miércoles, mayo 20, 2015

Domingos de agosto, Patrick Modiano

Trad. María Teresa Gallego Urrutia. Anagrama, Barcelona, 2015. 162 pp. 14,90 €

Ignacio Sanz

Otra novela de Modiano, es decir, otra novela enigmática, opresiva. En este caso publicada originalmente hace treinta años, en 1986 y que ahora, al rebufo del premio Nobel que le acaban de conceder, sale en España en uno de los sellos que con más constancia se ha ocupado de difundir su obra. Por cierto, la traducción magnífica, ya que consigue mantener el halo de misterio y neutralidad que uno supone en la obra original.
Como en otras novelas de Modiano lo que predomina aquí es la atmósfera de misterio envolviendo a unos personajes desconfiados, espantadizos, temerosos, unos personajes de los que sólo a cuentagotas vamos sabiendo de su verdadero pelaje. Parece que en cada página puede ocurrir algo trágico, algo sorprendente en medio de un laconismo invernal. El lenguaje tiene la virtud de descubrir pero también de ocultar, de presentar los hechos envueltos por una veladura.
Modiano es un maestro de la novela policíaca. Aunque nada más escribir la palabra uno se pregunta: ¿es verdaderamente policíaca Domingos de agosto? Y es que también en los géneros Modiano se mueve en terrenos resbaladizos por más que en la contraportada se aluda a Simenon. Podría ser considerada una extraña novela de amor escrita bajo la influencia del cine negro americano. Aparecen referencias a un actor muerto por una bala perdida, pero en realidad se tratan de referencias lejanas al cogollo argumental, aunque alguna pista nos dan sobre la procedencia de un diamante conocido como la Cruz del Sur, cuya posesión codician todos los personajes. Lo que no cabe duda es que estamos ante una novela redonda o si se quiere circular que nos va arrastrando en medio de una atmósfera desangelada y fría.
El narrador, un fotógrafo enamorado de Sylvia, se ve envuelto en una espiral de acontecimientos que lo van arrastrando, como a nosotros, los lectores, por callejones oscuros en medio de la grisura invernal por más que la historia cronológicamente comience en pleno agosto como refleja el título. Pero no, lo característico, lo que deja una huella profunda en el lector es el invierno, la habitación desabrida en una pensión en Niza que obliga a la pareja a buscar refugios habitables en cafés heladores, en cines sórdidos, mientras esperan el acontecimiento definitivo que les libere y les lleve lejos, por ejemplo a Roma, una ciudad hospitalaria donde la pareja sueña una vida ajena a las preocupaciones mundanas. Pero, ah, las trampas, los engaños, las sutilezas de los hampones… No, creo que no puedo seguir, que aquí, que aquí debo poner punto final a la reseña de esta novela que describe con tanta maestría la sordidez y la codicia del género humano. Por algo, digo yo, los sabios de Estocolmo, le han tocado con su varita mágica a este escritor francés tan sobrio y penetrante.

1 comentario:

Isa Martínez dijo...

¡Hola!
Solamente he leído una novela de Modiano, y sinceramente no me ha convencido del todo. Fue En el café de la juventud perdida.
Tal vez le de otra oportunidad al autor, porque este otro libro me ha llamado más la atención. Miraré en la biblioteca y si lo hay espero poder disfrutarlo y que me guste más que el otro que he leído del autor.
Un beso