lunes, enero 20, 2014

Entresuelo, Daniel Gascón

Mondadori, Barcelona, 2013. 108 pp. 15,90 €

Fernando Sanmartín

El pasado es, para algunos, un sótano al que no merece la pena regresar. Para otros, por contra, el pasado da sentido, define, nos cita con la verdad y la escritura, desde el vocabulario de los recuerdos, teje lo que fue sucediendo. Esto último le ocurre a Daniel Gascón (Zaragoza, 1981), que a través de los retratos de su familia nos muestra su propio autorretrato, una identidad y el dibujo de lo emotivo.
Entresuelo es un libro arriesgado, una novela llena de imágenes y afectos, con la escritura pisando las playas del humor para empujarnos a la risa. Libro donde el abuelo del autor, Leoncio Gascón, es el gran protagonista, un hombre que buscaba países con su nieto en una enciclopedia Larousse, que cantaba "Muñequita linda" y "Arenal de Sevilla y olé, Torre del Oro", que tomaba la comunión en casa, cuando ya no podía salir, de manos del cura Azofra («Yo le decía a mi abuelo que en realidad venía a darle la extremaunción»), que no disimulaba su perplejidad ante las propuestas de Daniel («Abuelo, ya sé lo que vamos a hacer esta tarde. Vamos a llamar a unas putas. Espero que tengas algo de dinero.») y que como respuesta lógica a todo eso, en tono bromista, le profetizaba: «Cuando me muera, te me apareceré».
Daniel Gascón ha publicado tres libros de relatos y es coguionista de la película Todas las canciones hablan de mí, de Jonás Trueba. Su trayecto literario se nota en el ritmo y en las conversaciones que contienen estas páginas. Ha querido atrapar lo íntimo, algo que consigue, y el lector queda atrapado en el territorio de lo que no es intercambiable. Y es consciente de que lo sincero, aunque algunos opinen lo contrario, no nos debilita sino que nos hace menos vulnerables. Sinceridad, sí, pero también una desnudez enorme contienen los capítulos de esta novela donde la retórica ha sido desterrada. Sinceridad, sí, pero también biografía de un espacio, ese entresuelo situado en una calle zaragozana donde hubo sobremesas de Falcon Crest, Perico Delgado, Arantxa Sánchez Vicario y Pictionary. Sinceridad, sí, pero también un escenario real lleno de vida, pasiones y entusiasmos que confluyen.