lunes, diciembre 22, 2008

Cuatro veces fuego, Lara Moreno

Tropo, Zaragoza, 2008. 249 pp. 15 €

Recaredo Veredas

El lector que se adentre en las páginas de este libro hallará seres humanos arrastrados hasta sus límites, hacia fronteras difíciles de trazar, que no son siempre las suyas o las de sus semejantes pero que, gracias al talento de su autora, percibe como irremediables. Aunque el destino de los personajes, emplazados casi siempre —lo sepan o no— en situaciones epifánicas, se encuentre muy lejos del suyo e incluso sus decisiones le parezcan fruto de la insanía, finalmente comprenderá que siguen una lógica —definida por criterios alejados de lo habitualmente marcado como razón— casi inapelable.
Cuatro veces fuego ha sido escrito por la narradora y poeta Lara Moreno. Está en dividido en cuatro partes, tituladas “Los pequeños fuegos”, “La búsqueda”, “Criaturas” y “Cortafuegos”, metáforas nítidas, aunque no manifiestas, de su contenido. Lara Moreno no es una autora novel: ha ejercido de editora en la recopilación poética Aquí y ahora (Igriega Movimiento Cultural, 2008) y ha escrito el poemario La herida costumbre (Puerta del Mar, 2008) y el libro de relatos Casi todas las tijeras (Quorum, 2004).
No es fácil hallar en la literatura española autores —jóvenes o maduros— que combinen con tanto desparpajo atrevimiento formal, historias verosímiles y personajes creíbles. El registro que predomina en estos relatos es lírico, sumamente apoyado en recursos expresivos que recuerdan el pasado poético de su creadora. Lara Moreno sabe endurecer o suavizar el tono cuando es necesario, sin recurrir a rupturas demasiado bruscas o excesos informativos. Además, como toda buena escritora, controla la descripción de espacios, que resultan absolutamente significativos e influyen con determinación en la conducta de los personajes, a veces con el vigor de un protagonista más. Sobre todo el mar, un espacio que atrae, fascina y condena a los personajes al mismo tiempo.
Narrar sentimientos y situaciones extremas no es fácil y menos en primera persona. Lara Moreno toma, sin que el lector apenas lo perciba salvo por la claridad de lo contado, la distancia necesaria, aquélla que le permite moldear sus relatos y ayuda a que su estructura y su forma encajen a la perfección con lo que desea transmitir. Es la suya una actitud que implica un riesgo desmesurado: se emplaza en la frontera de un caos en el que nunca cae.
Sus mejores textos son los escritos en primera persona, los más subjetivos, en los que se introduce plenamente bajo la piel de los personajes para mostrarnos su verdad, ajena a lo común, pero no por ello menos cierta, gracias a su capacidad para adentrarse en el alma humana. Aparecen en estas páginas temas actuales y clásicos, incluso añejos, realzados por la inmarcesibilidad de los sentimientos. No es una literatura fácil, como tampoco es simple el encuentro con las zonas más remotas, menos exhibidas, de nosotros mismos.