viernes, mayo 15, 2015

Una última cuestión, Carmen Moreno

Cazador de Ratas, El Puerto de Santamaría, 2015. 331 pp. 15 €

Salvador Gutiérrez Solís

Prosigue la jovencísima editorial gaditana Cazador de Ratas ofreciendo nuevos y sugerentes títulos, con un denominador común: la calidad. Una última cuestión, de Carmen Moreno, es el mejor ejemplo para ilustrar la afirmación. Una autora que conocimos gracias a su vertiente poética, donde no tardó en mostrarse como una personalísima y sugestiva voz a tener muy en cuenta. También la hemos conocido en su faceta de dinamizadora y comunicadora cultural, merced a su colaboración con multitud de eventos e instituciones, en muy diferentes actividades, todas ellas llevadas a cabo con gran eficacia y pasión. Y desde hace pocos meses, Carmen Moreno nos muestra una nueva faceta: narradora.
Su debut se produjo en 2014 con Principito debe morir, una relectura futurista del clásico de Saint-Exupéry, en el que esta autora gaditana demuestra no temer los riesgos y, sobre todo, no estar encasillada en un género en concreto, como tampoco en las técnicas y lenguajes a emplear. Y así, en Una última cuestión, el título que nos ocupa, se adentra en la novela negra. Pero, tal y como exhibió en su primera obra narrativa, Carmen Moreno asume riesgos y se aleja de la “novela negra al uso”, esa a la que nos estamos acostumbrando con tanta frecuencia, en los últimos tiempos, desgraciadamente, donde se repiten tramas y personajes. En Una última cuestión, Carmen Moreno se abraza al género, demuestra en cada línea que no le es un lugar extraño, no transita de puntillas, temerosa de caer en cualquiera de sus trampas, todo lo contrario. Cumple con lo que podríamos definir como ‘decálogo’ del género, es respetuosa, pero esto no impide que aborde un sinfín de temas, como son la actualidad de nuestros días, las nefastas consecuencias de esta interminable crisis, la obsesión por la fama y el dinero fáciles y, sobre todo, la desigualdad de género.
Carmen Moreno visibiliza esas mujeres coraje, que no se amedrentan ante las adversidades, y que suelen ser invisibles en nuestras vidas y, por tanto, también en la Literatura. Verónica Lago, la indiscutible protagonista de la novela, y que tanto nos recuerda a una célebre actriz de los años dorados, representa en gran medida a ese prototipo de mujer invisible que Carmen Moreno coloca sin pudor bajo los focos. Igualmente, Una última cuestión rezuma cotidianidad. Y es que lejos de esa novela negra que nos muestra secuencias y personajes que escapan del decorado de nuestros días, Moreno no duda en incorporarnos a su trama, consiguiendo que desde el principio, sin artificios, de manera natural, nos sintamos identificados con lo que leemos.
En Una última cuestión hay multitud de referencias cinematográficas, esencialmente, musicales y literarias, que la autora emplea, más allá del homenaje, como comodines sobre los que asentar la trama. Un ejemplo muy concreto es el de la protagonista, Verónica Lago. Y también hay grandes dosis de humor, que nace de esas escenas que nos son tan familiares, que tan bien nos definen, y que son habituales en nuestras vidas. Humor, en muchos casos, que también funciona como denuncia, ya que nos muestra ese lado grotesco que cada uno de nosotros poseemos y que descubriremos si le dedicamos unos minutos a contemplarnos en nuestro espejo interior.
El que Una última cuestión se trate de una historia coral no se traduce en la indefinición de los personajes. Definidos perfectamente, todos juegan un papel esencial en el conjunto de la historia, como precisas teselas en el mosaico humano que Carmen Moreno consigue componer. En definitiva, una novela repleta de matices, sustentada sobre una trama muy sólida e inteligente, que consigue captar nuestra complicidad desde el primer instante y que nos muestra que la novela negra puede transitar, sin resentirse, por espacios muy diferentes a los que nos tienen acostumbrados.