miércoles, marzo 25, 2015

Las letras entornadas, Fernando Aramburu

Tusquets, Barcelona, 2015. 290 pp. 18 €

Pedro M. Domene

Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) ha recurrido, desde el inicio mismo de sus primeras entregas, a recuerdos y experiencias personales y, en otras muchas ocasiones, a sus lecturas para componer parte de su obra narrativa. En esta entrega se aleja de la ficción, es decir, no novela parte de su biografía sino que sustenta su propuesta con buena parte de recomendaciones y devociones literarias, ensambla un conjunto de textos que, obviamente, ha ido publicando en ocasiones previas y que, una vez reunidos, conforman el curioso título de Las letras entornadas (2015), y aun más, para otorgarle la coherencia necesaria, inventa al hilo una relación ficticia entre un “supuesto” Viejo y él mismo. El primero enseguida llama la atención del segundo, invitándolo a degustar jueves a jueves, una o dos botellas de una selección de vinos selectos de una bodega, alrededor de unas ciento cincuenta, porque se verá obligado a abandonar su casa durante algún tiempo. Entre ambos se establece una compatible relación: el ejercicio de la inteligencia y el disfrute de aquellas maravillas líquidas, caldos con nombre propio, y semana tras semana es manifiesta y evidente la curiosidad del anfitrión en averiguar cómo había surgido la vocación literaria en el joven escritor Aramburu, y así inician una fluida relación y pronto surgen las evidentes preguntas sobre la infancia, la juventud, o las actividades que Aramburu había llevado hasta el momento, y para paliar de alguna manera dicha curiosidad el escritor se compromete jueves tras jueves a llevarle un texto sobre la conversación mantenida previamente, siempre al calor de un buen vino.
A lo largo de las páginas, en realidad, las múltiples reflexiones ayudan a entender la literatura de Aramburu y a recorrer alguno de sus modelos esenciales, incluso entremezcla los datos referidos a la infancia en un barrio donostiarra y sus primeros estudios, y se enorgullece, además de los primeros deslumbramientos literarios que el autor confiesa, tras haber pasado inicialmente por el mundo de los tebeos, como muchos de los niños de comienzo de los 60, una mirada a los clásicos como el Lazarillo, síntesis de una infancia difícil, la lucha por la vida, o la raíz misma del mal, sin olvidar a los maestros Cervantes y Quevedo. El afán por leer y por aprender, al margen de la escasa tradición culta y lectora de la familia, nacerá en el niño y en el adolescente muy pronto, y poco a poco, entre recuerdos de infancia y juventud, relatará la participación en la creación y las actividades de CLOC, Grupo de Arte y Desarte, y como se forja un escritor que crece en una sociedad violenta con el telón de fondo de los atentados y los funerales que se repetían a lo largo de los años de su formación tanto ideológica como intelectual, en mitad de un paisaje donde siempre la sombra de ETA planea y subyace la visión de un dolor ajeno que más tarde lo llevaría a alejarse y asentarse en Alemania.
Y a lo largo de estos treinta y dos encuentros, enumera la relación de su consolidación literaria con obras propias y ajenas, inicialmente de la mano de Marcel Reich-Reinicki o las obras de Thomas Mann y de Borchert. Incluso descubrirá notables olvidos, Félix Francisco Casanova, Juan Gracia Armendáriz, o Víctor Klemperer. Y, tampoco faltan algunas páginas que comentan y valoran autores españoles: Giralt Torrente, Mercè Rodoreda, Ramiro Pinilla, Aleixandre o Celaya, y maestro en lo breve, subraya sus ideas sobre el cuento como embrión y origen de la narrativa de ficción. Y algo damos por seguro, los devotos de Aramburu no se sentirán defraudados con Las letras entornadas y quienes sientan afición por una literatura diversa y sólida, cuyas palabras se aferran a la sombras de una realidad, observarán como fruto de la reflexión y del descubrimiento, se llega a una educación sentimental propia.