jueves, marzo 26, 2015

Ficción perpetua, José María Merino

Menoscuarto, Palencia, 2014. 336 pp. 20 €

Pedro Pujante

A estas alturas ya resulta innecesario presentar a José María Merino (La Coruña, 1941), autor de novelas, poesía y cuentos –quizá el género en el que mejor se mueve-, y ganador de todos los premios literarios relevantes: Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa, incluidos.
Hace diez años publicó Ficción continua, un libro que reunía ensayos, charlas y artículos. Así que esta Ficción perpetua podría considerarse una segunda entrega de aquel otro, con el que conforma un díptico dedicado a la literatura de ficción. En Ficción Perpetua se hallan diseminadas todas las filias literarias del autor leonés. Está dividido en dos partes. La primera reúne conferencias y artículos dedicados a diversos temas literarios. En la segunda parte, ‘De autores y obras’, recoge una serie de artículos que ya vieron la luz en revistas, y que ahora se presentan de forma unitaria en este volumen.
Es precioso el primer texto titulado ‘Diez jornadas en la isla’. En esta charla, Merino se imaginó un náufrago, y durante diez días rescata los libros más importantes de su vida, haciendo un recorrido por su biografía emocional y literaria, dando una magistral clase de literatura universal, pero sin renunciar a sus gustos personales.
Merino aboga por la literatura como condición esencial del ser humano. Nos recuerda que en nuestros genes se halla la semilla del relato oral, y que este, ha cristalizado en el relato, la novela, la literatura escrita.
En estos textos nos hablan de la ficción, del relato fantástico y de la ciencia ficción. Y Merino, además de realizar un acercamiento teórico a estos asuntos literarios, confecciona una lista de autores y obras, un canon muy personal pero con vocación universal, que servirán al curioso lector para ampliar sus lecturas ulteriores.
La pasión por la literatura que recorre estos ensayos se ensancha con la mirada de un escritor consumado, que además demuestra ser un sutil, profesional e intuitivo lector. Hay, en este sentido, otro artículo dedicado al acontecimiento de la lectura, en el que la analiza desde varias perspectivas; emocional, pública, social y educativa. Concluye este artículo diciendo que ‘leer nos da acceso al gran espacio de la imaginación reveladora’. Y creo que en esta sentencia se justifica en gran medida el interés por la literatura como herramienta para indagar en ese interregno sagrado y mítico que es el alma humana, pero que está dimensionado en una cosmogonía ficcional y universal, en la que habitamos los amantes de la literatura.
Es interesante el recorrido que hace por la ciencia ficción, recuperando nombres de autores españoles cuyo éxito se extinguió hace tiempo. Aunque también dedica algunas líneas a recordar a autores actuales, jóvenes que se empiezan a hacer un hueco en este difícil mundo de la ciencia ficción, de la literatura, en definitiva.
Como ya hemos dicho, en la segunda parte, Merino se centra en diferentes autores y sus obras. A parte de un interesante ensayo sobre el tema del Doble, los artículos de esta sección versan sobre escritores. Desde Menéndez Pelayo y su Orígenes de la novela, pasando por Potocki y su célebre Manuscrito encontrado en Zaragoza, pieza indiscutible de la literatura fantástica universal; los cuentos de Maupassant y Chejov; Dickens o el incomparable padre Brown, de Chesterton.
Resumiendo. En estos variados ensayos sobre la ficción, sobre el poder de la literatura, sobre autores que constituyen un elenco de voces necesarias para comprender el devenir de la literatura contemporánea, Merino ha volcado su sabiduría y su sugerente mirada de lector (casi más que la de escritor), y nos invita a leer, es decir, a soñar, a inventar, a creer en la ficción, último refugio de aquellos que cada vez creemos menos en esto que ha venido llamándose realidad.