miércoles, diciembre 23, 2015

La ciudad de las desapariciones, Iain Sinclair


Trad. Javier Calvo. Alpha Decay, Barcelona, 2015. 288 pp. 22,90 €

Daniel Sánchez Pardos

En el breve prólogo que encabeza esta selección de textos de Iain Sinclair, Javier Calvo, compilador y traductor del volumen, reflexiona sobre la extraña suerte que hasta el momento ha corrido en España la obra de este –para nosotros– casi secreto escritor inglés. En su país, Iain Sinclair es una figura de culto que ha alcanzado también, en los últimos años, un inesperado éxito comercial con una serie de libros que combinan la psicogeografía y el activismo político, la historia secreta y el comentario social, la poesía y el periodismo, y cuyo vehículo de expresión es una prosa obsesiva y circular que fluye con la cadencia alucinante de un viejo ritual pagano. Su imaginario personal, construido libro a libro desde principios de los años 70, ha influido profundamente en autores bien conocidos en nuestro país como Peter Ackroyd, Will Self, A. S. Byatt o Alan Moore, cuya novela gráfica From Hell deriva directamente de la relectura que Sinclair hiciera en clave mítica y simbólica de los asesinatos de Jack el Destripador en su libro White Chappell, Scarlet Tracings. Las ideas de Iain Sinclair no nos son, por tanto, desconocidas, aunque hayan tenido que llegarnos de segunda mano o reformuladas por autores de mayor vocación popular; y sin embargo, La ciudad de las desapariciones es el primer libro suyo que tenemos ocasión de leer en español.
Una posible razón de este extraño olvido al que ha sido sometido el autor en nuestro país es, tal vez, la naturaleza estrictamente local de su obra. Todos los textos que conforman este volumen tienen por motivo central a la ciudad de Londres, y los referentes que se manejan en ellos son, indefectiblemente, una serie de personajes y asuntos ingleses que con frecuencia pueden resultar ajenos a un lector no particulamente anglófilo. La disposición topográfica de las iglesias de Nicholas Hawksmoor en la City, el cortejo fúnebre de uno de los gemelos Kray por las calles del East End, la gentrificación forzosa del barrio de Hackney y de los distritos afectados por la remodelación olímpica de 2012 o las implicaciones socioculturales del gran proyecto de autopista orbital M25 no son, a primera vista, temas que deban interesar necesariamente a un lector español, del mismo modo que la tradición literaria en la que Sinclair se inserta orgullosamente –la tradición de los grandes visionarios londinenses, desde William Blake y Thomas De Quincey hasta Arthur Machen o el T. S. Elliot de La tierra baldía– dota a su escritura de unos ritmos y una ambiciones que también nos son en buena parte ajenos.
Y sin embargo, basta con leer el primero de los textos que componen esta colección para comprender que el proyecto de Iain Sinclair no sólo es absolutamente relevante para cualquier lector, no importa cuáles sean su nacionalidad o sus referentes culturales: también es un reto intelectual de primer orden, una fiesta para los sentidos y una provocación continua a la reflexión. Ese texto inicial se titula "Nicholas Hawksmoor: sus iglesias", y sus treinta páginas escasas contienen el germen de todo lo bueno que Sinclair es capaz de ofrecernos: sensibilidad histórica, imaginación desbordada, firme conciencia social, un surtido inagotable de erudiciones caprichosas y de intuiciones abracadabrantes, un don infalible para la asociación inédita de ideas y para la observación inesperada y, sobre todo, un talento verbal al alcance de muy pocos escritores. La prosa de Iain Sinclair, en efecto, no se parece a la de ningún otro autor contemporáneo. Los ritmos de su frase, como los de su pensamiento, parecen acompasarse de forma natural a los vagabundeos dirigidos que están en la base de todos sus textos, esas expediciones interminables por las calles de Londres que le llevan a descubrir en cada piedra, en cada esquina, en el rostro de cada transeúnte, el peso acumulado de una historia milenaria –la historia de Londres: la historia del mundo– que explica nuestro presente y profetiza nuestro futuro y que conforma nuestro más íntimo ser. Desde los viejos cultos mistéricos en honor a Mitra hasta los modernos obeliscos de cristal que hoy se alzan en la City, desde las corrientes de los ríos subterráneos que circulan bajo el suelo de Londres hasta los platos de las antenas parabólicas que apuntan hacia su cielo: todo cabe en un solo párrafo, en una sola frase de Iain Sinclair.
No es exagerado afirmar que la obra entera de Peter Ackroyd, el gran biógrafo moderno de Londres, está en esencia contenida en este breve ensayo inicial, cuya idea central –la relectura en clave esotérica de las iglesias de Nicholas Haksmoor y su disposición sobre el plano de la City– es la misma que alimentó la primera novela importante de Ackroyd, La sombra de Hawksmoor, y cuya tesis profunda, la continuidad inquebrantable de la historia sobre un terreno esencialmente sagrado, es la misma que alienta cada página de la monumental Londres: una biografía. Pero los siguientes textos que componen La ciudad de las desapariciones resultan igualmente fascinantes. No se pierdan, por ejemplo, "El perro y la parabólica", con su relectura simbólica de la historia de violencia de la capital inglesa a través de la peripecia de los mafiosos gemelos Kray y de la fascinación nacional por los perros de pelea, o "Toros, osos y desalineamientos mitraicos: la intemperie de la City", donde se ponen en contacto la profunda historia sagrada de la Milla Cuadrada con su presente regido por el flujo continuo del capital, o "Mis Olimpiadas", el breve artículo que cierra el volumen, en el que Sinclair ofrece una espléndida lección de prosa de combate dirigida contra la última gran operación especulativa llevada a cabo en Londres.
Un último apunte para destacar el asombroso trabajo de Javier Calvo, compilador y traductor de este libro. Resumir cuatro décadas de escritura compulsiva en un volumen de menos de trescientas páginas parece un reto casi tan demencial como tratar de verter al castellano la prosa hipnótica y retorcida de Iain Sinclair. Increíblemente, Javier Calvo ha superado ambos retos con matrícula de honor. La ciudad de las desapariciones ofrece una panorámica completa de la obra de Iain Sinclair sin dejar de leerse a la vez como un volumen unitario, una narrativa continua que avanza en el tiempo sin perder coherencia ni desviarse de su objetivo inicial. Y su traducción de la prosa de Sinclair es sencillamente magistral: rica en matices, profundamente visual, misteriosa en ocasiones, siempre elegante, compleja y sinuosa como el trazado milenario de las calles de Londres. Una maravilla que no se deberían perder.