martes, febrero 03, 2015

También esto pasará, Milena Busquets

Anagrama, Barcelona, 2015. 176 pp. 16,25 €

Pedro M. Domene

Las novelas, los textos que dan forma a esas historias, pueden resultar en apariencia, de una sencillez o de una levedad asombrosas, aunque en realidad se trate de un auténtico engaño para profundizar literariamente en una compleja visión de las virtudes y de las miserias humanas, como toda buena obra de ficción que se precie. Milena Busquets (Barcelona, 1972) había publicado, Hoy he conocido a alguien (2008), una primera incursión narrativa, cuya protagonista solo se propone la búsqueda de la felicidad y de la libertad, y en aquella lejana entrega ya se adivinaban ciertas cualidades literarias que llevarían a la joven narradora a otros proyectos nuevos, caso de También esto pasará (2014), curioso texto que, en la pasada Feria del Libro de Frankfurt, despertó un inusitado interés por conocer la literatura de esta promesa barcelonesa.
Blanca, narradora y protagonista, es una mujer de 40 años que asiste al entierro de su madre en Cadaqués, y tras recordar el grave deterioro físico y mental de quien fuera una mujer extraordinaria, evoca las relaciones entre ambas y así el relato se convierte en una extensa conversación entre madre e hija y, a medida que seguimos leyendo, deviene en un auténtico monólogo en el que Blanca se dirige a la madre para recapitular sobre sus peculiares relaciones y poder, una vez desaparecida, dilucidar las abundantes lagunas que enturbiaron su relación. En realidad, este simplicísimo argumento le servirá a Milena Busquets para llevar a cabo toda una indagación personal y un ajuste de cuentas con algunas circunstancias concretas de su pasado. ¿Un nuevo comienzo? se preguntará la narradora que, tras el sepelio, siente la pérdida y esto le provoca una acuciante inestabilidad para constatar que debe liquidar primero su relación materna y en segundo lugar el no haber tenido la fuerza de esas amistades que llenaran su vida. Esa incomunicación y la falta de intimidad entre ambas queda saldada pronto, y a tenor de la enseñanza materna, Blanca se plantea una reafirmación con el mundo en el que vive, subrayando aquellos valores sustanciales olvidados y que pueden ser su tabla de salvación en el presente. La protagonista, se dispone a vivir una exaltada alegría que le hará ver las cosas del pasado con una perspectiva distinta, ejercitándose eso sí, en el espíritu materno de absoluta libertad y, en ese capítulo pendiente, observará que los hombres han tenido especial relevancia desde un punto de vista femenino, aspecto que Blanca practicará sin los reproches morales y sociales evidentes en su relación con ellos.
En la novela se suceden anécdotas, y en la pormenorizada visión de ese grupo social puede apreciarse un curioso elitismo y actitudes personales bastante acomodadas; en realidad, un haz de profesionales de una vasta cultura, docentes, arquitectos, artistas que conforman una segunda generación de aquella clase privilegiada que constituyó un estatus divino en los años finales del franquismo, y hoy viven el recuerdo de aquella seudo belle époque prolongada, aunque sin planteamientos críticos previos, sin posturas que valoren el momento, salvo el relato de sus ininterrumpidas estancias en playas catalanas, fiestas interminables, incluido alcohol y drogas, de amores veraniegos y desamores, o traiciones inconfesables. Sobresale, eso sí, en las confidencias de Blanca, un halo intimista que otorga credibilidad a la narradora, sobre todo cuando entabla esa especial relación materna, y se convierte en su justificación última para escribir, También esto pasará. Y solo así, Milena Busquets, consigue combinar realidad y ficción reuniendo en Cadaqués, el lugar emblemático familiar, a sus dos exmaridos, sus hijos y a un grupo de amigos con sus respectivos vástagos, y devolver a su vida ese tono burgués y progre, como si con sus recuerdos quisiera prolongar aquellas fiestas y cerrar un ciclo al que tanto debe por su carismática actitud y ante esa suprema libertad de pensamiento que le proporcionaron aquellos ya lejanos 60 y 70, y hoy le brindan la posibilidad de estar a la altura en un mundo tan distinto y aun más complejo.