lunes, marzo 06, 2017

Manual de jardinería (para gente sin jardín), Daniel Monedero


Relee, Madrid, 2016. 167 pp. 15 €

María Dolores García Pastor

¿Qué tienen en común un adolescente que cree ser la reencarnación de Wislawa Szymborska, una mujer que sólo le es infiel a su marido con hombres mutilados, un oficinista que sueña con ir a Honolulú y un hombre se desvanece progresivamente en las fotos que le van tomando? Que todos ellos son “plantas” del jardín para el que Daniel Monedero ha escrito su Manual de jardinería (para gente sin jardín). Estos personajes y muchos más deambulan por los diez relatos que conforman el libro.
En el prólogo Matías Candeira explica muy bien el tipo de relato que vamos a encontrar en este libro, “excesivo, vivo y hasta furioso” frente a lo que él llama “relato cerrado, aseado”. Diez historias frescas y originales, escritas con diferentes tonos y registros, un conjunto heterogéneo cuyos elementos, aparentemente, no tienen nada en común pero a los que la voz del autor da unidad y coherencia. Monedero no es nuevo en esto de escribir, trabaja como guionista y es autor de libros infantiles ilustrados (como la colección de El fabuloso Mateo junto a Anna Laura Cantone para la editorial Edelvives), aunque sí es su primer libro de relatos. El oficio está presente, la experiencia se nota, cada frase está cuidada, pulida. Hay una clara intención estética, los textos están trabajados en lo estilístico y en lo formal. Se intuye en algún momento la influencia de Eloy Tizón del que el autor fue alumno en Hotel Kafka.
El libro está plagado de referentes literarios, el más evidente es su homenaje a Huckleberry Finn, el mítico personaje de Mark Twain en el relato “Llamadme Mississippi”. Contaba el autor en una reciente entrevista que este relato fue, hace tres años, la semilla del libro, de este jardín que crece en libertad y en el que se dan la mano historias realistas con toques surrealistas que a veces llegan al absurdo salpicadas, en ocasiones, de sutiles pinceladas poéticas. Es también un libro de ausencias como ya se puede intuir en el título, sobre personajes incompletos que habitan otras pieles o buscan encontrarse más allá de ellos mismos. Este es un jardín cuidado pero no domesticado, crece en libertad y en él la maleza se integra dentro del paisaje para conformar un todo que sorprende y atrapa, que muestra tanto como oculta y que gustará al lector que busca nuevas voces en el panorama del cuento español.