martes, octubre 02, 2012

Ruido blanco, Raúl Quinto

La Bella Varsovia, Córdoba, 2012. 56 pp. 10 €

José Luis Gómez Toré

Aunque tengo por costumbre desconfiar de ese peculiar género literario que constituyen los textos de contraportada, en este caso no puedo por menos que citar un fragmento que resulta ciertamente iluminador: “Ruido blanco: señal aleatoria que contiene todas las frecuencias, todas ellas con la misma potencia. Es el sonido del mundo contemporáneo, donde la suma de todas las voces produce un marasmo informativo, un colapso ensordecedor”. En efecto, ese exceso de comunicación que se resuelve en ruido es una de las marcas de una postmodernidad en la que todo texto parece condenado a ser solo cita, como si el anhelo liberador de la autonomía de la palabra que soñó la poesía simbolista se hubiese convertido en la pesadilla de un lenguaje que se multiplica a sí mismo como un cáncer, hasta el punto de convertir todo en un texto ilegible. No es de extrañar que Raúl Quinto (Cartagena, Murcia, 1978) evoque la imagen de un palimpsesto, pero de un palimpsesto que se muestra como la herida de un cadáver, como la peligrosa “intemperie del adentro”.
El cuerpo y la violencia tienen desde luego una destacada presencia en este libro, como ya lo tuvieran en un poemario anterior, La flor de la tortura (2008), pero ni en este título ni en el que ahora comentamos se trata en ningún caso de una mera estetización de la violencia, sino de una necesaria exploración de esa corporalidad amenazada y amenazante que también materia verbal. Raúl Quinto utiliza en esta ocasión como hilo conductor la figura de Christine Chubbuck, periodista estadounidense que se suicidó delante de las cámaras en 1974. La evocación de este suceso histórico podría servir de base a una mirada crítica sobre esa espectacularización de lo real que, como ya denunciara Guy Debord, es una de las notas características de nuestro presente. Así es, en efecto, pero los poemas van más allá: se trata de mostrar el frágil suelo sobre el que pisamos, la imposibilidad de edificar una morada en el vacío.
Fredric Jameson, en su Teoría de la postmodernidad, señalaba cómo ante lo postmoderno, entendido como dinámica cultural del capitalismo tardío, no se podía responder con estrategias ancladas en la modernidad. La técnica de yuxtaposición a modo de rapidísimo zapping o de salto de un hipervínculo a otro en Internet, la inteligente utilización de la elipsis, el constante juego de referencias culturales que encontramos en estos poemas son estrategias típicamente postmodernas (aunque con raíces en las vanguardias), pero, a diferencia de no pocos textos contemporáneos, no revelan ninguna complacencia. En Ruido blanco la violencia es algo más que un tema, es un juego de fuerzas que hace estallar el poema desde dentro. Los fragmentos que recogemos son esa mirada interrogante que Christine Chubbuck lanza a la cámara o el espejo quebrado en el que se mira, como quien se asoma a un precipicio, el lector.