miércoles, noviembre 26, 2008

Doble mirada: Todo un placer. Antología de relatos eróticos femeninos, VV.AA.

Selección y prólogo de Elena Medel. Berenice / Books4pocket, Córdoba, 2008. 192 pp. 7 €

1. Ignacio Sanz

El libro que ahora reseño lleva ya tres años largos en el mercado, pero me ocupo de él porque Berenice lo ha publicado en su colección de bolsillo, dándole nuevo aliento y poniéndolo a disposición de nuevos lectores.
Se trata de un libro exclusivamente femenino; tanto la introducción como la selección han corrido a cargo de la poeta Elena Medel. Resulta sorprendente el rastreo minucioso que despliega Medel por el mundo narrativo femenino. Como si no hubiera escritora por remota que fuera que escapara a su control; se encarga Medel de poner las cartas boca arriba y de reivindicar un espacio para la mujer que, pese a ciertas campañas, no deja de ser la parte más invisible del mundo literario.
El libro resulta interesante porque ofrece una panorámica de la narrativa femenina que nos permite catar el estilo de diez escritoras variopintas nacidas entre 1962 y 1976, si descontamos a la propia antóloga, una muchacha precoz que vino al mundo en 1985.
Las escritoras invitadas a participar con un relato son Pilar Adón, Cristina Cerrada, Espido Freire, Esther García Llovet, Paula Izquierdo, Ana Prieto Nadal, Eugenia Rico, Cristina Sánchez Andrade, Care Santos y Marta Sanz.
La bibliografía, los premios y el reconocimiento alcanzado por algunas de estas autoras, pienso sobre todo en Freire, Izquierdo, Rico, Santos o Sanz, desmienten, al menos de manera parcial, algunos de los argumentos que Medel desliza en la introducción.
Pero vayamos con los relatos. El hilo conductor de todos es la pasión y la sensualidad. A veces esa pasión viene sofrenada por las buenas formas, mientras que en ocasiones se desata y nos lleva por el erotismo más explícito. Caramba con las mujeres, cómo se las gastan. Es verdad que Almudena Grandes o Mercedes Abad ya lo habían abordado el género con verdadera maestría. Este lector gusta más de aquellos en los que el erotismo no sólo se insinúa, sino que aparece de manera descarnada, aquellos que incitan a la lectura con una sola mano como dijera Baudelaire. El libro tiene, por tanto, cierto peligro para ser leído en una playa, al menos por el género opuesto porque deja al descubierto ciertas respuestas en la anatomía.
En todos los casos resulta una lectura placentera en el doble sentido de la palabra, una lectura que nos permite acercarnos al universo femenino y comprobar cómo encontramos en él tantos estilos y sensibilidades como personas. En definitiva, que no estamos ante un mundo unívoco. Un aserto por otro lado muy repetido.
Me han impresionado de manera especial los relatos de Paula Izquierdo, por su contundencia, su brevedad y lo bien que resuelve con una mirada cinematográfica su historia. El de Care Santos está escrito desde el fetichismo sexual, tomando como objeto una muñeca. El más complejo y ambicioso acaso sea el de Marta Sanz. El de Ana Prieto Nadal destaca por la intensidad lírica del lenguaje.
Pero es la variedad, este conjunto de voces y de registros narrativos, lo que aporta riqueza y hace interesante el libro. Por lo demás es un gusto que sean ellas, siguiendo el rastro de otras grandes agitadoras, las que se sumen a la tarea de alborotar nuestras cabezas.

2. Fernando Sánchez Calvo

Excitación sin catástrofes. Eso es Todo un placer. O lo que es lo mismo: eso es cada uno de los diez relatos eróticos escritos por mujeres que componen la recopilación prologada y seleccionada por Elena Medel y publicada por Editorial Berenice. Autoras tan diversas como Esther García Llovet, Cristina Sánchez Andrade, Espido Freire, Care Santos o Pilar Adón (de cuyo relato, La influencia de Marte, hemos adoptado la definición del placer) copan estas páginas con mayor o menor intimismo, pero con una intención común: el hecho de que el erotismo o el despertar sexual trae amargura, pesadumbre, ansiedad, frustración, “incluso” sufrimiento, pero también trae aprendizaje.
Aprender sufriendo, pero sin catástrofes. Saber que el amor, saber que el placer, deriva casi siempre en un drama; pocas veces en tragedia. No vamos a descubrir a día de hoy la revolución femenina en las letras (aunque, como bien apunta Elena Medel, aún apenas representa un cuarto de la producción escrita en España). Tampoco se trata de exhibir el erotismo como arma de reivindicación de la libertad para la mujer. Atrás quedaron los años en los que autoras como Carson McCullers en Estados Unidos o Marguerite Duras en Francia aprovecharon la literatura para descubrirse delante de la sociedad. Atrás quedaron los años también en los que Almudena Grandes y Las edades de Lulú arrancaron a gran parte de los españoles (más que a españolas) ciertos comentarios o asombros. En Todo un placer dicha revelación sobra, no hace falta, es un paso que ya se ha dado. No se trata de provocar (el sexo, en ese sentido, quedó agotado y sobreagotado con Bukowski). De lo que se trata ahora es de explotar las distintas vías formales por las que hemos de llegar a comprender que erotismo (pocas veces pornografía) y aprendizaje van de la mano.
Los estilos de los cuentos son diversos. El lector se podrá encontrar con una vertiente más o menos realista (Véase Playa Monza de Esther García Llovet), otra más o menos lírica (69, Amor de Cristina Sánchez Andrade) e, incluso, una línea vanguardista (Variaciones sobre el montaje de una mujer articulada, de Care Santos) donde el Yo femenino, en la mayoría de las ocasiones protagonista de estos relatos, gana una nueva identidad gracias a la emotiva artificialidad de las muñecas. De todos modos, y por lo menos en un par de relatos de la antología, el hombre se apodera de la voz narrativa, lo cual supone todo un ejercicio de distanciamiento que en la literatura femenina poco se había visto hasta ahora. Hombres en ocasiones perturbados, a veces enfermizos, pero que al igual que sus compañeras adquieren una pátina de sacrificio, de ingenuo mártir que admite el sufrimiento como etapa indispensable para llegar al amor o, en su virtud, al placer.
Objeto o sujeto, quien entra en el juego sabe a lo que se atiene. La literatura, como el sexo, duele, “ma non troppo”. Excitación sin catástrofes.