer la identidad de esa mujer que firma como M.M.P., las iniciales de su nombre y apellidos, es uno de los misterios que se agazapan en la historia y tiran poderosamente de la curiosidad del lector. Otro elemento que perturba es la muerte de un amigo., aunque no tanto la muerte como su desaparición previa, dejando en el protagonista una sensación de culpa pues, al enterarse de su muerte, se descubre como un pequeño traidor a esa amistad por no haber estado a la altura de las circunstancias, por haberse desentendido de ese dolor que ahora roe en su ánimo con esa lentitud constante con que la carcoma roe la madera. Todo ello le lleva a un estado de melancolía.
En la contraportada de la novela se escribe a modo de reclamo: «Una minuciosa investigación psicológica escrita en clave de novela negra». Pero la novela es mucho más que una novela negra. Los personajes que se mueven por estas páginas no se corresponden con el arquetipo que suelen moverse por la novelas negras. La complejidad, la extremada sensibilidad y su condición cavilosa, les aleja de los personajes tipo que suelen animar este género. Lo único que rechina y más en esta época de crisis, es lo bien que económicamente se han montado la vida los personajes centrales. Ni en cuatro vidas podrían gastarse todo el dinero que acumulan.
Claro que es de ahí, de ese confort material, de donde puede venir el hartazgo, el tedio, la necesidad de buscar nuevos alicientes a la vida. Y, en consecuencia, la carta, esa carta misteriosa que desencadena la acción y que empuja al lector a emboscarse en estas páginas escritas con elegancia y contención, una elegancia que, unida al misterio que late en la historia, nos invita a seguir para conocer el desenlace.