viernes, junio 05, 2009

Estáis todos invitados


La Tormenta en un Vaso entrega sus premios anuales en Madrid.

Nos vemos mañana, sábado 6 de junio, a las 13.00 hh en la Casa del Libro de Fuencarral, 119. Pasaremos un rato genial entre libros.

¡Os esperamos!

jueves, junio 04, 2009

No hay que morir dos veces, Francisco González Ledesma

Planeta, Barcelona, 2009. 464 pp. 19.89 €

Gregorio León

Generalmente, en las novelas negras clásicas, aquellas que se atienen a los clichés aceptados o más bien exigidos por los lectores, encontramos tipos duros, malhechores, chicas que siempre traen desgracias irreparables y algún detective en el que podemos hallar el único rasgo de integridad . Así se concibió la mejor novela negra, la que parieron Hammett y Chandler, y así se sigue escribiendo. ¿No se han dado cuenta del descaro con el que Philip Kerr imita a Chandler? Una bendita imitación que agradecemos todos lo que estamos interesados en el III Reich y en sus escondidos secretos. Pero en la última aventura del inspector Méndez que nos ha regalado Francisco González Ledesma, encontramos un personaje que desborda bondad, entre otras cosas porque no ha conocido ni conocerá el mal. Una niña con síndrome de Down que lo da todo a cambio de una sonrisa, que sólo será capaz de ofrecerle una mujer atormentada que se llama Sandra, y que está deseando morir. Las mujeres, las mujeres. Siempre las mujeres. Como ocurre en casi todas las novelas de Francisco González Ledesma, son ellas los personajes más potentes, las que encienden la mecha de la trama.
Con el talento que sólo tienen las grandes maestros, González Ledesma nos va envolviendo, engañando, que a fin de cuentas de eso se trata cuando hablamos de ficción. Lo que parece la preparación de un asesinato realizado por encargo, lo que intuimos como un asunto de prostitución, la más sórdida, la que tiene como víctimas a los menores, se va ramificando hasta encontrarnos con un caso de terrorismo internacional.
Y otra vez Méndez, el de los procedimientos poco ortodoxos, el que elige los peores menús, pero poseedor de una lucidez que está más allá de los métodos, de un corazón que no suele entrar en el pecho de los detectives que se nos aparecen en el camino de tantas lecturas. Es él el único que puede impedir la muerte de centenares de personas que disfrutan insensatamente los acordes de un vals ajenos a la tragedia que está a punto de producirse sobre la cubierta de un yate de recreo.
He leído, siempre con placer, otras novelas de González Ledesma. Aquí reseñé su exitosa Una novela de barrio, premio RBA. Pero me atrevo a decir que esta es incluso mejor, la más redonda, la que presenta más matices. Estoy con Lorenzo Silva. Dice en la faja que acompaña No hay que morir dos veces que esta novela es tierna en su ironía. Y esa es la palabra: ternura. Esa es la gran protagonista de esta novela.
Obviamente, de género femenino.

miércoles, junio 03, 2009

La era del guerrero, Robert Fisk

Trad. Efrén del Valle Peñamil. Ed. Destino, Barcelona, 2009. 336 pp. 19,50 €

Julián Díez

Si hay un género literario que esté sufriendo en la era de internet, ese es el reportaje periodístico. Sustituido por los refritos, el hábil corta y pega, la recopilación de datos tomados de un par de libros y vendidos como propios –materiales todos ellos abundantes en la red-, se ha visto marginado por impostores. Casi no hay en ningún medio textos –demasiado largos para los gustos actuales- en los que se describen hechos conocidos de primera mano: el viejo viajar para ver, ver para vivir y vivir para contarlo de Ryszard Kapuscinski, tan venerado como poco imitado.
Para los medios españoles, en particular, hace tiempo que los gastos que supone algo así no justifican la posibilidad de que el reportero traiga algo incómodo, o triste, o que no esté de moda. Se reserva esa inversión al conflicto del momento, la gripe porcina que toque, para publicar lo mismo que la competencia y así no quedar atrás en una carrera que no tiene en cuenta a nadie más que a los propios códigos internos de la profesión. Y siempre, por supuesto, sin ofender a nuestros anunciantes, que por algo son los que realmente pagan el medio, no los lectores.
Todo ello convierte a gente como Robert Fisk en una especie en peligro de extinción. En este volumen, que recopila numerosos artículos del corresponsal de The Independent en Oriente Medio, no sólo hay artículos sobre el tema del momento –Irak, Afganistán…-, sino sobre cuestiones que esquivan el interés de la opinión pública pero que siguen vivas ahí: el reconocimiento del genocidio armenio, la responsabilidad occidental en la situación en Israel y Palestina, la huella del desastre de Gallípoli…
El denominador común de todas esas historias es que Fisk está allí, conoce la situación, comparte sus pensamientos, y después lo cuenta. Tras esa labor, que contrasta felizmente con la mayor parte de lo que leemos al cabo del día, queda poco de juicio a priorístico, y aún menos de esos lugares comunes (“asesinato selectivo”, “necesidades de seguridad”, “eje del mal”) con los que los medios de comunicación trufan la visión del mundo que se nos ofrece.
El libro sólo se ve lastrado por los inevitables condicionantes de ser una recopilación de textos que no fueron originalmente creados para ese propósito, como reiteración de ideas o falta de un hilo conductor claro que sí estaba presente en la otra obra de Fisk traducida previamente, La gran guerra por la civilización. Sin embargo, es en su conjunto una obra nervuda, contundente, repleta de interés y que para mí, como periodista, tiene aromas que añoro en el producto que cada día se vende en los quioscos.

martes, junio 02, 2009

Desde el recuerdo, Françoise Sagan

Tras. Alejandro Palomas. El Cobre, Barcelona, 2009. 166 pp. 20 €

Pedro M. Domene

Françoise Sagan (1935-2004) se convirtió tras la publicación de su primera novela, Buenos días, tristeza (1954), en un fenómeno editorial que conmovió a la sociedad francesa del momento. Autora, además, de algunos éxitos posteriores tanto en narrativa, como en teatro y algunas, poco afortunadas, incursiones en el mundo del cine con guiones de escaso éxito. Traducidas, casi todas sus obras importantes a lo largo de estos años, El Cobre Ediciones publica en castellano Desde el recuerdo (2009), una obra autobiográfica que cuenta, con el habitual estilo directo de la narradora francesa, algunas de las pasiones que la llevaron a sonados escándalos, y a consumar una vida al límite. Habitual del boulevard de Saint Germain, por donde solía verse a Juliette Greco, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, moradores de un París de profundas ideas revolucionarias, repleto de excesos de todo tipo. La buena vida, las excentricidades, el juego, fueron algunas de las pasiones de la joven Sagan. Los nombres de Billie Holiday, Tennesse Williams, Carson McCullers, Orson Wells, Rudolf Nureyev y, sobre todo, Jean Paul Sartre, conforman la agitada existencia de esta intelectual que provocaría escándalos a lo largo de toda su existencia, tanto privada como pública, además de todos los excesos que el alcohol y las drogas le permitieron. Con una prosa clara y contundente, estos textos contienen sus opiniones sin reservas y expresan esa combinación de cinismo, sensualidad e indiferencia con que se caracterizaba su obra en prosa, así como su propia actitud. Sagan escribe sobre quienes admira, sobre las tragedias con que vivieron esos personajes, atormentados en ocasiones como ella misma. A través de esta colección de textos (diez en total) ofrece el más sincero retrato de sí misma que jamás hubiéramos podido imaginar, porque además de escribir con ese entusiasmo juvenil en ocasiones, evoca algunos de esos aspectos favoritos que conformaron su propia vida: el sol, el ocio, los coches, ciertas compañías, algunas de sus lecturas adolescentes: Gide, Camus, Rimbaud o el eterno Proust. Y sobre todo ofrece, esa lucida visión de vértigo con llevó su ludopatía, cuando prácticamente buena parte de su adolescencia y madurez se desarrolló sobre los tapetes verdes de Saint-Tropez, y así quedó reducida a la débil sombra de aquella joven despreocupada que con ese primer libro, publicado en 1954, vendió millones de ejemplares en todo el mundo, solía divagar acerca de lo presentido, y todo lo observaba, con una candidez casi infantil. ¿En qué se parece la tragedia a la vida? Parte de la respuesta está en Desde el recuerdo, una excelente ocasión para volver sobre la autora de Buenos días, tristeza, tras algunos años de silencio y de sufrimiento.

lunes, junio 01, 2009

Sida mental, Lionel Tran

Trad. Laura Salas Rodríguez. Periférica, Cáceres, 2008. 160 pp. 15 €

Elvira Navarro

En las banlieue, como se llama a los suburbios de las capitales francesas, construidos en los años 60 para inmigrantes y nacionales que venían del campo, se respiran cuchillos. Lo digo porque viví en Mairie de Saint-Ouen (París) durante seis meses. Lionel Tran (1971), según reza la contracubierta de Sida mental, no sólo pasó allí una temporadita, sino que se crió en una de ellas. En concreto, en la de Vaulx-en-Velin, en Lyon. Su infancia y adolescencia no fue ningún camino de rosas, y Sida mental, libro autobiográfico, es el testimonio de un malestar muy cercano a la locura. Un testimonio con una (confesada por el autor) voluntad política de unir su historia personal con el contexto social.
Lo que aquí se denuncia no es sólo una realidad estática, que empieza y acaba en sí misma por falta tanto de proyectos como de medios para vehicularlos, sino el cascarón vacío que representan los ideales si no hay una coherencia con la que adquieran sentido y se ganen el respeto. El niño-adolescente-joven cuya voz escuchamos, voz que salta de un sitio a otro en capítulos titulados con fechas (aunque sin orden cronológico), está ahogado por una madre sesentayochista que acude a cuanta reunión, manifestación o protesta de comunistas y feministas haya. Sus “buenas ideas” no se traducen en casa en amor hacia el hijo, ni en intentar que éste aprenda, sino en una tiranía histérica que lo culpabiliza por ser hombre. «Mamá no es una madre. Es una mujer. (…) Ya no puedo llamarla mamá. (…) Un ‘niñohombrechico’ no debe pedir nada a una ‘mujerindividuocompleto’. (…) Un ‘niñohombrechico’ es considerado violento. En los juegos que acaban mal será considerado culpable desde el principio».
El protagonista no tiene referentes que le permitan vivir. Sus amigos están tan empantanados como él y, al igual que los escorpiones, que se clavan su propio aguijón ante el peligro, lo único que queda es destruirse. Por supuesto, no hay conciencia de esta destrucción. ¿Cómo la va a haber, si no existe nada donde el ‘niñohombrechico’ pueda mirarse y comparar? Cuando él sueña con matar a los otros, no se da cuenta de que es a sí mismo a quien aniquila. Porque proyecta lo que es, muerte, y en esa proyección se reafirma, y porque no sabe que las salidas, de haberlas, están fuera, en los demás.