lunes, enero 27, 2014

Hic Sunt Dracones: Cuentos imposibles, Tim Pratt

Trad. Silvia Schettin. Fatalibelli.com, Madrid, 2013. 145 pp. 4,90 €

Julián Díez

Inmersos en la avalancha de tomos interminables que siguen con desigual fortuna la senda de El Señor de los Anillos, o actualmente de Canción de Hielo y Fuego, los grandes editores han olvidado que la esencia de la literatura fantástica está en sus formas cortas. Es como si para las librerías españolas sólo se hubieran publicado relatos fantásticos hasta el día en que se marcharon Cortázar y Borges, para luego dejar paso únicamente a las reediciones de los distintos clásicos y las novedades en forma de tochos de fantasía heroica o, por usar la terminología todoroviana, literatura maravillosa. Por eso es más que laudable la intención de una joven editorial de libros electrónicos, Fata Libelli, de ponernos al día con la producción internacional de relato de este género.
Entre los cuatro libros que han publicado hasta ahora, he elegido empezar por esta antología de cuentos de Tim Pratt, un autor joven (37 años) que ya ha conseguido notables premios especializados y que en los siete relatos aquí presentes da una notable muestra de versatilidad. Algo especialmente destacable para poner fin a esa dualidad que señalaba más arriba: sus historias son cortas, son buenas, y son actuales.
Hay fantasía urbana en cuentos como “Sueños imposibles”, en el que un friqui del cine accede al videoclub de un universo paralelo, repleto de maravillas; homenajes al folklore estadounidense como en “Hart y Boot”, con una forajida del Oeste que encuentra un insólito compañero de correrías o en “El pez limpiafondo”, una especie de breve Moby Dick amargo, contemporáneo y sureño; new weird combinado con notas artúricas y conspiranoicas en “La copa y la mesa”; una caza de dragón pasada por el tamiz de la amargura amorosa en “El sótano del mundo”; notas de mitología clásica en ambiente contemporáneo en “Vida con la arpía”; y una redefinición de los parámetros de la fantasía heroica en “Vida petrificada”. Por lo que leo en reseñas anglosajonas, varios de ellos están relacionados con novelas de Pratt, aunque todos resultan redondos y satisfactorios por sí mismos.
Si sumamos estos relatos al otro que ha sido traducido hasta el momento en castellano, el francamente repleto de mala leche “Otro final del imperio”, podemos llegar ya a conclusiones bastante claras sobre qué cabe esperar de Pratt: relatos originales y frescos, escritos con la cantidad justa de artificio para no presentarse de forma plana, y en los que sistemáticamente parece afrontar los temas habituales de la fantasía desde un punto de vista nuevo, como de soslayo, con una mirada moderna infrecuente en su originalidad. Y casi siempre amarga.
Casi se podría caer en la tentación de decir que Pratt afronta procesos de deconstrucción de los elementos tradicionales del fantástico, aunque lo más probable es que simplemente tenga la cabeza ordenada de la forma necesaria para mirar a su alrededor y encontrar la rendija por la que trasladar a ese entorno sus propios sueños y obsesiones.
Aunque “Sueños imposibles” es su relato más conocido hasta el momento, y abre bien la antología por ser tal vez el más efectista, lo cierto es que en el conjunto del volumen es quizá el relato menos sorprendente para un lector algo curtido del género, dentro de un tono medio alto. Hic Sunt Dracones es, en su conjunto, una excelente noticia para los aficionados, que tanto echamos de menos la emoción que supone el descubrimiento de un relato original, el vértigo de la inmersión en todo un mundo nuevo creado y desvanecido en solo unas pocas páginas.