lunes, enero 16, 2017

La acústica de los iglús, Almudena Sánchez


Caballo de Troya, Barcelona, 2016. 155 pp. 13,90 €

María Dolores García Pastor

En apenas un par de meses La acústica de los iglús llega a su cuarta edición, algo muy remarcable si tenemos en cuenta que es el primer libro de su autora, Almudena Sánchez. Aunque no faltan quienes alegan que su éxito se debe a motivos que no son los puramente literarios, aunque pueda gustar más o menos, no cabe duda de que Sánchez escribe bien. La obra está formada por diez relatos que se mueven entre lo sensorial y lo onírico, entre el surrealismo y el preciosismo estilístico no exento de humor. Y todo ello unido atrapa. Algunos relatos más que otros, por supuesto, pero tiene algunas piezas brillantes como Apuntes desde la bóveda celeste, mi preferido. También se incluye en este libro Cualquier cosa viva, relato con el que ganó el I Premio de Cuentos Tres Rosas Amarillas y con el que participó en la antología Bajo treinta (Salto de Página, 2013).
Las historias son simples, predomina en ellas la inacción, se trata en su mayoría de imágenes plasmadas sobre atmósferas oníricas. Textos que se pierden en las enumeraciones y en la profusión de metáforas gracias a las que podemos apreciar que la autora, cuanto menos, sabe jugar con el lenguaje.
Los personajes son de lo más variado y sirven de pretexto para reflexionar sobre la condición humana. La escritora los sumerge en situaciones surrealistas que a veces rozan el absurdo. Una muchacha enferma que se encuentra con una extraña mujer que da de comer a los mapaches. Un nadador ciego que nunca deja de nadar en la piscina de un hotel. Una joven que no supera una ruptura sentimental y acaba recogiendo basura en una estación espacial. Una madre que huye con sus dos hijos. Dos muchachas que se aman en secreto. Dos ancianos que no quieren morir sin haber cumplido el sueño de su vida. De todo cabe en el particular mundo que construye Almudena Sánchez, un mundo propio entre lo real y lo imaginario. De su mano nos perdemos en paisajes y atmósferas sugerentes, paladeamos las imágenes que van desfilando por nuestras mente y nos perdemos en reflexiones sobre lo humano y lo divino. Este es un libro para dejarse llevar.
Afirmaba la autora en alguna entrevistas que le han hecho como parte de la promoción de este libro que sus historias surgen de recuerdos que no se puede quitar de la cabeza. De ello se deduce un fuerte componente autobiográfico, un entrar en la cabeza de esta escritora, en sus pensamientos y ensoñaciones a juzgar por el contenido del libro. Es cierto que en algunos momentos ese sacrificar el contenido por la forma puede hacer que nos perdamos en la historia, que no entendamos. No es un libro de fácil lectura, sí un libro para releer y dejarse llevar, para analizar, reflexionar e imaginar. Es literatura.