lunes, junio 06, 2016

Solo con invitación: Los nombres propios de la pared, Fernando Sánchez Calvo


Bohodón Ediciones, Tres Cantos, 2016. 106 pp. 12 €

Fernando García Maroto

Han pasado ya casi 10 años desde que Fernando Sánchez Calvo publicara su primer libro de cuentos, Muertes de andar por casa (El Gaviero Ediciones, 2007); y ahora cae en nuestras manos y como llovido del cielo este nuevo libro, pequeño y esencial, que recoge otras grandes historias.
Dividido deliberadamente en tres secciones, Los nombres propios de la pared supone un acercamiento frontal y sin concesiones al universo de este joven autor. Un acercamiento nuevo para quienes no conocieran la anterior obra del madrileño; esclarecedor, por lo que tiene de madurez narrativa y ejercicio de estilo, para quienes sí disfrutaron de sus primera historias; muy grato en ambos casos.
Las anécdotas cotidianas, el imaginario colectivo, los afanes y las preocupaciones que nos son comunes encuentran en las palabras de Sánchez Calvo el acomodo perfecto para que lo particular y, a veces, el color local (son importantes las referencias a la tierra de origen, también a la de sus orígenes) se vuelva universal y perfectamente conocido: acudimos hasta estas historias magníficas como invitados y finalmente, sin rubor y con gusto, nos quedamos como huéspedes, así de propias podemos llegar a sentirlas gracias al buen oficio y el arte del autor. Casi del mismo modo que le sucede a la empleada de Correos que acude al rescate y se vuelve cómplice del protagonista del relato que da título a la colección.
La prosa, sincera y emotiva, se apoya, en la mayoría de los casos, en unos diálogos vibrantes, tan reales como la vida misma, que nos transportan y sitúan en el lugar de los hechos, ante los protagonistas tan humanos (demasiado humanos) que salpican los relatos. Y es que el diálogo es fundamental en la obra de Fernando Sánchez Calvo, curtido en el mundo del teatro (no obstante, también es conocida su faceta como dramaturgo): la palabra escrita es importante, la palabra hablada, aunque sea la de los personajes, es crucial, y la voz es la piedra angular que sostiene y da forma a la estructura de este edificio tan singular.
De ahí que el cuento que cierra la colección sea “Para decir en voz alta”, un alegato exaltado y exultante a favor de esa voz que quiere significar, que no puede dejar de significar si merece ser llamada justamente así.
Y tan importante como esa voz de la que hablamos es el humor: algo tan difícil de conseguir, como es la complicidad con el lector a través del sentido del humor (por lo que tiene a veces de propio y particular), nuestro autor lo consigue aparentemente sin esfuerzo, por más que detrás de estos guiños haya un trabajo medido y fecundo. Así podemos leerlo en relatos como “Breve historia familiar” (quizá el más logrado de la colección), “Hay que ponerle pasión” (cosas de los pueblos, quien disfruta de uno lo sabe), “Mario” (terrible sobrino, fruto del diablo tal cual reza el refrán) o “Pragmática de la mosca”.
Una colección más que interesante, muy bien trabajada y lograda, para que finalmente se imponga siempre la palabra, como bien dice Sánchez Calvo, alta y clara, y también la voz; sobre todo la de este autor y la de su nueva obra.


Fernando Sánchez Calvo: «Cualquiera de nosotros es más interesante como personaje que como ente real»


El segundo libro recopilatorio de cuentos de Fernando Sánchez Calvo, Los nombres propios de la pared (Bohodón Ediciones, 2016), nos sirve de excusa y motivo para entrevistar a este autor curtido en el mundo del teatro. La voz, honesta y comprometida, de este narrador pide la palabra, con sinceridad y sin solemnidad, y la pide para hacer buen uso y quedarse entre nosotros. Desde este blog, le agradecemos que nos dedicara un poco de su tiempo para responder a este breve cuestionario.

Ha transcurrido casi una década desde su primera publicación narrativa. ¿Este silencio ha sido voluntario, obligado, pactado a medias por las circunstancias? Cuéntenos un poco.
—En silencio, lo que se dice en silencio, no he estado. He seguido escribiendo y leyendo cuentos, relatos, para cafés, librerías, bibliotecas. De hecho Los nombres propios de la pared es un recopilatorio de toda la producción narrativa “oral” de estos años. Sí es cierto que he puesto un pelín (sólo un pelín) los cuernos a la narrativa con el teatro, terreno en el que he volcado mis últimas creaciones con dos comedias, Homeless y Cárnica. En cuanto al difícil mundo de la publicación, en los años más duros de la crisis económica (que arrasó literalmente con muchas editoriales pequeñas) estuve a punto de publicar cinco veces con cinco editoriales distintas la que a día de hoy es todavía mi primera novela, De la vida vulgar, pero todas quebraron. Es una novela maldita. Parece que por fin va a ser publicada próximamente, pero si yo fuera la editorial no me fiaría. Corre un bulo ya sobre mí y es el siguiente: editorial que frecuento, editorial que cierra.

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