viernes, marzo 27, 2015

Tolkien y la Gran Guerra. El origen de la Tierra Media, John Garth

Trad. Eduardo Segura, Martín Simonson y Daniel Royo. Minotauro, Barcelona, 2014, 520 pp. 23,90 € (12,99 € libro electrónico)

Angeles Prieto Barba

En 1954 y 1955 se publicaron en Inglaterra los tres tomos de El señor de los anillos, obra que alcanzaría ventas excepcionales, pero también bastantes reseñas críticas, escritas con verdadera saña. Así, un grupo numeroso de críticos la calificó como “entretenimiento para niños” o “basura adolescente”, mientras que otros atacarían a la novela desde la perspectiva moral e ideológica, con acusaciones que iban desde su falta de compromiso social y político con los grandes problemas del siglo, calificándola de mera evasión burguesa, hasta tildarla incluso de “racista” (razas blancas en un bando y oscuras, bajo Sauron, en otro), “nazi” o “profascista” (por similitudes con el anillo de los Nibelungos). Pues bien, todas estas calificaciones extremistas, que hoy día nos hacen sonreír por su simpleza y limitada concepción de la literatura, no sólo resultaron ser falaces, sino que tampoco estaban exentas de segura villanía, cuando no de envidia. Y eso es precisamente lo que vamos a descubrir con este gran libro de John Garth, un estudio muy serio sobre la gestación de tierras, lenguaje y personajes de la Tierra Media, a la vez que un instrumento preciso para conocer quien fue John Ronald Reuel Tolkien.
Este ensayo constituye también un canto a la amistad. Pues describe y desarrolla el hermanamiento cálido y sincero de cuatro muchachos, muy distintos entre sí pero unidos por su intenso amor a la poesía, que conformarían el núcleo del T.C.B.S. (Tea Club and Barrovian Society) en el colegio King Edward de Birmingham, y que muy pronto se las tendrían que ver ante esa barbaridad absurda y evitable que conocemos como la Gran Guerra, o Primera Guerra Mundial. En concreto, la puntilla para ellos resultó ser la espantosa, larga y sangrienta batalla del Somme (julio a noviembre de 1916), auténtica máquina de picar carne de trincheras que se llevó por delante a un millón largo de jóvenes, entre ellos dos de los miembros principales del club. Sencillamente, el Horror. Tolkien sobrevivió a ella, sí, pero estuvo allí con los ojos bien abiertos para no olvidar nunca esa oscura tierra y tumba de barro que luego conoceríamos como Mordor. Perder allí a sus mejores amigos, sin tiempo ni tratamiento psicológico posible para asimilar el duelo separado de los suyos, constituyó un durísimo golpe del que no se recuperaría nunca. Es por ello que las acusaciones que recibiría más tarde de falta de compromiso con la realidad implican para el que las formula un desconocimiento absoluto de los hechos terribles que marcaron su vida. Porque haber estado en el Somme ya fue suficiente, demasiado compromiso. 
Hemos hablado de Tolkien, pero no de John Garth, el autor de este trabajo impecable. A mí me ha asombrado no sólo el conocimiento que demuestra de las obras completas de Tolkien, también el arduo y ordenado trabajo de investigación que ha realizado sobre su vida y progresivos conocimientos filológicos-literarios y, sobre todo, las capacidades que demuestra como narrador, describiendo con orden y atino lo vivido por Tolkien sin dejar de emocionarnos y conmovernos. Da en la diana cuando nos indica que la obra de Tolkien, elaborada tras un largo proceso detallado aquí perfectamente, lejos de constituir un mecanismo de evasión, supone ante todo un intento de dignificar, mediante la épica, tantas vidas perdidas en aquella Guerra. Pero además, es una obra que trasciende, que va mucho más allá, pues en la concepción de Melkor, o Morgoth (dios-abstracción del afán destructivo mediante máquinas, ejércitos e industrias), del que luego Sauron será su lugarteniente, ya estaba anticipando el totalitarismo que vendría después en Alemania, Italia y Rusia. Mientras asimismo contemplados asombrados a esos seres pequeños llamados hobbits, capaces de grandes hazañas, auténticos apóstoles o precursores de la ecología en nuestros días. 
Por supuesto, una obra como esta tenía que ser publicada en España por Minotauro, continuando fielmente con la labor de Francisco Porrúa, inteligente editor y traductor que nos dió a conocer a Tolkien allá por 1977. Y muy dignamente, sin escatimar gastos a la hora de incluir fotografías, todas las notas pertinentes, índice onomástico y un tamaño de letra adecuado.
Concluida su lectura, el lector se quedará pensando. Porque sin dudarlo también vivimos tiempos oscuros y no tan lejos de nosotros la destrucción mediante máquinas, armas mucho más complejas, ejércitos más inteligentes y medios de comunicación todopoderosos y renovados, está desarrollándose. El Terror no es que se acerque, es que tras el derrumbe de las Torres Gemelas (Tolkien visionario), ya lo tenemos encima y con nosotros. Cabe acogernos a sus palabras en boca de Faramir: «Guerra ha de haber mientras tengamos que defendernos de la maldad, de un poder destructor que nos devoraría a todos; pero yo no amo la espada porque tiene filo, ni la flecha porque vuela, ni al guerrero porque ha ganado la gloria. Sólo amo lo que ellos defienden» (El señor de los anillos II, Las dos torres, pag. 364).