martes, marzo 11, 2014

Hay una jaula en cada pájaro, Óscar Curieses

Ya lo dijo Casimiro Parker, 2013.

José Luis Gómez Toré

Antes que nada, conviene señalar que Hay una jaula en cada pájaro, la última entrega poética de Óscar Curieses, es y no es una antología. Y ello solo porque incorpora materiales nuevos (algunos no aparecidos en libro pero sí en revistas; otros, rigurosamente inéditos) sino también y sobre todo porque nos permite leer algunos textos desde una nueva mirada, que en cierto modo los convierte en otros. Es este el caso, por ejemplo, de “Cuerma”, cuyos materiales proceden del libro Sonetos del útero y que, sin embargo (en diálogo también con la música) invita a una nueva combinatoria, que enriquece la lectura. En este sentido, me parece importante subrayar que el CD que acompaña al libro El grito es un movimiento inacabado (del grupo de audioperformance AMC313, al que el poeta pertenece) no es, como se pudiera creer a primera vista, un mero añadido. Estamos ante un auténtico libro-disco, que no basta con leer, sino que también hay que oír para apreciar en su justa medida la ambición artística de esta propuesta. No sorprende este diálogo entre artes: viene de lejos el interés de Curieses por otras artes, ya sea pintura, música o cine (recordemos que el poeta es autor de una tesis sobre el cine y Paul Auster, pero también del poemario Dentro, que constituye en buena medida un homenaje al universo de Bergman).
La conjunción de palabra y música ilumina un procedimiento frecuente en esta escritura, como es el juego de permutaciones y combinaciones, rastreable en autores como Juan Eduardo Cirlot o cierto Huidobro, pero que también conecta con la música contemporánea (quizá haya que hablar de Webern, John Cage, Schönberg… pero también del jazz). Las referencias musicales nos invitan asimismo a leer los poemas como partituras abiertas a las más diversas lecturas, en un empeño (de raigambre vanguardista) por superar la intencionalidad del que habla, por dejar hablar al propio lenguaje. Tanto quien conozca los libros de Óscar Curieses como quien se asome por primera vez a su poesía no dejará de constatar la voluntad experimental de un poeta siempre en constante búsqueda, muy atento a la materialidad misma de la palabra y a su potencialidad para anudar nuevos significados. Asimismo aquellos que estén acostumbrados a identificar la poesía última con un distanciamiento irónico encontrarán sorprendente el pathos, la fuerza pasional de una escritura, que en buena medida singulariza a su autor entre sus coetáneos. Desde luego no faltan ejemplos en nuestra tradición reciente de cierto desgarramiento expresivo (pienso, por ejemplo, en Gamoneda o Félix Grande, también en algunos tramos de Juan Carlos Mestre), pero lo cierto es que, entre los poetas de las últimas promociones, encontramos pocas voces en las que la escritura sea como aquí una experiencia tan feroz, tan rabiosamente corporal, en la que hasta la intertextualidad se juega a flor de piel.
Hay en la escritura de Curieses una profundidad que me atrevería a llamar mítica: la desmitificación parece definir buena parte de las poéticas posmodernas y, sin embargo, Óscar asume aquí una estrategia más arriesgada pero quizá más eficaz: combatir el mito con las armas del mito, en un movimiento constante de desgarramiento y conciliación. De ahí que en la escritura del poeta convivan, con la violencia justa, las posibilidades más disímiles: así si el título del libro afirma que hay una jaula en cada pájaro, el último poema propone lo contrario. Que el lector decida.

1 comentario:

Alonso Barán dijo...

No me va mucho la poesía, la verdad... creo que este no lo leeré.

Un saludo y gracias por la reseña.