jueves, febrero 05, 2015

Secretos del arenal, Félix G. Modroño

XLVI Premio de novela Ateneo de Sevilla. Algaida, Sevilla, 2014. 381 pp. 20 €

Juan Laborda Barceló

Existen una amplia gama de autores que tratan de captar la atención del público eligiendo tramas oscuras, períodos históricos atrayentes y, algunos afortunados y capaces de ello, añadiendo voces subyugadoras, por su forma, contundencia, suavidad o belleza. Como es lógico, no todos lo consiguen, pues la fórmula del éxito literario, aunque éste sea interpretable de muchas maneras, no está garantizada.
Nuestro enfermizo mercado editorial trata de sobrevivir repitiendo trazas, acechando maneras de unos y de otros para hacerse con los cada vez más disputados espacios de venta, con los lectores y con los críticos. Por todo ello, es muy de agradecer que aparezcan novelas como la que hoy traemos aquí.
Félix G. Modroño ha construido un artefacto muy a su medida, que es la del buen escritor, sabedor de su pegada, fiel a sí mismo, pero que a la par se atreve a experimentar con su propia criatura, sin miedos ni titubeos. Secretos del Arenal está construida con dos historia que se alternan: La de Silvia, contemporánea experta en vinos, que ha perdido a su hermana y nos da las claves de su existencia, centrándose en sus vías para soportar el dolor, el amor y, en definitiva, la vida misma. Por otro lado está Olalla, una joven de los años cuarenta, que nos permite disfrutar de un conseguido fresco vital de la España del primer franquismo. La mujer actual vive en Bilbao, la del tiempo pretérito en Sevilla, pero para este viaje no hacían falta alforjas. Estas obviedades que apuntamos han sido ya publicadas en varias reseñas recientes. Lo realmente importante es que ambas son las dos caras de una misma moneda. Son el cuerpo y la trabazón de una historia contada de manera fragmentaria, habitando la novela en una fluida simbiosis.
En realidad, más que sus vidas, que también interesan, Modroño se centra en sus sentires, en su manera de ver la realidad. Silvia tiene verdaderos monólogos interiores acertando a mostrarnos lo que para ella es el amor, cuestión nada ortodoxa, por cierto, la amistad, la justicia, la muerte, el sexo o la familia. En esos terrenos el autor navega con soltura, dibujando pasajes bellos formalmente y decisivos en la estructura argumental. Olalla, por su parte, además de hacernos partícipes de su despertar a la vida, sus miedos, recuerdos y anhelos, sufre un trauma temprano. La cercana guerra civil la golpea, pero se rehace. Es la fuerza del río que echa a correr, imparable. Todo ello magníficamente ambientado en una Sevilla pacata, con unas conocidas, pero no por ello menos fascinantes, disputas internas en el Régimen franquista, que pueden devenir en magnicidio. La construcción de la época es realmente loable, certera, fiel al momento y, sobre todo, al espíritu de aquel tiempo. La crueldad esperará a la vuelta de la esquina. El modo en el que nos enfrentemos a ella, conformará nuestro destino.
Otro acierto diferenciador de esta obra será el de apuntar la presencia de ciertos libros reales en la trama, así como hacer referencia a la misma novela de Secretos del Arenal. La cita a la propia obra, como si fuera otro, como si un autor/personaje lo escribiera, es un ejercicio de lo más refrescante, a pesar de no ser nuevo en la literatura. Con las alusiones a Stefan Zweig o a Miguel Hernández en boca de sus personajes, el libro sigue creciendo para llegar a ser un ejercicio de identificación. Nos encontramos ante una novela que trata muchas cosas, pero también nos habla sobre los propios libros.
Modroño es un autor que les hará viajar de veras. Es tan crudo como esteta y tan sensible como doliente. Su voz apela a aquellos sentidos de lo íntimo que guardamos bajo la piel. No dejen de visitar sus páginas. No se arrepentirán.