viernes, marzo 20, 2015

Solo con invitación: El rastro brillante del caracol, Gemma Lienas

Destino, Barcelona, 2014. 352 pp. 14,96 €

Care Santos

El escritor Emili Teixidor solía decir que "literatura para jóvenes es aquella que también pueden leer los jóvenes". No es éste lugar para enredarse a definir qué cosa es literatura para jóvenes (soy de la opinión de que la etiqueta sólo tiene sentido desde un punto de vista comercial), pero sí lo es para recomendar la lectura de esta novela a cualquiera que tenga más de doce años. Los más jóvenes encontrarán en ella emociones, risas, identificación con los personajes principales, momentos de ternura, momentos de escándalo y de rabia. Los adultos encontrarán todo eso y, además, quedarán seducidos por la manera de narrar de una autora que pone las cosas fáciles a sus lectores a pesar de no elegir temas ni tramas fáciles. 
Gemma Lienas tiene -y se le notan- muchas horas de vuelo. Es capaz de adentrarse con naturalidad en un terreno que parece parcela reservada a los más jóvenes: las comunicaciones virtuales, los juegos de videoconsola, los hackers informáticos, las prácticas de los enfermos de la red. Al mismo tiempo, demuestra conocer muy bien a sus lectores más jóvenes: sabe qué contarles, cómo, con qué lenguaje, con qué ritmo, desde qué punto de vista. No elige asuntos sencillos, ni manidos, no da lecciones, no escatima información. Mantiene una postura beligerante con los aspectos de la sociedad que merecen ese esfuerzo (en el fondo, todo eso es una prolongación de sí misma: cualquiera que la siga en redes sociales se dará cuenta). Trata a sus lectores -a todos, tengan la edad que tengan- como a seres pensantes. Su historia desborda sabiduría vital, pero también emoción. Y, lo más importante, es una novela estupenda, más allá de toda etiqueta. 
Reconozco que una de las cosas que más me gustan de las novelas de Lienas son los personajes. Son complejos como seres humanos, están llenos de recovecos, de dudas, de contradicciones. Tengo a menudo la sensación de que las tramas en las que intervienen están construidas a partir de ellos, y que ésa es una de las razones de su deliciosa complejidad.
Sam, el protagonista adolescente de esta historia, se compara con un caracol porque sus movimientos son lentos, porque en su relación con los demás a menudo va un paso por detrás. Sin embargo, posee una capacidad increíble para las matemáticas, es un experto informático y suele fijarse en detalles que pasan inadvertidos a la mayoría de personas. Todo ello son rasgos que caracterizan el síndrome de Asperger, una patología psicológica y conductual que se enmarca en el espectro autista. Sam también tiene una hermana que le ayuda a interpretar a sus complicados semejantes y un grupo de amigos virtuales. Por su parte, Martina, la otra protagonista, es una gimnasta de 14 años, menuda y de gran personalidad. Tiene un perro, una amiga y una madre con quien no termina de entenderse. Chico conoce chica: sólo esta parte de la historia ya habría justificado su lectura. Los personajes son absolutamente verosímiles y los diálogos entre ambos desbordan ternura y sentido del humor. No exagero al decir que se trata de una de las historias de amor más divertidas y emocionantes que he leído en los últimos años.
Aunque en el reverso de la historia está el tercero en discordia. Un pederasta que trabaja con meticulosidad y cabeza fría, con la vista puesta en un solo objetivo: Martina. Sorprende -y escandaliza- la pormenorizada descripción de sus procedimientos, su método de trabajo. Sabemos poco de él, salvo que existe en realidad y que a menudo está más cerca de lo que pensamos. Esta parte de la trama da un vuelco al argumento: ya no es una historia de amor, sino una novela negra lo que nos traemos entre manos. Muy negra. Habrá investigación, héroe, tensión y momentos de pánico. Todo bien mesurado, bien conducido. Se nos da información que desconocíamos a pesar de que el asunto forma parte de nuestra actualidad con frecuencia. Al terminar la lectura, el asunto continúa martilleando. Este es uno de esos libros que una vez cerrados continúa haciendo su trabajo, que no es otro que el de seducirnos, emocionarnos, invitarnos a pensar. Convertirnos un poquito en alguien diferente a quien éramos antes de comenzarlo.


Gemma Lienas: «No estoy dispuesta a bajarme del mundo»


Sería vulgar comenzar diciendo la edad de Gemma Lienas. Por eso diremos, mejor, que no es una jovencita en su primer vuelo. Todo lo contrario: autora veterana, con una sólida trayectoria literaria a sus espaldas; gran conocedora del mundo editorial, que ha ocupado su actividad profesional durante largas etapas de su vida, su nombre hace décadas que encandila a lectores de todas las generaciones. Sin embargo, leyéndola cualquiera podría pensar que se trata de alguien que acaba de salir de la adolescencia. ¿El secreto? Una aguda capacidad de observación, un dominio absoluto de tratamiento de las emociones, mucho oficio y, según ella reconoce, una dieta en la que no falta el chocolate. 
—Facebook, hackers, series anglosajonas de última generación, Minecraft, whatsapps, lenguajes informáticos, comunidades de geeks... Leyendo esta novela algún desinformado podría pensar que su autora tiene 25 años. ¿Sigue alguna dieta secreta para mantenerse intelectualmente tan joven?
 
—Me encanta comer chocolate, tal vez sea esto ;-)  Ahora en serio, creo que envejeces cuando decides apearte de lo que ocurre en el mundo. Y yo no estoy dispuesta a bajarme. Desde 1987, en que me compré un ordenador con el primer premio que gané, hasta el 2015, en que doy conferencias y cursos por Skype, no he dejado de explorar las nuevas tecnologías. Pero, sobre todo, lo más importante de mi dieta es la lectura: soy una devoradora de libros y eso ayuda a estar en forma.

—¿Por qué el síndrome de Asperger? 
—Me interesa todo lo que tiene que ver con nuestro cerebro, con nuestra mente, la cognición y las emociones. En mi casa hay más de 10.000 libros y una parte de ellas son de psiquiatría y psicología. Que se sepa: cuando vuelva a nacer seré neuropsiquiatra. Así que, a menudo, mis novelas giran en torno a problemas psicológicos. Y el síndrome de Asperger, que es una forma leve de autismo, en la que la inteligencia está conservada pero la interacción social resulta difícil, entra en este tipo de temas que me apasionan. Me acabó de motivar el hecho de que cerca de mi hay una persona con este síndrome.
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