miércoles, octubre 08, 2014

Los muertos, Jorge Carrión

Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2014. 240 pp. 19,50 €

Pedro Pujante

En esta primera novela, que ahora se vuelve a editar, Jorge Carrión (Tarragona, 1976) ha creado un mundo propio, con mimbres propios de la ciencia ficción distópica y con una propuesta divergente que se acerca a los productos audiovisuales. Sería difícil explicar esta última consideración sin destripar parte del argumento de esta curiosa novela.
Dividida en cuatro partes, la primera y la tercera (¿temporadas?) son el bloque argumental, mientras que la sección intermedia es un inciso explicativo cercano al falso ensayo, y que sirve de soporte teórico para acercarnos al mundo metaficcional y novelesco que Carrión ha diseñado. La última, llamada , actúa como colofón, y al igual que la tercera, como sustento teórico para comprender las pretensiones del autor, y enlazar Los muertos con sus evidentes o no tan explícitos referentes extraliterarios. La narración ensambla fragmentos, de manera constante pero coherente, a modo de fotogramas de cine, en los que se nos presenta una sociedad muy parecida a esta pero con oscuros matices, distorsiones sutiles y lagunas explicativas que nos abisman en la incógnita. Las personas se materializan de repente en una distópica ciudad, quizá Nueva York, desprovistas de recuerdos y pasado. Para, después, en la segunda parte, comenzar a desvanecerse.
Lo interesante de Los muertos es la originalidad con la que Jorge Carrión nos propone esa realidad alternativa, deudora de Kafka, Los Soprano, Blade Runner, Matrix o Inception. Aunque por el planteamiento narrativo propio de Los muertos y por su tonalidad grisácea y sobria sería más correcto conectar esta premonitoria novela con productos tales como las actuales series televisivas The Leftovers, Les Revenants o la británica Black Mirror. Y es que Los muertos, al crear como decíamos su propio universo ficcional, también posee su estética propia, una estética retro, vanguardista, lúgubre y posmoderna que la convierte en un artefacto sin claros referentes en los que encontrar claves para su análisis. A pesar de que el autor la conecte, como decíamos, en la sección no-narrativa del libro, con otras tantas películas y teleseries.
Las diferentes historias que se entrecruzan de forma constante nos dan cuenta de este mundo extraño y paradójico, casi un infierno dantesco formado por calles y círculos, tecnificado y virtual en el que sus habitantes conviven y se afanan por sobrevivir con la desmemoria y la fatalidad, en busca de un destino o una comunidad que les proporciones las claves necesarias para alimentar su identidad y codificar su conciencia. En definitiva, seres anónimos, con un pasado tenue, que huyen hacia un inmediato presente que no comprenden y que los comprime.
Pero el autor no se contenta con contar una historia; Carrión es un filósofo sutil y ahonda en asuntos tales como el estatus del personaje de ficción, la identidad, la memoria, el sentimiento de pertenencia a un grupo social, la inmigración (más como estado mental que geopolítico), la sociedad de masas, el duelo, la muerte y que, sobre todo, araña en la siempre frágil frontera entre géneros literarios y audiovisuales, entre realidad y ficción. Y esa frontera, siempre movediza, ha sido por fin destruida en Los muertos. De hecho, en la última parte, en un irónico y sorprendente giro metaliterario y borgiano (o vila-matiano o magrittiano), se conjetura la imposibilidad de construir una obra como Los muertos y se desmiente que incluso pueda existir. ¿Esto no es una novela…? En definitiva, Los muertos, por su capacidad de fascinación, su originalidad de argumento, un planteamiento atrevido y una composición formal destacada, se convierte en una lectura adictiva, recomendable y de enorme calidad literaria.
Ahora se ha reeditado en Galaxia Gutenberg, al mismo tiempo que Los huérfanos, la segunda novela que junto a la inédita Los turistas habrá de formar una trilogía: Las huellas.
Yo hasta me atrevería a afirmar que esta es la literatura del futuro. Y si no me creen, ya lo verán.