miércoles, diciembre 10, 2008

La casa de la llave, Mada Alderete Vincent

Ediciones Baile del Sol, Tenerife, 2007. 100 pp. 10 €

Inés Matute

Según dicen los expertos, el maltrato psicológico se basa en comportamientos intencionados, ejecutados desde una posición de poder y encaminados a desvalorizar, producir daño psíquico, destruir la autoestima y reducir la confianza personal de aquel que lo sufre. Su padecimiento lleva a la despersonalización, al mismo tiempo que genera dependencia de la persona que los inflige. El maltratador se vale para ello de insultos, acusaciones, amenazas, críticas destructivas, gritos, manipulaciones, silencios, indiferencias y desprecios. Las agresiones continuadas, tanto verbales como no verbales (el silencio, la indeferencia, los malos gestos, etc), crean una relación siniestra de dependencia entre el maltratador y la víctima. Ambos terminan necesitándose. La víctima porque sola siente que no es nadie y el miedo y la angustia la paralizan, y el maltratador porque se siente que es alguien a través de la dominación que ejerce. La situación de dependencia es tal que la víctima termina protegiendo y disculpando a quien la tortura. Recorre hasta ahí un proceso destructivo en el que va perdiendo la confianza en sí misma y la capacidad de respuesta, se va anulando y va interiorizando que de allí no se sale y abandona toda esperanza. Y todo esto lo sabe muy bien Mada Alderete, periodista, profesora, educadora social y sexóloga. Incluso sabe cómo arrancar un chispazo poético a situaciones que podrían inscribirse, perfectamente, dentro de los parámetros del drama.
Sus escritos, simples en apariencia, tienen mucho que ver con la vida cotidiana: gente que lava ropa, que hace camas, que da de comer a sus hijos mientras dirige la mirada a la pantalla de un móvil y se traga como puede la impaciencia, la angustia o el pánico. Pequeños cuadros costumbristas vinculados al amor, el erotismo y, más recientemente, los malos tratos. Desde un punto de vista honestamente feminista, la autora se echa al monte del sufrimiento con el poemario titulado La casa de la llave, cuyos textos se escribieron en una casa de acogida para mujeres víctimas de la violencia en la provincia de Madrid, entre el verano del 2002 y el otoño del 2006. Con una mirada extremadamente aguda, Mada parece tener un don especial para detectar las contradicciones del alma femenina más allá de donde el dolor se hace visible: Localizada la falla, la poeta dispara una Polaroid que, con pocas palabras, recoge todo un universo en el que víctima y verdugo se machihembran en un juego perverso. Así, quien ha estado a punto de morir por asfixia, justifica a su hombre y añora esas manos que en otro momento la colmaron de caricias. En La lista macabra, la violencia y la alienación llegan a asumirse como algo cotidiano a lo que no hay que dar mayor importancia. Y entre todos estos cuadros de indefensión y descalabro emocional, los hijos, víctimas desde antes de nacer, suelen quedar tarados de por vida, abocados a la repetición de unos roles de autodestrucción y violencia – no han conocido otras pautas de conducta- en el peor y más frecuente de los casos.
Sin sentirme especialmente feminista, ni combativa, y sin que la poesía social o comprometida se cuente entre mis géneros favoritos, admito que esta obra me ha impactado. Es más, recomendaría su lectura a cualquier mujer, haya sufrido o no la violencia en sus propias carnes. Ahí van tres poemas del libro:

El botiquín aquí es un macrobotiquín
algunas mujeres siempre están enfermas
es su forma de autosabotaje
de no afrontar los verdaderos deseos
hoy dudo mucho de cuánto pueda yo ayudarlas
la enfermedad sustituye al enfrentamiento
evita los conflictos internos, tan buenos para crecer
el cuerpo paga las facturas
estoy enferma…. Es fácil autocompadecerse
las mujeres se gastan luchando contra ellas mismas
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Hoy me dice que nunca volvería con él
y mañana está quedando a escondidas
desde fuera se ve fácil
pero yo recuerdo bien
esa enfermiza emoción
el placer de que el perverso te vuelva a mirar con deseo
el goce de recuperar los besos y el sexo del perverso
el triunfo mentiroso de que te pida perdón una vez más
y una vez más te diga bajito, al oído
esas cosas que ya sabéis que dicen,
bajito, al oído.

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Necesitas el dolor para vivir
si eres feliz te rompes un poco
te desorientas, no te reconoces
así que buscas una vez más
algo para quejarte
y demostrarte tu verdadera esencia:
la pena.

Te has acostumbrado ya a la destrucción
cambia de estrategia
no tomes las pastillas que te quitan la conciencia
ven, voy a cogerte
voy a mecerte durante años
hasta que te cures
no, espera, no me dejan tocarte tanto
te asombras de mi mirada, porque me he quedado en blanco
extiendes tu mano
te doy las pastillas
un vaso de agua
haces una broma
sobre tu suicidio
pero no te toco
en este trabajo se habla, se educa
pero no se toca.

Ya lo sabéis: La casa de la llave esconde muchos secretos.
Hasta que dejan de serlo y se vuelven noticia macabra en los telediarios.