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viernes, junio 16, 2017

Solo con invitación: Fantasía lumpen, Javier Sáez de Ibarra


Páginas de Espuma, Madrid, 2017. 210 pp. 17 €

Eduardo Cruz Acillona

Javier Sáez de Ibarra es profesor de instituto. Esta afirmación debería ser motivo suficiente como para cubrir al autor del libro reseñado de una pátina, como mínimo, de heroicidad cotidiana. Lejos de ahondar en el herido ombligo de su gremio, sus relatos componen una exposición de retratos desgraciadamente cotidianos todavía hoy, cuando nuestras preclaras mentes dirigentes tratan de convencernos de que todo lo malo ha pasado, de que la crisis fue una moda impuesta por los telediarios y de que todos volvemos a vivir en ese inmenso Coney Island de la mente, que diría Ferlinguetti.
Estructurado el libro en tres partes, en la primera de ellas se nos cuenta una sucesión de historias en las que es difícil no sentirse mínimamente identificado. Todos conocemos a compañeros, amigos, miembros de la familia que se han visto trastornados por la sorpresiva irrupción en sus vidas de la crisis económica, algo que alguien veía antes en los telediarios con la lejanía aséptica que provoca la pantalla del televisor.
Sáez de Ibarra se implica, se mete de lleno en el sufrimiento de los personajes de unas historias tan mundanas como reconocibles. A través de ellas reivindica la solidaridad, el cariño… A través de ellas mueve conciencias… A través de ellas comparte el espejo de pocos con muchos…
No es Fantasía lumpen un libro de cuentos al uso. Dividido en tres partes, como ya apuntábamos, pasa de la narración de hechos cotidianos enmarcados en la crisis económica (“Fantasías”) a terminar en una especie de literaria declaración de principios (“Cuento capitalismo”) que viene a resultar como una falsa pero certera poética de lo leído. Es digno de destacar el esfuerzo narrativo del autor, jugando con formas y estilos variados que, lejos de despistar, refuerzan el escaparate de la propuesta. Cuentos que utilizan el tamaño de letra para diferenciar lo hablado de lo pensado, cuentos que utilizan las notas al final del texto para enriquecer lo narrado, cuentos que reproducen conversaciones como si contaran con las limitaciones de los ciento cuarenta caracteres del Twitter…
Los aficionados al cuento, los que celebraron aquel ya tan lejano primer premio Ribera del Duero, están de enhorabuena. Estas Fantasías lumpen les harán disfrutar, les harán pensar y, sobre todo, les harán plantearse hacer una huelga si el autor decide no publicar ya más cuentos.


Javier Sáez de Ibarra: «Si esperamos a que se hunda el capitalismo para tomarnos una cerveza, seguro que se nos calienta»


Es difícil que te caiga mal alguien con quien, minuto y medio después de conocerlo, ya estás hablando de puros y patxaranes. Es lo que tiene que el autor y un servidor sean medio paisanos de una tierra que comienza la celebración de sus fiestas mayores con un muñeco que se convierte en humano. “Como Pinocho”, exclama Encarni, editora de Páginas de Espuma junto con Juan Casamayor. No es lo mismo, pero la comparación sirve para que la entrevista se demore más tiempo de lo previsto, a pesar de la insolente puntualidad de los trenes que regresan a Madrid desde Sevilla.

—Colegas de piso, parejas, padres e hijos, amigos… Todos en situaciones de precariedad laboral, de fracaso. Y en todos los cuentos sobrevuela la honestidad, el cariño, la solidaridad. Por su parte, el autor también imprime a cada una de las historias del libro una cuidada dosis de humor. ¿Son el amor y el humor los salvavidas a los que aferrarnos en esos tiempos convulsos que provoca la crisis? 
—Como mínimo, en un ochenta por ciento, sí. El amor nos salva siempre. Hace falta la lucha social para la mejora de esas condiciones, claro, porque si tienes un contrato precario o un sueldo con el que ni siquiera puedes vivir, al final el amor se resiente y el humor se convierte en mal humor. Por eso digo que no nos salva del todo. No me convence la idea del nido de amor como refugio de ese mundo horrible, no. Pero tampoco somos Superman y no creo que uno pueda estar luchando permanentemente. Incluso diría más: creo que el amor forma parte de la lucha.


 Entra AQUÍ para leer la entrevista completa

lunes, mayo 22, 2017

Nuestra historia, Pedro Ugarte


Páginas de Espuma, Madrid, 2016. 168 pp. 15 €

Miguel Sanfeliu

En general nuestra historia, la de todos, está formada por pequeños acontecimientos, pequeñas variaciones que irrumpen en lo que llamamos normalidad para crear un punto de intriga, para ponernos cara a cara frente a lo incierto o, simplemente, para recordarnos, como ya hizo Sartre, que el infierno son los otros. Los cuentos reunidos en Nuestra historia, el último libro de Pedro Ugarte, están narrados con un ritmo implacable, con una garra que te atrapa desde la primera línea y ya no te suelta hasta llegar al final, a veces exhausto y otras pensativo, porque todos estos relatos consiguen involucrar al lector, sumergirlo en ese instante decisivo al que se enfrentan los personajes.
La fuerza de un relato reside, casi siempre, en la historia que nos narra, que sea capaz de traspasar esa coraza con la que todos nos defendemos de las agresiones emocionales que vemos a nuestro alrededor; y también en la potencia de sus personajes, seres en los que podemos reconocer nuestras debilidades, nuestros miedos o nuestro frágil concepto del mundo.
Estamos de suerte, porque nos encontramos sin duda ante un buen libro de cuentos, uno de los mejores de todo lo publicado en los últimos años, no en vano Pedro Ugarte es un consumado autor de relato corto, uno de los imprescindibles. Encontramos parejas que afrontan situaciones de crisis. "Días de mala suerte" nos habla de una familia que se enfrenta a una situación económica muy difícil y, pese a todo, el estricto plan de ahorro que se imponen les unirá y les enseñará a disfrutar de las pequeñas cosas, de los juegos, de la compañía mutua. Del mismo modo, la pareja de "Para no ser cobarde" también se enfrenta a un momento decisivo de sus vidas, a un cambio radical de residencia, abandonando la ciudad para instalarse en un pueblo con la única expectativa de que el hombre escriba una novela, y percibimos perfectamente el halo de desesperación de esa decisión, intuimos incluso que una sombra de desastre oscurece la relación de esa pareja.
Hay también personajes realmente curiosos, como la mujer experta en hacer regalos que protagoniza "Verónica y los dones" o esa especie de «conseguidor» con aspecto de triunfador del que nos habla el cuento "Voy a hacer una llamada".
Otros, por su parte, tienen un halo de misterio, un aire amenazador, como el excéntrico millonario de "Mi amigo Bohm-Bawerk" o el libertino artista de "Enanos en el jardín". En "La muerte del servicio" asistimos a un reencuentro en el que flota la figura de Feliciana, la mujer que trabajaba para la familia del anfitrión y cuya vida se vislumbra que ha debido ser muy diferente a la de ese grupo de viejos amigos.
También hay historias con una fuerte dosis de humor, como "Vida de mi padre", en la que un acontecimiento trivial se convierte en algo determinante en la vida del protagonista. O "El hombre del cartapacio", con ese empleado patético que se esfuerza tanto por hacer las cosas bien que lo único que consigue es ir, poco a poco, labrándose un particular descenso a los infiernos.
Y, por último, "Opiniones sobre la felicidad", el cuento que cierra el volumen y que consigue dejarnos con el corazón helado, con ese hombre que se somete a la presión familiar de su madre y sus hermanos, unos seres marginales, esperpénticos, que representan un pasado del que uno no puede huir del todo.
Las historias de Pedro Ugarte son de corte realista. Le basta con narrar unos hechos, describirnos a unos personajes que consiguen emocionarnos, y lo hace con un tono muy alejado de la solemnidad, ayudándose del desenfado, del humor, para ir avanzando con un estilo elegante y muy cuidado, de fraseo largo pero pausado, con esa sabiduría y dosificación de la información que nos mantiene pegados a las tramas.
En estas historias encontramos ideas sobre nuestras relaciones con los demás, bien con la pareja, con los padres, con los amigos o con desconocidos. Literatura grande sobre asuntos aparentemente nimios. Y esta tradición se emparenta directamente con una narrativa que merece la pena reivindicar, la de los escritores de la conocida como generación de los cincuenta, no en vano los tres primeros cuentos están dedicados a Medardo Fraile, a Esteban Padrós de Palacios y a Antonio Pereira, dedicatorias que parecen, en sí mismas, una declaración de intenciones.
También me atrevería a decir que en los personajes de Nuestra historia hay miedo, un miedo a perder la seguridad de lo conocido, a que las cosas cambien, a que sobrevenga la desgracia, la amenaza que puede suponer la irrupción de elementos desestabilizadores en nuestra vida.
En cualquier caso, este libro supone una lectura adictiva y sus historias se quedan en la mente del lector, haciéndole pensar. En algunos momentos nos pone una sonrisa en la cara pero en otros nos hiela el corazón, como la escena final de ese último relato, terrorífico, con el que se cierra este conjunto de cuentos que nos hablan, a fin de cuentas, de nosotros mismos, de nuestros miedos, de nuestra historia.

viernes, mayo 19, 2017

Amores imperfectos, Hiromi Kawakami


Trad. Mónica Bornas Montaña
Acantilado, Barcelona, 2016. 144 pp. 15,20 €

Santiago Pajares

Muchas historias de amor no tienen final. Se nos muestra una breve escena, un apunte, un detalle y se queda ahí, esperando que nosotros saquemos algún tipo de conclusión o aprendizaje. Pasa en los libros, en las canciones y en la vida. A veces vuelves la página y sólo encuentras ya la contraportada. La autora de Amores imperfectos comprendió esto hace mucho tiempo. Mi primer contacto con Hiromi Kawakami fue en la que por ahora sigue siendo, para mí, su mejor novela: El señor Nakano y las mujeres, una obra de extraordinaria delicadeza y ternura que acude a mi mente cada vez que abro un libro de literatura japonesa. Ahora la autora nos trae este pequeño volumen de relatos con esbozos de lo que podrían llegar a ser, en caso de eventual desarrollo, novelas completas. En todos los relatos, de una extensión mínima, a veces tres o cinco páginas, Hiromi Kawakami nos habla del amor romántico desde todas sus perspectivas: Amores juveniles, adúlteros (algo muy usual en la literatura japonesa, las relaciones largas como amante en un matrimonio), rupturas de relaciones y algo que me ha sorprendido, relaciones lésbicas tratadas con una especial delicadeza, casi dejando al lector que imagine todo. Pero todas ellas imperfectas, como nos dice el título de la obra. Todas protagonizadas por personajes femeninos y abocadas de alguna manera al fracaso antes de empezar.
Pero hay algo más, y es que Hiromi Kawamaki utiliza estos relatos (o nos sirven a nosotros) como un fiel reflejo de la vida diaria en el país nipón. Cada uno de los 23 relatos está ambientado en sus ciudades, en sus calles, sus trabajos, que les sirven de contexto y entorno para poder desarrollar estas historias fallidas de amor. Con el final de cada relato nos queda una sensación de vacío, de tristeza por lo que pudo ser y no acabo siendo. Nos convertimos así en protagonistas del propio libro. Quien sabe si era esa, y no otra, la intención de la propia Hiromi Kawakami. Como siempre especial atención para la cuidada edición de Acantilado.

viernes, abril 28, 2017

El ojo castaño de nuestro amor, Mircea Cărtărescu


Trad. Marian Ochoa de Eribe.
Impedimenta, Madrid, 2016. 208 pp. 17,95 €

José Miguel López-Astilleros

Desde hace unos años los lectores de Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956) estamos de enhorabuena, porque desde 1993, año de la primera publicación de una obra suya en Seix Barral, hasta 2006, fecha en que Funambulista rompió el silencio editorial con Por qué nos gustan las mujeres, no habíamos tenido la ocasión de leerlo en español. Aunque hasta 2010 no comenzaría de un modo casi ininterrumpido la traducción y edición de parte de su obra (Cegador, Funambulista y El ruletista, Impedimenta). Pero la excelente noticia es que esta última editorial nos ofrece desde entonces unas magníficas traducciones del rumano a cargo de la gran traductora Marian Ochoa de Eribe (El Levante, Las bellas extranjeras, Lulú, y Nostalgia, aparte de la ya mencionada e incluida en esta última), y no traducciones de las ediciones alemanas.
El ojo castaño de nuestro amor es un libro que tiene la particularidad de estar «…especialmente preparado para el lector español, he intentado customizar el libro para la mentalidad literaria española, tal y como yo la imagino», declara el autor en una entrevista de Daniel Arjona, y más adelante «…se trata de una recopilación de textos que sirven de sumario de toda mi obra. […] es donde el lector encontrará el itinerario al resto de mis libros». De modo que quienes ya conozcan su obra advertirán las continuas referencias a sus temas, personajes, procedimientos literarios, libros, y en definitiva al muy particular mundo cartaresquiano. En cambio los que se acerquen por primera vez a él, tendrán en sus manos una suerte de introducción y guía de lo que encontrarán mucho más desarrollado en los anteriores, sin que ello quiera decir que ninguna de estas piezas esté inserta en aquellos.
La obra está compuesta por veinte textos no muy extensos y heterogéneos. Si establecemos una clasificación grosso modo, nos encontraremos con relatos genuinamente autobiográficos. Este elemento autorreferencial es recurrente en toda su obra, porque siempre escribe sobre sí mismo. Esto no significa que todo lo que cuenta se corresponda con hechos verificables y comprobables por un supuesto biógrafo, dado que para él la realidad es una creación personal de cada ser humano según sus percepciones, pensamientos y vivencias, de ahí que argumente que los escritores fantásticos son más proclives a desenmascarar el mundo en el que viven que a crear otros nuevos. El resultado es que la realidad y la ficción en Cărtărescu tienen la misma consideración y están en el mismo plano, es decir ambas pertenecen a la misma realidad, y por supuesto los sueños y las alucinaciones, elementos también muy presentes en su narrativa. En Mi Bucarest busca el Buenos Aires de Cortázar, la Alejandría de Durrel, el San Petersburgo de Dostoievski, el Dublín de Joyce, su ciudad mítica, puesto que la real era una ciudad “cenicienta”. Con su mirada nos asomamos al Bucarest de su infancia y adolescencia, que era el de su madre, el centro del mundo; al soñado, que corresponde al literario, al de la poesía; pero también al real, al degradado por el comunismo; y al de la primera mujer; así como al de los descubrimientos de las librerías, editoriales o cenáculos literarios, tan importantes estos en su vida. En Para D., vingt ans après rinde homenaje a una chica con quien tuvo una relación en sus años universitarios que aparece en REM —uno de sus mejores relatos, incluido en Nostalgia—, a la cual plagió los sueños que le contaba, a ella debe por ejemplo el del palacio de mármol de Cegador con sus mariposas. Los sueños están muy presente en toda la obra de este autor, lo onírico recibe un tratamiento poético que hace de este rasgo algo que caracteriza su estilo y la manera de percibir literariamente aquello que nos transmite. La infancia y la adolescencia son los dos períodos de la vida más importantes para él. De la primera opina que es el tiempo de la felicidad suprema, donde germina el mundo que ha de determinar nuestra personalidad futura, y a la segunda se suma todo el itinerario emocional, placeres, miedos, interrogantes, y gran parte de las profundidades que exploraremos en la madurez. En Pontus Axeinos relata su descubrimiento del mar a los doce años y la muerte de Ovidio en el mismo lugar. Es prodigiosa la sensibilidad con que en la página 46 se refiere al privilegio que supone para él tal acontecimiento, por ser el primero de la familia en contemplarlo. Otro motivo constante es el de las referencias literarias, utilizadas como temas en sí mismas o como indicaciones cómplices de universos literarios a cuya paternidad debe el suyo (Proust, Cortázar, Kafka, Borges, García Márquez, Sábato, Dante, Woolf…). En Ada-Kaleh, Ada-Kaleh... rescata la fascinante historia de dicha isla desparecida en 1970 a través del recuerdo de un cuadro colgado en su casa, que representa el inconsciente mágico y colectivo de la ciudad. Cuando ingresa en la universidad toma conciencia de que el dictador Nicolae Ceausescu estaba dejando al país en ruinas, sobre ello escribe estas hermosas y desoladoras palabras «¡Qué extraño destino me tocó en suerte! He madurado entre ruinas, he estudiado entre ruinas, he amado entre ruinas. A veces pienso que ser rumano significa ser pastor de las ruinas, arquitecto de las ruinas, amante de las ruinas.» (pág. 24) Y un poco más adelante, en las páginas 27 y 28 «…De ahí mi oficio: constructor de ruinas. Mi vocación: arquitecto de ruinas. Mi vicio: voyeur de ruinas. No me preguntéis por lugares olvidados y abandonados en Europa. Incluso mi madre es un lugar así. Yo mismo soy un lugar así. Juntaos en torno a mí, abrid mi cráneo y contemplad mi cerebro: se deshará ante vuestros ojos como un molde de yeso. Y su polvo se mezclará inseparablemente con el polvo de las ruinas entre las que he vivido toda la vida, amante de una harén de ruinas.» El relato que da título al libro trata sobre el trauma que supuso para él perder a su hermano gemelo a los cinco años. Este motivo de los gemelos y del hermano desaparecido en concreto es algo recurrente a lo largo de toda su creación, como un dolor crónico que no deja de estar presente jamás condicionando su vida y su literatura. Aparte de esto, esta pieza también es un canto a la maternidad feliz, a pesar de las privaciones soportadas. En El cuarto corazón nos cuenta la historia de un libro que leyó a los ocho años y que nunca volvió a encontrar, porque «…todos tenemos un libro perdido en lo más profundo de la infancia.» (pág. 148) En otros relatos autobiográficos como Los años robados, Mi primer vaquero o La época del nes nos refiere distintos episodios de su vida en unas ocasiones de un modo objetivo y en otras con una ironía crítica con toques surrealistas.
El tono ensayístico predomina en Europa tiene la forma de mi cerebro, donde reflexiona sobre lo que significa ser europeo y su pertenencia a Europa, puesto que se siente partícipe y heredero de dicha tradición, además la literatura está por encima de los mapas. Del mismo modo en El gato muerto de la poesía de hoy, donde trata sobre el futuro y la supervivencia de la poesía, pero también hace un recorrido por la poesía rumana desde los años sesenta del siglo pasado. La literatura es un motivo de reflexión continuo en toda su obra. En …Escu nos ofrece una reflexión sobre la dificultad de ser un escritor rumano y sobre la educación en su país después de 1970. Y con un cierto tono melancólico sobre el fin de la literatura tal como la concebimos hasta hoy, en La ruina de una utopía concluye «Me temo que de ahora en adelante nadie va a vivir en los libros, tal y como han hecho mi generación y las precedentes…» (pág. 156). Sobre el oficio de escribir y el paso del tiempo reflexiona en Forever Young.
También encontramos relatos de ficción pura: Zaraza y La chica del borde de la vida. En la primera cuenta la historia romántica de una cantante gitana asesinada en los años cuarenta. Sobre esto hay que decir que Cărtărescu se considera a sí mismo un escritor neorromántico en muchos aspectos. El segundo es un cuento fantástico muy imaginativo, en el que se narra cómo el protagonista llegó al oficio de escritor.
Una de las características más sobresalientes de la manera de escribir de Cărtărescu consiste en el tratamiento poético que imprime a la materia narrativa, dotándola de una buena dosis de sensualidad y a menudo de sugerente melancolía. Por eso llega a decir que su prosa es una metamorfosis de su poesía —recordemos que está considerado como uno los mejores poetas rumanos del siglo XX, aunque a los treinta y tantos años abandonara su cultivo—. Otros aspectos a destacar son la enorme originalidad, tanto de este libro como cada uno de los anteriores, y la muy particular mirada con que interpreta el mundo a través de su desbordante imaginación. Todas estas breves consideraciones no serían posibles sin el gran trabajo de su traductora, Marian Ochoa de Eribe, una maga de la traducción, cuya sabiduría y sensibilidad nos crea la ilusión de leer a Cărtărescu en nuestro idioma como si fuese el suyo.
Hay muchos libros en los expositores de novedades que cualquier escritor con un poco de oficio y paciencia podría haber redactado, en cambio los de Cărtărescu sólo los podía haber escrito él. Estos son los que no podemos dejar de leer.

lunes, abril 10, 2017

Voces para un tímpano muerto, Miguel A. Zapata


Talentura, Madrid, 2016. 148 pp. 13 €

Pedro M. Domene

Miguel A. Zapata (Granada, 1974) es un experimentado coleccionista de historias, autor de una obra que podría catalogarse de fronteriza puesto que ha ensayado hasta el momento, con acertado acento, el microrrelato, Baúl de prodigios (2007) y Revelaciones y magias (2009), el cuento, Ternuras interrumpidas. Fabulario casi naif (2003) y Esquina inferior del cuadro (2011) y la novela, Las manos (2014) una historia muy fragmentaria, con digresiones de diverso calado, pausas y paréntesis, desvíos y abundantes desvaríos.
Existe una zona que el narrador granadino domina y ensaya, una y otra vez, ese espacio entre la melodramática realidad, lo anodino o el horror más absoluto que nos sorprende y abraza a diario, y buena muestra de ese obsesivo mundo propio, ofrece, en esta ocasión, Voces para un tímpano muerto (2016) que se convierte en una alucinante arquitectura de vocablos resistentes, o un serial de voces que se dejan oír tras la metafísica visión de una rabiosa actualidad. Zapata nos facilita la tarea, y divide su propuesta en movimientos o apartados: “Sinfonía para un amor bizarro en diez movimientos y una breve coda”, “El albarán del durmiente”, “Vuelos de un doctor en Filosofía alrededor de sus apuntes desordenados diez segundos antes de despertar”, “Cinco formas de tomar el té de las cinco”, y “De espacios y hombres”, cinco propuestas que contemplan auténticos espejismos cotidianos porque en estas historias encontramos devastaciones y mujeres que se arrancan los ojos y los ofrecen en las calles, verdugos que se sienten satisfechos con su trabajo, o se disfruta de la bendición de los hijos; excelente el tratamiento y la técnica del cuento en el siguiente apartado, significativo el primero de todos, “Matrioska sentimental” cuya trama se sustenta sobre las posibilidades que nos ofrece el mundo de la imagen y el espejo de la escritura, o aún mayor consideración merecen los relatos, “Finis gloriae mundi”, esa infancia, en ocasiones, olvidada aunque recuperada en el tiempo, y la constante evocación de la memoria, ese continuo retorno que sufrimos en nuestra vida, como se cuenta en “Historia de este vaso”. Hasta aquí sus propuestas subrayan esa visión postsurrealista que han ensayado algunos cuentistas actuales, léase Ángel Zapata, y que establecen una firme comunicación con lo onírico, nos les falta un agudo sentido del humor, ese que confiere a todo el justo nivel de lo absurdo pero resulta fácilmente reconocible por un lector inteligente y, sin duda, lo convierte en el apartado más sugestivo y aun más desasosegante del conjunto.
En la tercera parte, los “vuelos”, numerados en un calculado desorden se suceden, y suman voces que convierten esos instantes u otros momentos vividos en alucinantes visiones de preclaro lirismo en que, Zapata, cultiva el misterio de la palabra; el resto se traduce en la gozosa visión del granadino sobre relaciones familiares, horrores cotidianos y domésticos, identificación de semejantes, y en la mirada, tan sabia como precisa, sobre la arquitectura urbana de nuestro alrededor cotidiano y, por extensión, de nuestro viejo mundo.
Miguel A. Zapata escribe Voces para un tímpano muerto con absoluta libertad, con un lenguaje adecuado expone una serie de historias y situaciones de la vida cotidiana en las que la realidad traspasa el umbral del absurdo y recuerdan, en una proyección diferente, al espacio de Kafka, de Tomeo o Monzó sin que la apreciación, evidentemente subjetiva, presuponga deuda, sino más bien halago de una literatura ejemplar.

miércoles, marzo 22, 2017

Fuerza menor, Javier Puche


La Isla de Siltolá, Sevilla, 2016. 124 pp. 11 €

Pedro M. Domene

¿Puede un escritor de microcuentos formar parte de la historia de literatura? se pregunta Juan Bonilla en el prólogo de Fuerza menor (2016), el nuevo libro de Javier Puche (Málaga, 1974). Indiscutiblemente, sí. ¿Dónde queda establecida la frontera entre el cuento o relato, y el microcuento o minificción? El estudioso Fernando Valls señala que, «el microrrelato no es un poema en prosa, ni una fábula ni un cuento, aunque comparta algunas características con este tipo de textos, sino un texto narrativo brevísimo que cuenta una historia, en la que debe imperar la concisión, la sugerencia y la precisión extrema del lenguaje, a menudo al servicio de una trama paradójica y sorprendente.» Todas las definiciones de microrrelato incluyen, al menos, dos características definitorias: la brevedad y la narratividad, y sobre todo, para que exista un microrrelato, tiene que haber una historia, y con esta definición nos alejamos de otros textos breves como los haikus y poemas cortos, los aforismos y las sentencias.
Este extenso preámbulo, sin ánimo de instruir, si acaso informa que un libro como, Fuerza menor, ofrece una estupenda colección de microrrelatos, desde perspectivas muy diferentes y con un acertado resultado. El primer texto, dedicado al inolvidable Javier Tomeo, y titulado, "La incertidumbre", dará el tono al resto, responde sin duda a las pretensiones del malagueño: dos personajes despiertan a bordo de un hidropedal en medio del Mar Negro y, enseguida perciben que se han quedado dormidos por accidente, y no tienen otra opción que seguir pedaleando, sin rumbo, en medio de las aguas oscuras, hacia ninguna parte, y esa incertidumbre que provoca la situación es vida misma que nos empuja a circunstancias insólitas. En un texto tan breve, y al comienzo mismo, Puche ajusta y precisa su lenguaje, consigue un ritmo temperado, nos envuelve en una atmósfera casi asfixiante, muestra una irónica visión del momento que provoca una calculada agudeza satírica, y aun añade un cierto lirismo que cincelará el resto de los textos que componen la primera y más amplia parte. Y este conjunto de cuentos se convierte en un auténtico caleidoscopio, Puche retrata a sus personajes con milimétrica precisión, y los envuelve en una fantasmagórica visión onírica que evocan esos otros detalles que mueven al mundo, “Tenemos que hablar”, un permanente juego de los contrarios, “Asincronía”, deudor de esa extensa tradición de los mejores relatos de todos los tiempos, personas inmortales y fantásticas que tratan de sobreponerse a su propia naturaleza, “El Santo Grial”, seres orantes que perpetúan el rezo pese a los múltiples cadáveres que los rodean, leguleyos decadentes, “Advocatus diaboli”, jueces retirados que imparten su propia justicia, “Justicia a domicilio”, obesos mórbidos que se adentran en una tupida selva de plantas carnívoras, incluso un androide lector, o la evocación de un clásico universal, “Ante la ley”, es decir, otra mirada más, pero diferente sobre el inmortal Kafka. Una parte segunda, tan complementaria como calculada, Seísmos, “Cuentos de seis palabras”, un propósito narrativo aun más milimetrado en extensión, seis palabras para contar una historia, o como apunta el mismo Puche, «más bien sugerirla»; y, por supuesto, el lector se enfrenta a un texto, a un mini-micro-cuento, casi un malabarismo textual, que según percibimos, exige elegir bien la idea y los vocablos que han de vestirla y, pese a su extrema brevedad, el narrador malagueño logra con su empeño que estos microrrelatos aniden en la memoria del lector, y supuestamente le ayuden a concretar el sentido mismo de la vida en apenas seis palabras.

lunes, marzo 06, 2017

Manual de jardinería (para gente sin jardín), Daniel Monedero


Relee, Madrid, 2016. 167 pp. 15 €

María Dolores García Pastor

¿Qué tienen en común un adolescente que cree ser la reencarnación de Wislawa Szymborska, una mujer que sólo le es infiel a su marido con hombres mutilados, un oficinista que sueña con ir a Honolulú y un hombre se desvanece progresivamente en las fotos que le van tomando? Que todos ellos son “plantas” del jardín para el que Daniel Monedero ha escrito su Manual de jardinería (para gente sin jardín). Estos personajes y muchos más deambulan por los diez relatos que conforman el libro.
En el prólogo Matías Candeira explica muy bien el tipo de relato que vamos a encontrar en este libro, “excesivo, vivo y hasta furioso” frente a lo que él llama “relato cerrado, aseado”. Diez historias frescas y originales, escritas con diferentes tonos y registros, un conjunto heterogéneo cuyos elementos, aparentemente, no tienen nada en común pero a los que la voz del autor da unidad y coherencia. Monedero no es nuevo en esto de escribir, trabaja como guionista y es autor de libros infantiles ilustrados (como la colección de El fabuloso Mateo junto a Anna Laura Cantone para la editorial Edelvives), aunque sí es su primer libro de relatos. El oficio está presente, la experiencia se nota, cada frase está cuidada, pulida. Hay una clara intención estética, los textos están trabajados en lo estilístico y en lo formal. Se intuye en algún momento la influencia de Eloy Tizón del que el autor fue alumno en Hotel Kafka.
El libro está plagado de referentes literarios, el más evidente es su homenaje a Huckleberry Finn, el mítico personaje de Mark Twain en el relato “Llamadme Mississippi”. Contaba el autor en una reciente entrevista que este relato fue, hace tres años, la semilla del libro, de este jardín que crece en libertad y en el que se dan la mano historias realistas con toques surrealistas que a veces llegan al absurdo salpicadas, en ocasiones, de sutiles pinceladas poéticas. Es también un libro de ausencias como ya se puede intuir en el título, sobre personajes incompletos que habitan otras pieles o buscan encontrarse más allá de ellos mismos. Este es un jardín cuidado pero no domesticado, crece en libertad y en él la maleza se integra dentro del paisaje para conformar un todo que sorprende y atrapa, que muestra tanto como oculta y que gustará al lector que busca nuevas voces en el panorama del cuento español.

lunes, febrero 27, 2017

La condición animal, Valeria Correa Fiz


Páginas de Espuma, Madrid, 2016, 161 pp. 15 €

María Dolores García Pastor

¿Por qué nos asusta reconocer que somos un animal más de la creación? ¿Por qué nos empeñamos en renegar de nuestra parte animal, de lo más salvaje e instintivo que aún perdura en nosotros? Valeria Correa Fiz no teme ni reniega de esa parte de sí misma y se atreve a explorar el lado más animal de la condición humana o el lado más humano de la condición animal. Y lo hace a través de doce relatos de diferente extensión que se dividen en cuatro partes clasificadas según los elementos que se usaban en la antigüedad para explicar los patrones en la naturaleza: tierra, aire, fuego, agua. De todos ellos se nutre La condición animal, en ellos habitan sus criaturas. Los relatos de Tierra nos cuentan sobre éxodos y predadores, los de Aire sobre infancia y pérdidas, los de Fuego sobre enajenación y amores imposibles y los de Agua sobre el origen de la vida y su extinción.
Este es un libro inquietante, visceral y orgánico, con historias que exudan sangre, sudor y semen. Hay algo turbador en los relatos de esta autora, algo imprevisible que amenaza en la sombra, en las atmósferas inquietantes que sabe crear moviéndose entre lo real y lo fantástico. Su prosa descarnada, casi brutal, plagada de imágenes de gran fuerza expresiva que a veces pecan por exceso, el lector se pierde entre tanta metáfora. Cabe destacar, además de su pericia en la creación de ambientes, su capacidad a la hora de revelarnos el retrato psicológico de los personajes, ahondando en lo más profundo de su naturaleza.
Valeria Correa Fiz nos sumerge en las cloacas de la condición humana, bucea en nuestros más bajos instintos, lo imprevisible, lo irracional, al tiempo que desnuda la condición humana dejando patente nuestra fragilidad. Y lo hace entre ecos literarios que nos remiten a grandes de la literatura como Poe, Quiroga, Kafka o Rulfo. También resulta evidente la influencia cinematográfica de Hitchcock en relatos como “Una casa en las afueras” que da comienzo al libro. Historias sorprendentes, crudas, turbadoras en el primer libro de relatos de esta autora argentina, un libro que no deja indiferente.

miércoles, enero 25, 2017

Qué vergüenza, Paulina Torres


Seix-Barral, Barcelona, 2016. 294 pp. 18,50 €

Pedro M. Domene

El primer libro de Paulina Flores (Chile, 1988) se titula, Qué vergüenza (2016), y reúne una colección de nueve cuentos que protagonizan niños y niñas condicionados por el vértigo de unos aprendizajes traumáticos en su infancia, y unos adultos que sobreviven a la soledad y a las relaciones alteradas de familias de clase media. En estas historias no hay personajes atrapados por el resentimiento ni una desaforada búsqueda de autocompasión, por el contrario se percibe una voluntad de explorar en las conciencias e intimidad de personajes comunes y corrientes para que el lector vaya descubriendo inquietudes y paradojas, a menudo desde una candidez absoluta como corresponde a los protagonistas de sus cuentos. Llama la atención, en una primera apreciación, la sobriedad de unos textos tan depurados como de un ejercicio sintáctico preciso, la nitidez expresiva con que compone Paulina Flores la verosimilitud de sus historias, pero sobre todo la curiosidad con que logramos llegar al final de las mismas, con sorpresa incluida. Podríamos sospechar que algunos de los cuentos de la joven chilena se inspiran más en aspectos biográficos que de su imaginación como ese mecanismo que proporciona el tema de las historias como ocurre a menudo con las opera prima.
El relato que da título al volumen, "Qué vergüenza", es la historia de un hombre cesante que se hace acompañar por sus hijas cada vez que asiste a una entrevista de trabajo; un relato excelente donde queda latente la vergüenza del padre ante sus hijas, fundamentada en su torpeza y su incapacidad para asumir un supuesto y evidente rol adulto, o para protegerlas y convertirse en el sustento que socialmente se espera de él. Lo mejor, un narrador en primera persona, pero contaminado del punto de vista de una de sus pequeñas hijas, con lo que añade además una mayor vergüenza a la historia, una vez que observamos el contraste de la ternura con que su hija verá la situación vivida. "Teresa", es una historia sobre un encuentro sexual, y sin duda vez sobre un desencuentro. El hombre del relato tiene una hija que anda dando vueltas por el departamento mientras él y la supuesta Teresa se encierran en el dormitorio. El juego del narrador se niega a darle un final convencional a la historia, insiste en no presentar cabalmente al personaje principal, no quiere cerrar el relato frente al lector, y provoca así una ambigüedad y un desconcierto que se traslada al personaje femenino. "Talcahuano", "Olvidar a Freddy", "Tía Nana" y "Últimas vacaciones", cuenta la historia de un niño cuyo padre está en prisión y su hermano en camino de lo mismo, y junto a su tía y primas, en La Serena, lo miman con curiosidad y lástima; son en gran medida, relatos sobre familias rotas, sobre padres que no son capaces de asumir su papel, sobre hijos que quedan a la deriva o sobre la desazón que les produce su propio espacio en el mundo, desde la imposibilidad de un hogar convincente. "Espíritu americano" se sirve de ese mismo desasosiego para contar el momento en que un par de muchachas se juntan a recordar el pasado que vivieron como camareras de un restaurante. En "Laika" presenciamos el lento proceso que hace un hombre para ganarse la confianza de una niña, hasta aprovecharse sexualmente de ella. La idea de la perdida de la inocencia, tanto sexual como fin anticipado de la inocencia de la niñez, será uno de los temas que se repiten en varios de los cuentos. Y para terminar el volumen, "Afortunada de mí", es en realidad, una novela corta por su extensión; la autora experimenta con la estructura, fracciona la cronología, y nos cuenta en dos planos sucesivos la historia de un mismo personaje femenino hasta situarlo en el momento actual, un momento de desasosiego y ruptura con el mundo que la rodea, con una cierta incapacidad para adaptarse a él.
Paulina Flores calcula el tiempo que cada la historia exige para relatar, para describir, para construir el contexto de su cuento, no tiene prisa alguna, cada relato se juega su valor en lo que se expresa, no en lo que escamotea desde el punto de vista de construcción narrativa porque la joven chilena frente a una adversidad manifiesta ha sabido crear un mundo propio donde mover sus personajes, y este es un de sus mayores logros.

lunes, enero 16, 2017

La acústica de los iglús, Almudena Sánchez


Caballo de Troya, Barcelona, 2016. 155 pp. 13,90 €

María Dolores García Pastor

En apenas un par de meses La acústica de los iglús llega a su cuarta edición, algo muy remarcable si tenemos en cuenta que es el primer libro de su autora, Almudena Sánchez. Aunque no faltan quienes alegan que su éxito se debe a motivos que no son los puramente literarios, aunque pueda gustar más o menos, no cabe duda de que Sánchez escribe bien. La obra está formada por diez relatos que se mueven entre lo sensorial y lo onírico, entre el surrealismo y el preciosismo estilístico no exento de humor. Y todo ello unido atrapa. Algunos relatos más que otros, por supuesto, pero tiene algunas piezas brillantes como Apuntes desde la bóveda celeste, mi preferido. También se incluye en este libro Cualquier cosa viva, relato con el que ganó el I Premio de Cuentos Tres Rosas Amarillas y con el que participó en la antología Bajo treinta (Salto de Página, 2013).
Las historias son simples, predomina en ellas la inacción, se trata en su mayoría de imágenes plasmadas sobre atmósferas oníricas. Textos que se pierden en las enumeraciones y en la profusión de metáforas gracias a las que podemos apreciar que la autora, cuanto menos, sabe jugar con el lenguaje.
Los personajes son de lo más variado y sirven de pretexto para reflexionar sobre la condición humana. La escritora los sumerge en situaciones surrealistas que a veces rozan el absurdo. Una muchacha enferma que se encuentra con una extraña mujer que da de comer a los mapaches. Un nadador ciego que nunca deja de nadar en la piscina de un hotel. Una joven que no supera una ruptura sentimental y acaba recogiendo basura en una estación espacial. Una madre que huye con sus dos hijos. Dos muchachas que se aman en secreto. Dos ancianos que no quieren morir sin haber cumplido el sueño de su vida. De todo cabe en el particular mundo que construye Almudena Sánchez, un mundo propio entre lo real y lo imaginario. De su mano nos perdemos en paisajes y atmósferas sugerentes, paladeamos las imágenes que van desfilando por nuestras mente y nos perdemos en reflexiones sobre lo humano y lo divino. Este es un libro para dejarse llevar.
Afirmaba la autora en alguna entrevistas que le han hecho como parte de la promoción de este libro que sus historias surgen de recuerdos que no se puede quitar de la cabeza. De ello se deduce un fuerte componente autobiográfico, un entrar en la cabeza de esta escritora, en sus pensamientos y ensoñaciones a juzgar por el contenido del libro. Es cierto que en algunos momentos ese sacrificar el contenido por la forma puede hacer que nos perdamos en la historia, que no entendamos. No es un libro de fácil lectura, sí un libro para releer y dejarse llevar, para analizar, reflexionar e imaginar. Es literatura.

lunes, diciembre 05, 2016

Lluvia y otros cuentos, W. Somerset Maugham


Trad. Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
Atalanta, Girona, 2016, 422 pp. 25 €

María Dolores García Pastor

Somerset Maugham fue un escritor prolífico que tuvo una carrera literaria larga y plagada de triunfos. Cuenta Vicente Molina Foix en su prólogo de Lluvia y otros cuentos que tuvo hasta cuatro obras en cartel al mismo tiempo, compaginando su éxito como dramaturgo y novelista de fama internacional. Muchas de sus obras se adaptaron al cine y gozó de reconocimiento popular. Pero, pese a todos estos méritos, no ha sido hasta las últimas décadas cuando ha comenzado a valorarse su obra como merece, situándole entre los grandes de la literatura. La aparición de libros como el que nos ocupa no hace más que confirmar su gran calidad como narrador. Son doce relatos de los más de cien que llegó a escribir a lo largo de su carrera. Pertenecen a épocas diversas y algunos sobrepasan las cincuenta páginas por lo que podrían considerarse como novelas breves. Entre ellos podemos establecer tres grupos según dónde suceden: relatos europeos, relatos orientales y relatos “en tránsito”, que son los que transcurren durante un viaje, generalmente a bordo de embarcaciones de la compañía de cruceros P&O. Se trata de relatos realistas narrados con un estilo sobrio que huye de las florituras y de los golpes de efecto. Son cuentos muy británicos, por su ironía, de anécdota clara. Dice también Molina Foix en el prólogo, que su autor era más próximo a Flaubert, Maupassant o Balzac, y que estaba emparentado con James por su extraterritorialidad. Le define como contrario a Chéjov,  y sí  es cierto que los cuentos del ruso son más profundos y trascendentes que los del británico.
Las tramas de Maugham están bien urdidas y las historias avanzan sin interrupciones que distraigan al lector de la unidad dramática: va al grano y sus finales son coherentes, el lector puede intuir hacia donde le está llevando, lo cual no impide que sean narraciones inquietantes y que sintamos la necesidad de seguir leyendo. Es un gran observador del comportamiento humano y se luce retratando a sus personajes aunque no sea prolífico en descripciones. Donde de verdad muestra su maestría es en la construcción de los diálogos porque en ellos aflora el dramaturgo. Estos son ágiles, verosímiles y contribuyen a profundizar en el retrato de los personajes. Entre dichos personajes destacan los femeninos por su fuerza: ellos actúan en la medida que ellas se lo permiten. Espías, sacristanes, predicadores, viajeros, damas de la alta sociedad... de todo cabe en este libro donde los paisajes exóticos devienen un personaje más.
Es directo, claro y preciso y sus finales son cerrados. Hay mucho de crítica social en ellos, rechaza los convencionalismos al tiempo que destila cierto aire misógino.  También captamos una mirada de superioridad colonial sobre los nativos y mucha ironía y humor. El relato que abre la antología, La carta, contó con al menos tres adaptaciones cinematográficas. Lluvia, el que da título a este libro, es uno de los más extensos, una fábula sobre la intolerancia religiosa y la hipocresía moral que también fue llevada al cine.
Somerset Maugham es uno de los escritores más viajeros y cosmopolitas que ha existido, con una notable tendencia al exotismo. Su éxito literario le permitió dar rienda suelta a su faceta viajera y residir en su lujosa mansión de la Riviera francesa. También trabajó ocasionalmente para el Servicio Secreto Británico. Todo ello, unido a su gran capacidad de observación, le proporcionó materia prima para sus historias que plasmó, además de en sus relatos, en veintiuna novelas, veinticuatro obras teatrales, ensayos, biografías, libros de viajes... Sin embargo, me atrevería a decir que encontramos al Maugham más ingenioso en los relatos. En definitiva, un nuevo acierto de una editorial tan exigente como Atalanta.

lunes, octubre 31, 2016

El bombardero azul, Julio Jurado


Ilust. Norberto Fuentes
Adeshoras, Madrid, 2016. 212 pp. 14 €

Pedro M. Domene

Algún que otro eco de Gómez de la Serna, y bastantes escenas esperpénticas del mejor Valle-Inclán motiva al curioso lector a la lectura de una excelente colección de cuentos con un no menos curioso título, tan vanguardista como absurdo, y de tan extensa tradición literaria, El bombardero azul (2016), una calculada y acertada segunda entrega de Julio Jurado (Madrid, 1958), que antes había publicado Andar por el aire (2010). Sirva este apunte de obligada referencia literaria, pero no debe advertirse intención alguna en cuantificar una deuda con toda una estela de nuestros clásicos sino que, en realidad, el narrador madrileño ha aprendido bien la lección, ha bebido de las mejores fuentes, y opta por una narración que, en su caso, describe una sociedad contemporánea de la que, a sus personajes, no se les permite formar parte aunque, y a pesar de todo eso, de la sabia mano del narrador, estos protagonista no se muestran o sienten ajenos a la esperanza, como tampoco renuncian a lo esencial de la vida.
Julio Jurado se postula, desde las primeras líneas, como «un héroe al que imaginaron cobarde» y se atreve en «Traer a cuento» a declarar sus intenciones respecto a su libro, «unos cuentos que trasciendan de una manera impulsiva las fronteras de lo racional y lo lógico, incluso en la extensión de alguno de ellos (…) relatos que se hunden sin remedio en un futuro ilógico e imperfecto, en la ambición y el desamor, en el crimen como una de las bellas artes, en la confusión como magia y locura, en el sueño o la pesadilla (…) historias que pretenden ser un arriesgado homenaje dirigido a personas inteligentes (porque nunca se parecerán a los personajes de estos relatos)». Pero, en realidad, esta especie de prólogo, es un relato en sí, y además uno de los más conseguidos, porque anuncia esa suerte de collage de esos sentimientos e inquietudes que conforman las palabras y, en su conjunto, El bombardero azul, contiene bastante de estas pretensiones.
Como el sabio Dostoievski, el narrador Jurado se pregunta cómo a alguien se le ocurre pensar que el hombre necesita inevitablemente lo racional y provechoso, y tal vez motivado por ese escepticismo o ejercicio de desfascinación, como señala Zapata, y asumiendo el riesgo de descubrir esas falsas apariencias para luego desenmascararlas desde ángulos tan diversos como los practicados por el autor, solo así se entiende cómo distribuye sus cuentos en tres partes, y la Primera de ellas, la más amplia, formada por siete relatos que se convierten en el cuaderno diario de unas vidas tan cotidianas como fragmentarias, protagonizadas por unos personajes que dudan aunque su existencia, y en un momento dado, se verá asaltada por unos deseos en los que irrumpen elementos insólitos, o extraños. El enamoramiento de una camarera, La Chunga, ejemplar ejercicio de cuento tradicional, titulado, “El coleccionista de carteras”; la búsqueda de un empleo para sobrevivir en un apocalíptico ¿futuro donde ya no existen los sentimientos?, la asunción de ser rechazado, el magnífico diálogo entre un hombre quejumbroso y la mujer con espinas, la inseguridad de una relación, o la fabula del lobo feroz, esa animalidad irrenunciable como parte de la naturaleza del ser humano, un buen ejemplo de envidia entre hermanos, con una perfecta ejecución y de consecuencias fatales, un amor desenfrenado y poco edificante, y la constatación de la soledad y decrepitud de la vejez en el cuento, “Hoy he visto un perro”, conforman el mundo que Jurado brinda a sus lectores, ejemplos de una aguda irónica visión, cierto cuestionamiento y rebeldía sobre las normas que rigen nuestra sociedad y que, en el madrileño, se muestran en total decadencia y señalan la perversidad de quienes forman parte de esa otra realidad.
La Segunda, formada por un solo cuento, y el más extenso, da título al volumen y el autor despliega toda una suerte de características narrativas en un relato distópico de ciencia ficción, tan extraño como un sueño o una pesadilla con una sugestiva atmósfera opresiva e intemporal de algunas de las mejores obras de Kafka. El protagonista, sin nombre, abandona una granja, atraviesa un puente e inicia un viaje hacia M. portando gambas perladas que cultiva sin agua y que tienen la propiedad de calmar el hambre a una persona con un solo ejemplar. Su viaje es un intento de huir de una realidad que le imponen los Respetables porque no entiende el mundo que le ha tocado habitar y muestra como a lo largo del relato se le escapa de las manos y, en medio del caos y en un mundo en extinción, hay sin embargo lugar para el amor con la sargento Rosario que comanda, y navega en El bombardero azul.
La Tercera parte cierra el libro con dos relatos muy diferentes en cuanto a estructura y ejecución: “Falsa moneda”, narra como un personaje incita al narrador (abstenerse cuentistas) a crear una historia larga, avanzar en el número de páginas escritas y abandonar así ese concepto de relato breve; y “Encuentro cultural” es una pequeña pieza de teatro con la que el autor pretende, como queda explicitado, homenajear a Ionesco, en ese sentimiento de limitado o alienado como olvidos momentáneos de todo un proceso alienatorio.
Para Julio Jurado, la escritura resulta algo imprevisible, de ahí su interés por suscitar emociones en el lector, y provocar al mismo tiempo una desproporcionada cantidad de significados tras la lectura de sus textos, esta y tal vez no otra podría ajustarse a una calculada y posible definición de un libro que sin lugar a dudas nos descubre que siempre es posible destruir el mundo, y El bombardero azul es una buena muestra de ello.

viernes, octubre 28, 2016

De noche, bajo el puente de piedra, Leo Perutz


Trad. Cristina García Ohlrich
Libros del Asteroide, Barcelona, 2016. 283 pp. 18,95 €

Care Santos

Confieso que nunca antes había leído a Leo Perutz, a pesar de que varios de sus libros están desde hace años disponibles en castellano. De este mismo, sin ir más lejos, existía una edición en El Aleph con menos de una década de antigüedad. Si le he leído ahora ha sido atraída por la hermosa edición de Libros del Asteroide y por el buen criterio con que este sello independiente nos presentan autores y obras. No hay un solo libro suyo que no haya disfrutado de un modo sobresaliente, y algunos de sus descubrimientos se han convertido para mí en autores de cabecera, como el caso de Robertson Davies. De modo que concedo credibilidad a lo que me presentan y celebro, una y otra vez, que aún queden editores como ellos, cuyo catálogo es capaz de educarnos, en el mejor sentido del término.
En fin, que no había leído nunca a Perutz, este judío checo (nació en Praga en 1882) que siempre escribió en alemán, matemático de profesión, compañero de oficina de Franz Kafka, amigo de Borges, esquiador aficionado y autor de un manual de bridge. Cronológicamente, Perutz es contemporáneo de Franz Kafka, James Joyce y Sherwood Anderson. Nació en una Europa convulsa donde todas las convivencias eran posibles, también las estéticas más disparejas. Perutz no comparte con sus referentes más cercanos ningún signo de modernidad. Su obra fácilmente podría considerarse romántica, mucho más próxima a los narradores ingleses del XIX que a sus compatriotas. Curiosamente, tiene mucho más en común con Anderson, un remoto señor de Ohio, autor de un libro de relatos maravilloso titulado Winesburg, Ohio, al que esta novela recuerda inexorablemente. Ignoro si Anderson y Perutz se leyeron mutuamente, pero si lo hicieron, debieron de gustarse mucho. Tal vez Anderson le habría discutido lo mismo que yo voy a poner en duda ahora: que De noche, bajo el puente de piedra sea una novela. A mí me parece mucho más un libro de relatos. Relatos que se comunican entre sí mediante estrechos pasadizos secretos o grandes puentes colgantes, que comparten personajes y escenarios, que remiten unos a otros y terminan por construir un pequeño universo: el del barrio judío de Praga, un lugar que en el libro tiene ese aire legendario, a medio camino entre el misterio y la nostalgia que recuerda el espíritu romántico.
Praga es, desde luego, un personaje más en estas historias, todas fascinantes. Lo es el Emperador del Sacro Imperio Romano, Rodolfo II, que no atraviesa por su mejor momento. Pero, sobretodo, lo son el judío Mordejai Meisl —acaso el protagonista— y su mujer Esther. El primer relato es ya una declaración de intenciones, un aviso para desprevenidos: se trata de una historia de fantasmas subyugante en que las almas de unos niños se aparecen a unos mendigos en el cementerio viejo de Praga. Originalidad y refinamiento para una temática de las más trilladas de la literatura de todos los tiempos, un terreno resbaladizo del que sin embargo Perutz logra salir no sólo ileso, sino airoso. A partir de ahí, al lector le interesan ya las peripecias de estas gentes que viven una vida arcaica, como lo es el estilo del libro, condenada a desaparecer y recordada con tristeza. Lógica tristeza: el libro, considerado la obra maestra de su autor, fue escrito en su forzoso exilio palestino, muchos años después de su huida de la vieja Europa.
Perutz es un narrador detallista, que mima todo lo que cuenta, que construye con minuciosidad un entramado de relaciones e historias que el lector irá descubriendo poco a poco, con fascinación, casi hipnotizado por esa precisión de relojero. En algunos cuentos aparecen personajes reales, como Johannes Kepler o Tycho Brahe, como el mismo emperador y sus intrigas. Si no fuera por ellos, parecería que estamos en un territorio imaginario, a medio camino entre el infierno y el mundo. Un territorio donde lo sobrenatural y lo mágico conviven sin estridencias con lo humano. Un lugar donde un rabino puede plantar un rosal y un romero en los cimientos de un puente de piedra y esparcir sobre ellos un conjuro que perpetúe su amor imposible por los siglos de los siglos.
En el último capítulo, vemos caer las casas que hemos conocido a lo largo de casi 300 páginas. Este mundo en desaparición es el que lo explica todo. Se nos ha contado algo que ya no existe. Los fantasmas del primer cuento eran reales, dolorosos. El barrio judío de Praga, sus plazas, sus cruces de caminos, sus habitantes, ya sólo perviven en nuestra memoria, pero lo hacen de un modo vivo, concreto. De ese modo en que la Literatura devuelve a la vida lo que está muerto.

miércoles, octubre 19, 2016

La magia de los días, Antonio Báez


Talentura, Málaga, 2016. 180 pp. 14,50 €

Angeles Prieto Barba


Es preciso iniciar esta reseña avisando que, bajo este título, nos vamos a encontrar con cinco cuentos, un prefacio y un relato largo o novela corta. De no tener esta circunstancia presente, empezaríamos una narración con demasiados inicios, distintos personajes y muy desconcertante. Ignoro por qué los cuentos no van al final, pero es indudable que participan todos de un mismo ambiente contemporáneo y desesperanzado, que desde luego da pie y cobijo a la narración posterior, más larga. Pues en efecto, este conjunto literario busca retratar la época en que vivimos, tiempo que aparece reflejado mediante un recurso ya clásico, como es la figura del antihéroe enfrentado a una sociedad con la que no se entiende en absoluto y que le castiga continuamente. El mal de este siglo nuestro, la crisis general de creencias y valores, que tiene poco que ver con el Werther del Romanticismo de acuerdo a lo aquí reflejado. El vacío existencial de Werther estaba provocado por el exceso de racionalismo hijo de la Ilustración; las desventuras de Adán tienen causa y motivo en las desigualdades sociales y económicas. Desde el inicio hasta el sorprendente final, ese que no vamos a desvelar.
Pues en efecto Adán, el protagonista de la nouvelle, parte de orígenes muy humildes y familia desestructurada tras el temprano abandono paterno. Esta dura circunstancia conducirá más tarde al fracaso en los estudios y a la renuncia de esa vida convencional a la que todos hemos estado abocados. Trauma al que se unirá otro, no menos importante, fruto de la casualidad. Sin embargo y pese a todo, Adán no llora, ni clama por todos sus infortunios en la novela. Es un tipo alegre que vive como puede, al albur de las circunstancias. Este es quizá, junto con un estilo narrativo muy vivaz, de frases cortas y contundentes, el logro más destacado de esta novela que nos conduce a preguntarnos por el sentido de la existencia en nuestros días, tal y como nos la han inculcado. Precisamente será el final, casual y sorprendente, el que nos refrendará la necesidad que tenemos todos de cambios importantes como remedio necesario. No solo en la política o en la sociedad, también en esa actitud individualista, consumista y poco generosa, que sin embargo aplaudimos y refrendamos como socialmente óptima y deseable y que viene a estar representada por el personaje de Paco Vacas o Paco Tierra que no es en modo alguno quien parece. Por otra parte, queda claro también que las mujeres han dejado de ser protectoras, tabla de salvación o solución mágica para los problemas.
Con esta crítica social, no exenta de humor en todo momento, el mundo se nos antoja ancho y ajeno, un antro lleno de fieras, donde solo podemos encontrar “La magia de los días” dentro de nosotros mismos, en esa actitud de Adán afrontando toda clase de traumas, dificultades y obstáculos sin renuncia ni rendición a dejar de ser lo que es. Como lección, no es poca.

lunes, octubre 10, 2016

Juegos de artificio, Antonio Toribios


Fotografías de María Gómez
La Armonía de las Letras, León, 2016. 236 pp. 20 €

José Miguel López-Astilleros

El género del microrrelato se ha popularizado tanto que no sólo están aumentando sus lectores, sino quienes se internan en las procelosas aguas de su creación, quizás por considerar, en numerosos casos, que sólo hace falta un poco de ingenio, cuando en realidad no basta con eso. De esto dan fe las numerosas publicaciones que están apareciendo y los numerosos portales de internet que dan cobijo sobre todo a escritores aficionados, además de la creciente atención que la crítica le está dispensando a esta particular manera de contar una historia.
Antonio Toribios (León, 1960) lleva escribiendo microcuentos desde hace décadas, no es un recién llegado al género ni un escritor accidental ni ocasional. Es más, su llegada al género obedece a una evolución desde el cuento más o menos largo, que en su día le proporcionó algunos premios y reconocimiento, sin que por ello haya dejado de frecuentar las narraciones de mayor extensión que las presentes. Las piezas que nutren este volumen representan el trabajo de varios años, algunas de las cuales han sido publicadas en distintos medios.
Debido a la gran cantidad de microhistorias y de años durante los cuales fueron pergeñadas, el contenido es muy heterogéneo, quizás por eso el autor o el editor han renunciado a clasificarlas. Sin embargo hay en todas ellas una cohesión que tiene como núcleo aglutinador la propia personalidad del escritor, puesto que en todo momento se nos está revelando una manera de interpretar el mundo. Otro rasgo que intensifica dicha cohesión y facilita la identificación tanto de los temas y su tratamiento con el autor, es la condensación temporal, que en muchas ocasiones nos transporta al pasado, a su infancia concretamente, tan importante y decisiva a lo largo de toda su producción. Y si es frecuente esa fuga del tiempo presente, aunque no siempre, es obvio que el esquematismo espacial también tendrá que ver con el lugar donde pasó dicha etapa de su vida, la ciudad de León, así como sus personajes. Por esa razón suelen tener todos estos “cuentines”, como le gusta llamarlos a Antonio Toribios, un trasfondo vivencial más o menos cercano. Incluso la utilización del lenguaje es coherente con este planteamiento, constituyendo todo ello una indeleble marca de estilo. Hay características formales como la ausencia de complejidad, la mínima caracterización de los personajes, el lenguaje connotativo o la importancia del inicio y el cierre con finales sorprendentes, típicos del género —según señala Irene Andrés-Suárez en la introducción de Antología del microrrelato español (1906-1911), editorial Cátedra—, cuyo planteamiento clásico viene regido por el principio de funcionalidad de todos los elementos narrativos, para que así surta el efecto deseado en el lector. Todo esto no impide que muchos relatos estén transido de una ambigüedad, que desembocará en una reflexión, una sonrisa o incluso una carcajada.
El humor es quizás las característica más sobresaliente de los mejores textos. Son numerosos los registros que podemos encontrar, desde el humor negro, el absurdo, la ironía o la parodia. No es un humor cruel y desalmado, ácido ni despiadado, porque Toribios trata a sus personajes con grandeza cervantina, con la humanidad de quien pasa por la vida sin herir a nadie, con el propósito de hacer comprensible las debilidades. Un ejemplo de esto podemos verlo en el relato titulado Que ayer (pág. 161), donde la total transformación estética de la madre de unos niños es vista con sorpresa pero sin dramatismo, a pesar de la confusión creada por no reconocerla.
Un procedimiento muy utilizado es la intertextualidad, mediante la que nos adentramos en sus referencias culturales. Pero concretando más este aspecto, es crucial la enorme influencia del cine en muchas narraciones, así abundan con profusión las alusiones a películas, personaje y actores, sea para caracterizar a un personaje, una época o un ambiente. En el titulado Mi vida: cuadro sinóptico (pág. 17) traza una brevísima biografía indirecta a través de dos héroes cinematográficos, Tarzán e Indiana Jones. Un elemento recurrente de raíz biográfica son las ventanas, tras las que se apostan los personajes, a veces trasuntos suyos. Pero no sólo el cine y la propia literatura, sino la televisión y los demás medios audiovisuales, como por ejemplo la radio, muy del gusto del autor, suelen aparecen como elementos centrales o marginales, así se cuenta en Trueque (pág 20) la historia de un ordenador portátil y su sorprendente final a través de la descontextualización originaria que lanza el significado hacia interpretaciones distópicas y humorísticas.
El lector de estos “cuentines” no debe ser un lector pasivo, sino que ha de colaborar con el texto para llegar al significado o significados últimos. Mucho más fácil lo tendrá un lector de su propia generación o aledañas, puesto que en muchos hay claves culturales que lectores más jóvenes no poseen, a menos que las hayan adquirido de otro modo, aunque dicho aspecto no representa ninguna dificultad para saborearlos con intensidad. Estos Fuegos de artificio de Antonio Toribios son microhistorias que cuentan la vida concentrándola en unas pocas palabras precisas, en una depuración del lenguaje que las acercan a procedimientos cercanos a la poesía. Lo triste es que la distribución de la edición se quede en el ámbito local.

viernes, septiembre 23, 2016

Estrómboli, Jon Bilbao


Impedimenta, Madrid, 2016. 272 pp. 20,95 €

Ariadna G. García

Estrómboli es el cuarto libro de relatos de Jon Bilbao. Le preceden: Como una historia de terror, Bajo el influjo del cometa y Física familiar (los tres publicados por Salto de Página). El autor asturiano no sólo ha cosechado éxitos rotundos con dichas obras (Premio Ojo Crítico de RNE y Premio Euskadi de Literatura), sino que se ha consolidado como una de las voces imprescindibles de la nueva narrativa española. El presente volumen sigue la estela de los anteriores (sobriedad estética, fondo de violencia), si bien resulta un poco más descorazonador. Es marca de la casa el tratamiento del desgaste de las relaciones de pareja o la descripción de la brutalidad humana, pero en los relatos de Estrómboli esa visión excéptica se agudiza, a veces de manera sutil (Avicularia avicularia) y en ocasiones con una contundencia incontestable (Crónica distanciada de mi último verano). El libro, en su conjunto, pinta un agrio retrato de tipos adinerados, pudientes, cuyas horas de ocio acaban siendo de pesadilla (en lo emocional o en lo físico). Nos encontramos con dueños de laboratorios químicos, arquitectos, ingenieros de centrales nucleares o de compañías eléctricas. Todos realizan viajes de placer a lugares exóticos (Reno, San Francisco, Nueva Zelanda, los Picos de Europa, Estrómboli… Todos salvo uno, que viaja obligado por su profesión) para encontrarse a sí mismos, para acompañar a alguien o para olvidar algún tropiezo. Antes o después se entrenan en gimnasios, preparan barbacoas o se van de pesca. Bilbao es inmisericorde con ellos. Una virtud del autor es que juega con nuestras expectativas. Nos lleva por donde quiere para luego dar un volantazo en el guión y chocar de frente contra nuestros prejuicios. No todos los finales son perfectos. Alguno parece precipitado. Pero el de Avicularia, por la sutileza de Bilbao de sugerirnos el infierno que vendrá por medio de una simple sonrisa, es fantástico. Otra virtud del narrador asturiano es la riqueza de su léxico: conciso, preciso, abundante (valgan de muestra estos términos: “derrubio”, farallón”). Está claro que tiene un conocimiento amplio y delimitado del mundo. Y si bien es verdad que tiene un estilo sobrio y directo, también lo es que describe algunos escenarios con una belleza lírica sobrecogedora: «un manzano silvestre crecía a la orilla. Sin nadie que recogiera los frutos, cuando estaban maduros caían al pie del árbol, en tal número que las manzanas amontonadas aspiraban a represar la achicada corriente. A lo largo de varios días, se producía un combate mudo entre las manzanas y el agua, tiempo en el que zumbaba sobre el muro de fruta una nube de avispas y de moscas de brillo acharolado, y durante el que el aire en aquel tramo de la garganta se veía invadido por un aroma en parte dulzón y en parte ácido» (pág. 54. El peso de tu hijo en oro). Estas descripciones nos curan de la incredulidad que irradia hacia las relaciones amorosas, amistosas y profesionales. La estética como antídoto contra el dolor del mundo.

lunes, julio 25, 2016

Piernas fantásticas, Ricardo Reques


Ilust. Soledad Velasco
Adeshoras, Madrid, 2015. 204 pp. 15 €

Pedro M. Domene

Las piernas de mujer son, sin duda, para Ricardo Reques ese imaginario lugar donde transcurren la mayoría de sus fantasías y por ese, y no otro motivo, titula su última colección de relatos, Piernas fantásticas (2015), y para alejarse de ese exclusivo mundo de la ficción, el narrador añade algunas notables reflexiones sobre el ideal de belleza. Lo más curioso de este libro, esa lírica visión del ideal femenino que deriva hacia un auténtico cuento seudopoemático porque se basa en la evocación de una emoción o un sentimiento, y se convierte entonces en una impresión fugaz y en toda una serie de emociones de carácter lírico, y además provoca una extraña fuerza evocadora; y si añadimos ese mágico poder de sugerencia, ambos conceptos se convierten en valores fundamentales de esta colección, de forma que de alguna manera muchos de estos cuentos se suavizan de esa radicalización característica que son esenciales en la temática elegida por Reques, y que desde el punto de vista técnico se concretan en historias de una asombrosa síntesis, de una calculada intensidad, de una extrema condensación y de una aguda capacidad evocadora. Otra de las características a destacar, el tratamiento elegante, imaginativo y tremendamente literario de una parte de la anatomía femenina que resulta tan fascinante como el resto. Lo cuestionable es, solo como profundiza y soslaya el autor, nuestra inequívoca obsesión por mirar y cuantificar nuestro sentido de la posesión ajena, símbolo sin embargo de la sensibilidad femenina nunca ajena al deseo masculino.
¿Es Ricardo Reques un fetichista? Según la definición académica, resultaría obvio porque un fetichista es una persona, casi siempre hombre, que se siente atraída sexualmente por esta zona de la anatomía humana, en este caso las piernas. Para un fetichista, la simple visión de un pie, de un zapato de tacón, y en el caso de escritor de una pierna desencadena un proceso de sensaciones sexuales agradables y muy estimulantes. El referente más evidente es Elmer Batters, el fotógrafo norteamericano que dedicó su labor a la fotografía erótica y/o fetichista, sobre todo las piernas femeninas, aunque su obra, construida a partir de finales de la década de los 40, no tenía cabida en la sociedad puritana estadounidense, con lo que normalmente era tachada de perversa y pornográfica. Solo así pueden entenderse los numerosos problemas que Batters sufrió con las autoridades y que sus fotografías solo tuvieran salida en revistas eróticas que el mismo fundó, y hablamos de la época del apogeo de las pin-ups.
En los diecisiete cuentos que contiene el libro, y en la mayor parte de las historias no coincide la apariencia con lo que presuntamente se describe, y más bien se reproduce el sentido de la fragilidad, de la culpa, o incluso cierta tristeza y el alivio, por añadidura, tras un acusado proceso de envidia y de celos, y nuestro consuelo o desconsuelo se hace patente, aunque finalmente se muestra el placer y un inmenso halo de felicidad a la hora de llegar al final de muchos de estos relatos. Y dos de ellos, preferentemente, justifican la colección, me refiero a “El secreto de Tramell” y “Tarde de playa”, el primero porque con su precisa y justa medida, con su técnica elaborada y consecuencia final, esboza cuanto Reques nos quiere mostrar, ese sugerente símbolo de la sensualidad femenina y el afán de posesión que confieren nuestras miradas; el segundo subraya que la belleza es una idealización sublime de una aparente realidad y más allá de esto puede, incluso, no haber nada; el tercero, “Loba” muestra el exceso de abarcar con su extensión, toda una imaginería en torno al mito de la transformación. El resto de cuentos pese a su evidente factura literaria donde lo fantástico y lo imaginario se convierte en motivo esencial de la prosa de Reques, notable por su ejecución, ofrecen al mismo tiempo reflexiones filosóficas, psicoanalíticas, referencias pictóricas y cinematográficas, en suma pequeños ensayos que confieren al conjunto la dimensión fetichista y erotómana que escritor otorga a las piernas de mujer. No dejemos de leer, “Las medias de Nicole” tan sensual como erótico, o ese ensayo seudo-psicológico que se sugiere en “Relación entre las variables morfológicas de los miembros inferiores, éxito de apareamiento y tiempo de supervivencia en humanos”.
La edición está ilustrada por la mexicana Soledad Velasco que aspira con sus dibujos a transmitir esa realidad que viene concretada visualmente por un determinado contexto tan acertado como resulta ese poder de transmitir la auténtica y verdadera realidad cotidiana.

lunes, julio 04, 2016

Cambio de rasante, Víctor Lorenzo Cinca


Editorial Enkuadres, Alcira, 2015. 112 pp. 12 €

Miguel Baquero

A finales de los 90, el Círculo Cultural Faroni, una asociación literaria formada por Luis García y Nacho Fernández inspirados por la famosa novela de Luis Landero, y que tuvo su principal vehículo en la revista, todavía existente, Literaturas.com, convocó su primer premio de hiperbreves, microcuentos o narraciones mínimas —el termino no estaba todavía bien definido—, relatos, en resumen, que tuvieran un máximo de quince líneas. De hecho, con ese título, Quince líneas, se acabaría publicando por la editorial Tusquets un libro donde se recopilaban los ganadores y finalistas de las distintas ediciones del concurso, pronto célebre entre los escritores que empezaban. Ignoro, en verdad, si antes de este certamen del Circulo Faroni hubo otros antecedentes centrados en el tipo de mininarraciones; sé que la convocatoria de este concurso coincidió con el surgimiento y auge de estas narraciones hiperbreves. Poco después, la editorial Páginas de Espuma publicó el volumen conjunto Por favor, sea breve, donde destacó la que está considerada, hoy por hoy, como una de las popes del género, Ana María Shua; años en que se difundió y se convirtió en mítico el famoso cuento de Augusto Monterroso, ese de: «Cuando se despertó, el dinosaurio…»; un cuento que, lo cierto es, tantas veces ha sido invocado, versionado, tergiversado, reescrito que ha llegado a causarme un hastío mayúsculo, y creo ser el único lector sobre la Tierra incapaz de llegar hasta el final sin cerrar antes el libro, aburrido. Pero esto es solo una opinión particular.
Contaba que empezaron a surgir libros recopilatorios, autores señalados, incluso se crearon programas-concurso de radio de bastante fama en torno a estas narraciones de sólo unas líneas, y hace unos pocos años surgió la Internacional Microcuentista, asociación-revista-grupo de escritores aficionados a y practicantes del microrrelato que acabó dando su fruto en Deantología: la logia del microrrelato, en la editorial Talentura, un volumen coordinado por Rosana Alonso y Manu Espada, otros dos nombres ya célebres del género, donde se daba cabida a casi setenta autores destacados.
Uno de estos autores, y cofundador de la dicha Internacional, era Víctor Lorenzo Cinca (Balaguer, 1980), quien ahora publica su primer libro en solitario de microrrelatos. Se trata de setenta y cinco, 75, cuentos mínimos, en ocasiones de solo un par de líneas, a veces de poco más de una página, donde se puede encontrar todo tipo de relatos. Algunos, pocos por fortuna, fronteros con esa tierra de nadie que para algunos es el chiste, la mayoría de una inteligencia, un estilo, una profundidad y, cómo no, una lirica que lo hace muy recomendable para el lector que guste de este género o quiera descubrirlo.
Lírica estremecedora como en el caso del cuento titulado “Constelaciones”, del que traigo un fragmento:

«…Cuando vi el lápiz de ojos tirado en el suelo, al pie de la cama, no pude resistirme. Lo recogí y fui uniendo con una línea, una a una, todas las pecas de su cuerpo. Trazos rectos y curvos enlazaban los minúsculos lunares […]. Poco a poco se fue formando un esbozo, impreciso, esquemático; luego pasó a ser algo más concreto…».

«…Aferra el arma antes de situarse de nuevo delante del espejo. Dos pistolas apuntándose a la sien. Un disparo. Un cuerpo que cae. Otro que huye».

Entre el cuento anterior, “Constelaciones”, y este, “Abandonado”, cuyo final he transcrito (pero ya entenderá el lector que resultaría el colmo de lo grotesco hablar de “spoilers” en un microrrelato) ha transcurrido tan sólo una página, lo que dará prueba al lector de esta reseña de la calidad del libro y su alto nivel continuado de exigencia por parte del autor.
Entre los cuentos del libro predominan, y es muy propio del género de la minificción, los relatos podría decirse “del mundo al revés”, así como los que se retrocede en el tiempo o esos otros en que el personaje, de pronto, o sus circunstancias, se resultan ajenos a sí mismos. Se explotan de extraordinario manera estos extrañamientos y el lenguaje, igualmente, es objeto de numerosos juegos de palabras, como si el autor estuviera jugando con la realidad al completo, sin encerrarse en ninguna convención literaria.
De destacar algún relato en particular, señalaría uno sublime como “Nadie”; y de nuevo volviendo a lo personal, me ha resultado esclarecedor (y desolador también) un cuento como “Teatro”, porque yo hace muchos años escribí un relato, en el volumen Figuras de alambre, con igual escenario, casi idéntico protagonista, el mismo desenlace… Todo igual, tan igual que resulta asombroso. La única diferencia es que lo que yo hice en treinta páginas, Lorenzo lo ha hecho en treinta líneas, lo que (mucho me temo) parece señalar a una regla: a menor volumen, mayor talento.

lunes, junio 27, 2016


Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino
, Diego Sánchez Aguilar


Balduque, Cartagena, 2016. 160 pp. 12 €

Rubén Castillo Gallego

Sobre los autores que comienzan en el mundo de la literatura se suele asperjar muchas veces una cierta dosis de incienso balsámico. En parte, porque el crítico se aferra a la esperanzadora idea de que serán el mercado o los editores quienes ejecuten la sensata acción de moderar la euforia del primerizo; y en parte, también, porque tiene la suficiente memoria como para recordar el ingente número de ocasiones en que expertos de gran valía metieron la pata sacudiendo estopa a voces emergentes que luego alcanzaron consagración.
En el caso de Diego Sánchez Aguilar, los elogios que puedan verterse sobre su reciente libro de relatos Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino (editado por el joven sello Balduque, de Cartagena) serán todos justos y de ninguna manera deudores del paternalismo, la hipocresía, la amistad o la cautela. Son auténticas obras maestras del género. Lo repetiré, por si algún lector ha pasado los ojos distraídamente sobre la última línea: auténticas obras maestras del género. No se percibe en sus páginas ninguna vacilación estilística, ninguna bisoñez temática, ninguna falla estructural. Constituyen gráciles ejercicios de soltura y de plenitud literaria. Todo en estos relatos evidencia la huella de un escritor de genio.
Y no se trata tan sólo de que consiga elevadísimas dosis de belleza formal, sino que cuaja en cada una de las siete historias del volumen una propuesta donde la psicología y la sociología son manejadas con inusitada habilidad. Diego Sánchez se transmuta en un espectador privilegiado que observa su entorno y que lo disecciona con un bisturí o un escalpelo de lúcida precisión, entregándonos retratos en los que todos, ay, podremos contemplarnos: el oficinista cuarentón que, durante una celebración gastronómica de la empresa, se obnubila con la posibilidad de tener un escarceo erótico con la compañera nueva, joven y que, en apariencia, no lleva bragas; el hombre gris y sedentario que se excita con el blog sexual de una muchacha anónima; las mujeres de mediana edad que viajan hasta Cuba y viven su particular desmadre; la pareja de vida marital tediosa que escucha el trajín sexual estereofónico de los nuevos vecinos; la mujer que vuelve a encontrarse en una reunión de antiguos alumnos a su primer novio y siente un hormigueo que la lanza hacia él; el hombre que espera, mordiéndose las uñas y muerto de celos, a su mujer (que ha asistido a una cena de empresa y no parece tener prisa por volver a casa, quizá porque se siente atraída por algún compañero y está aprovechando la coyuntura para cepillárselo)... Vidas de clase media, como la de cada uno de nosotros. Vidas donde el deseo, el amor y el reconocimiento sufren altibajos. Vidas donde el gris se complace en bautizarnos con cada pitido del despertador. Vidas donde tendemos a centrar la mirada en los aspectos negativos y donde nos sentimos agredidos por el azar o la fortuna. Vidas donde siempre hay una lágrima esperando ser vertida.
Diego Sánchez Aguilar detecta esas situaciones, las analiza, las taxidermiza y las expone ante nuestros ojos con una prosa excepcional. Si quieren conocer a un estilista de primera fila entren en la página de la editorial y háganse con este libro. Me darán la razón.

lunes, junio 06, 2016

Solo con invitación: Los nombres propios de la pared, Fernando Sánchez Calvo


Bohodón Ediciones, Tres Cantos, 2016. 106 pp. 12 €

Fernando García Maroto

Han pasado ya casi 10 años desde que Fernando Sánchez Calvo publicara su primer libro de cuentos, Muertes de andar por casa (El Gaviero Ediciones, 2007); y ahora cae en nuestras manos y como llovido del cielo este nuevo libro, pequeño y esencial, que recoge otras grandes historias.
Dividido deliberadamente en tres secciones, Los nombres propios de la pared supone un acercamiento frontal y sin concesiones al universo de este joven autor. Un acercamiento nuevo para quienes no conocieran la anterior obra del madrileño; esclarecedor, por lo que tiene de madurez narrativa y ejercicio de estilo, para quienes sí disfrutaron de sus primera historias; muy grato en ambos casos.
Las anécdotas cotidianas, el imaginario colectivo, los afanes y las preocupaciones que nos son comunes encuentran en las palabras de Sánchez Calvo el acomodo perfecto para que lo particular y, a veces, el color local (son importantes las referencias a la tierra de origen, también a la de sus orígenes) se vuelva universal y perfectamente conocido: acudimos hasta estas historias magníficas como invitados y finalmente, sin rubor y con gusto, nos quedamos como huéspedes, así de propias podemos llegar a sentirlas gracias al buen oficio y el arte del autor. Casi del mismo modo que le sucede a la empleada de Correos que acude al rescate y se vuelve cómplice del protagonista del relato que da título a la colección.
La prosa, sincera y emotiva, se apoya, en la mayoría de los casos, en unos diálogos vibrantes, tan reales como la vida misma, que nos transportan y sitúan en el lugar de los hechos, ante los protagonistas tan humanos (demasiado humanos) que salpican los relatos. Y es que el diálogo es fundamental en la obra de Fernando Sánchez Calvo, curtido en el mundo del teatro (no obstante, también es conocida su faceta como dramaturgo): la palabra escrita es importante, la palabra hablada, aunque sea la de los personajes, es crucial, y la voz es la piedra angular que sostiene y da forma a la estructura de este edificio tan singular.
De ahí que el cuento que cierra la colección sea “Para decir en voz alta”, un alegato exaltado y exultante a favor de esa voz que quiere significar, que no puede dejar de significar si merece ser llamada justamente así.
Y tan importante como esa voz de la que hablamos es el humor: algo tan difícil de conseguir, como es la complicidad con el lector a través del sentido del humor (por lo que tiene a veces de propio y particular), nuestro autor lo consigue aparentemente sin esfuerzo, por más que detrás de estos guiños haya un trabajo medido y fecundo. Así podemos leerlo en relatos como “Breve historia familiar” (quizá el más logrado de la colección), “Hay que ponerle pasión” (cosas de los pueblos, quien disfruta de uno lo sabe), “Mario” (terrible sobrino, fruto del diablo tal cual reza el refrán) o “Pragmática de la mosca”.
Una colección más que interesante, muy bien trabajada y lograda, para que finalmente se imponga siempre la palabra, como bien dice Sánchez Calvo, alta y clara, y también la voz; sobre todo la de este autor y la de su nueva obra.


Fernando Sánchez Calvo: «Cualquiera de nosotros es más interesante como personaje que como ente real»


El segundo libro recopilatorio de cuentos de Fernando Sánchez Calvo, Los nombres propios de la pared (Bohodón Ediciones, 2016), nos sirve de excusa y motivo para entrevistar a este autor curtido en el mundo del teatro. La voz, honesta y comprometida, de este narrador pide la palabra, con sinceridad y sin solemnidad, y la pide para hacer buen uso y quedarse entre nosotros. Desde este blog, le agradecemos que nos dedicara un poco de su tiempo para responder a este breve cuestionario.

Ha transcurrido casi una década desde su primera publicación narrativa. ¿Este silencio ha sido voluntario, obligado, pactado a medias por las circunstancias? Cuéntenos un poco.
—En silencio, lo que se dice en silencio, no he estado. He seguido escribiendo y leyendo cuentos, relatos, para cafés, librerías, bibliotecas. De hecho Los nombres propios de la pared es un recopilatorio de toda la producción narrativa “oral” de estos años. Sí es cierto que he puesto un pelín (sólo un pelín) los cuernos a la narrativa con el teatro, terreno en el que he volcado mis últimas creaciones con dos comedias, Homeless y Cárnica. En cuanto al difícil mundo de la publicación, en los años más duros de la crisis económica (que arrasó literalmente con muchas editoriales pequeñas) estuve a punto de publicar cinco veces con cinco editoriales distintas la que a día de hoy es todavía mi primera novela, De la vida vulgar, pero todas quebraron. Es una novela maldita. Parece que por fin va a ser publicada próximamente, pero si yo fuera la editorial no me fiaría. Corre un bulo ya sobre mí y es el siguiente: editorial que frecuento, editorial que cierra.

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