martes, febrero 19, 2013

Voltaire enamorado, Nancy Mitford

Trad. Miguel de Hernani. Duomo editorial, Barcelona, 2012. 288 pp. 18 €

Ángeles Prieto Barba

No conocer a Nancy Mitford (Londres, 1904-Versalles, 1973), implica ignorar a una de las grandes novelistas del siglo XX, caracterizada por su humor incisivo y aguda ironía sobre las relaciones sociales y de pareja. Sus novelas A la caza del amor, Amor en clima frío, La bendición o No se lo digas a Alfred, traducidas y editadas por Libros del Asteroide, revelan un conocimiento único, certero y especial de los comportamientos y relaciones sociales de las clases altas. El ojo clínico que sabe desvestirlas y representárnoslas tal como son, con un método eficaz, punzante y ameno.
De hecho, toda su obra gira en torno a la cuestión social, del mismo modo que los vaivenes de su vida provienen de ser hija de un barón británico. De pertenecer a esa decadente aristocracia inglesa que no pudo ni supo preservar su estilo de vida y fortunas, de los avatares que jalonaron el pasado siglo, y que trajeron verdaderas tormentas en su propia familia, a raíz de los problemas ocasionados por sus hermanas Diana y Unity (fascistas) o Jessica (comunista). Aunque si bien Nancy se mantuvo alejada de los entusiasmos foráneos e ideologías radicales de ellas, no fue menos cierto que sufrió otras penalidades, derivadas de sus relaciones con hombres de su misma clase y entorno. Parejas manirrotas e infieles con las que debió mantener las formas, aunque en modo alguno fueran las adecuadas para ella. Ni para nadie tampoco.
El caso es que, además de novelar con maestría los avatares de su tiempo, también supo bucear y analizar magistralmente las actitudes de las antiguas clases aristocráticas en sus biografías históricas. Concretamente escribió cuatro, todas ellas centradas en personajes fundamentales para comprender el Antiguo Régimen: Madame de Pompadour, Luis XIV de Francia, Federico el Grande y Voltaire, gran autor de las letras francesas que llegó a codearse íntimamente al menos con dos de los anteriores. Cuatro libros que la convirtieron en una verdadera especialista en la época y en las relaciones nobiliarias que la protagonizan.
Pero el Voltaire “in love” que Nancy nos presenta, su mayor interés, radica en el preciso momento en el que lo estudia, ese tiempo en el que aún no será el autor elevado a los altares que todos conocemos, aunque se halle en camino de serlo. Esos quince años en los que vivió cobijado y amparado por su amante, la increíble Madame du Châtelet y su más que complaciente marido, tan lejos de la rígida moral propia de las clases medias. Porque Châtelet, caprichosa, ludópata e infiel por vocación, no fue una dama cualquiera, y aquí la vemos en igualdad de condiciones con Voltaire, como la otra gran protagonista del libro. Única mujer entre seis hermanos que recibió la misma formación intelectual que éstos, lo que le dotaría de unas facultades excepcionales para la ciencia y la filosofía, a las que dedicaría luego el mismo tesón que empleó con ella un fascinado Voltaire. Ese mismo que se aislaría en el castillo de Cirey, donde llegaron a reunir más de 21,000 volúmenes, convirtiéndolo en el moderno foco de la física newtoniana frente al cartesianismo imperante. Émilie Châtelet fue asimismo autora del destacable Discurso sobre la felicidad, donde abogó por no reprimir deseos ni pasiones, aunque también determinó que «l amor al estudio es la pasión más necesaria» Por eso, lo que Nancy Mitford aborda aquí, en la época de los filósofos y los libertinos, y a través de los duales y complejos Voltaire y Châtelet, dos cerebros brillantes, no es más que la eterna búsqueda de la perfecta unión física e intelectual entre hombres y mujeres.
Ocurre también que los amores mueren como morimos nosotros, pero no pienso desvelar aquí bases, avatares, frutos filosóficos y consecuencias de tan sonada relación, terreno que debe quedar a oscuras para que lo descubran unos lectores doblemente afortunados: aquellos que accederán a este libro para conocer mejor a Voltaire y el siglo XVIII y que, deslumbrados, caerán en los brazos de las irresistibles Émilie du Châtelet y Nancy Mitford. La estupenda traducción, por cierto, contribuye a ello.