miércoles, marzo 05, 2014

Manazuru, Hiromi Kawakami

Trad. Marina Bornas Montaña. Acantilado, Barcelona, 2013. 216 pp. 20 €

Santiago Pajares

Ya nadie puede negar que la literatura japonesa ha venido para quedarse. Hemos pasado de leer libros de Kenzaburo Oé a escondidas, o abiertamente para pasar por culturetas, a exhibir libros de Murakami en los vagones del metro sin ningún pudor. Pero aunque son los dos autores japoneses más conocidos, no son los únicos. Hiromi Kawakami va, paso a paso y libro a libro, convirtiéndose en una autora de referencia en España, siéndolo ya en Japón desde hace mucho. Y es que Kawakami, como otros autores de Oriente, tiene su propio estilo y ritmo para contar una historia. Nosotros llamamos bestseller a un libro en el que no puedes dejar de pasar las páginas, bueno, esto sería al contrario, un libro para leer lento, como se debe tomar una bebida caliente y reconfortante. Porque puedes expresar algo con palabras o con los silencios que rodean esas mismas palabras, y Kawakami sabe hacer ambas cosas. Profesora de biología hasta la publicación de su primera novela en 1994 , ha ganado muchos de los premios más reputados de Japón.
En este caso nos centramos en la vida de Kei, una mujer japonesa de mediana edad que convive en un apartamento con su madre y su hija adolescente. Las tres mujeres deben encontrar su sitio entre esas cuatro paredes sin estorbar a las demás, y buscar el momento adecuado para confesarse sus temores y confidencias sobre lo que pasó, aquello que les es tan difícil dejar atrás. Y es que Kei fue abandonada por su marido hace trece años, sin que haya vuelto a tener más noticias de él. ¿Qué ocurrió? ¿Se cruzó otra mujer? ¿Fue un accidente? ¿Está vivo o muerto? La falta de información corroe el espíritu de Kei a lo largo de toda la narración, y siente que su vida no puede avanzar debidamente hasta que obtenga una respuesta. Tan sólo ayudada por las anotaciones inconexas del viejo diario de su marido debe tratar de unir los puntos, pero cuando hay tan pocos, pueden emerger varias figuras. Manazuru, un pueblo costero cercano a Tokio parece ser el punto de encuentro de Kei con sus fantasmas, y se ve arrastrada allí en varias ocasiones para tratar de desentrañar la verdad. La relación con Seiji, un amante casado que debe atender a su propia familia siempre se ve conectada a su desaparecido marido, y deben decidir si encuentran una forma de continuar con una relación abocada al fracaso o continuar en el intento un poco más. Por si esto fuera poco, Kei se ve acosada por extrañas presencias fantasmales, a veces una, a veces docenas, que la rodean sin decirle qué debe hacer y haciendo más preguntas que dando respuestas.
Manazuru no es quizá la mejor novela para adentrarse en el mundo Hiromi Kawakami. Es muy sutil y delicada, como sus otras obras, pero tiene un punto de ensoñación que quizá podría amedrentar a un lector primerizo de su obra. La historia transcurre en unas localizaciones que nunca se sabe si son reales, soñadas, o ambas cosas, y en ese mar de desconocimiento, el mismo en el que se encuentra la protagonista, debemos aprender a nadar, a veces comprendiendo más y otras veces menos. Pero nosotros viajamos a Manazuru con Kei, y buscamos respuestas, para su vida, y para la nuestra.
Mención, como siempre, la cuidada edición de la editorial Acantilado, que parece poner una porción extra de mimo en cada libro.