lunes, abril 20, 2015

Márgen de maniobra, César Strawberry

Uno Editorial, Albacete, 2015. 112 pp. 19 € (con disco)

Jaime Valero

Los amantes de la música más ácida e irreverente conocerán a César Strawberry por su militancia en la banda Def Con Dos, que lleva más de dos décadas propagando sus atentados sonoros desde escenarios y estudios de grabación. En paralelo a su actividad musical, César Strawberry también ha desarrollado una trayectoria literaria compuesta, hasta la fecha, por tres novelas y una antología de relatos. La novela que hoy nos ocupa, Margen de maniobra, es la más reciente de su producción y ve la luz al tiempo que el nuevo disco de la banda, titulado Dos tenores. El singular sentido del humor de las letras de Def Con Dos, así como su vitriólica visión del mundo contemporáneo, encuentran su reflejo en las páginas de esta novela, que combina costumbrismo canallesco con fantasía hilarante para contarnos una historia que, en esencia, trata de dar respuesta a las incógnitas que se plantean unos personajes al borde de la llamada crisis de los cuarenta, que van desde el omnipresente «¿qué estoy haciendo con mi vida?” hasta el no menos inquietante “¿qué quiero hacer con ella a partir de ahora?».
Los protagonistas en cuestión son tres amigos de la infancia que se reúnen, después de mucho tiempo sin verse, para acudir al entierro de otro compañero suyo de correrías juveniles. El primero de ellos es Fede, profesor de pintura en una academia y dibujante de cómics en sus ratos libres, que lleva tiempo dándole vueltas a una novela gráfica sobre zombis. Un cómic cuya trama va desarrollando mentalmente a lo largo del libro, en paralelo a los acontecimientos del mundo real. En segundo lugar está Ramón, deslenguado y echado p'alante, que convence a los demás para pegarse una buena juerga en memoria de su amigo desaparecido. Y por último está Guille, el sempiterno mod que se mantiene fiel a los códigos estéticos dictados en los tiempos de los Beatles y los Jam, y que acabó ganándose la vida como diseñador gráfico y publicista. Los tres juntos, tras salir del tanatorio, se embarcan en una excursión lisérgica por las entrañas de un Madrid muy distinto al que recordaban de sus años mozos.
Con una prosa sencilla y directa, cargada de un humor descarado que en ocasiones roza el cinismo, César Strawberry narra con desparpajo las extravagantes situaciones en la que se van metiendo los personajes, mientras Fede desarrolla en su mente una disparatada trama repleta de zombis, militares nostálgicos del régimen y abejas africanas portadoras del virus que convierte a los ciudadanos de a pie en bestias descerebradas hambrientas de carne humana. Lo que podría quedar en simple gamberrada literaria, alcanza cierta profundidad al abordar las inquietudes vitales de estos personajes a los que el paso del tiempo ha obligado a abrazar la madurez, pero que en el fondo se sienten tan perdidos como en la adolescencia. Nos ofrece también una reivindicación del individuo frente al borreguismo al que tiende la masa, un alegato en favor de aquellos que luchan por ser diferentes y no dejarse aplastar por la apisonadora del sistema, que arrolla al individuo a golpe de hipoteca, chalé en la sierra y tarjetazos de crédito en los grandes almacenes. Humor, ingenio, mala leche y un puntito de ternura conforman los principales ingredientes de esta novela, sin demasiadas pretensiones, pero con una formidable honestidad. Lástima que la falta de una corrección más detenida provoque la intromisión de numerosas erratas a lo largo de la obra, que deslucen bastante el resultado final.