lunes, diciembre 13, 2010

El hombre que mató a Durruti, Pedro de Paz

Aladena, Málaga, 2010. 120 pp. 14 €

Miguel Baquero

Hay libros que, por encima de las circunstancias y las trampas del mercado, están llamados a destacar y probablemente a permanecer. Libros que, sin mayor ayuda que sus lectores, en un boca a boca paciente y constante, alcanzan un reconocimiento, segundas ediciones, y son vertidas a otros idiomas. Es el caso de El hombre que mató a Durruti, la primera novela escrita por Pedro de Paz (Madrid, 1969; autor también de El documento Saldaña y Muñecas tras el cristal). Editada originariamente en el año 2003, en el momento de su edición ganó el premio José Saramago de novela corta y hoy vuelve a las librerías, tras haber sido traducida al inglés, en una nueva edición, ampliada y comentada, a cargo de la editorial Aladena.
En El hombre que mató a Durruti, novela, como se ha dicho, con la que el autor se inició en la escritura y publicación de un libro, Pedro de Paz intentó conjugar dos de sus grandes pasiones, como son el estudio del periodo histórico correspondiente a la Guerra Civil española, y la novela policíaca. Para ello, De Paz centró su atención en un acontecimiento de aquellos días sobre el que, tantos años después, y quizás para siempre, siguen existiendo sombras, como fue la muerte del líder anarquista Buenaventura Durruti. Oficialmente, Durruti fue alcanzado por la bala perdida de un francotirador en una de sus inspecciones al frente establecido en la Ciudad Universitaria; pero ya desde el primer momento fue cuestionada esa versión y se barajaron otras hipótesis que desmontaban lo difundido por las autoridades y posteriormente por los historiadores.
Sobre la base de ese suceso que siempre se ha presentado confuso, De Paz traza una historia en la que, varios meses después de la muerte del cenetista, dos mandos del ejército republicano, ex policías en tiempos civiles, reciben el secreto encargo de establecer las verdaderas circunstancias de la muerte. Sus pesquisas, que parecen avanzar por buen camino (es decir, por camino diferente al de la versión oficial), pronto se verán entorpecidas por una serie de personajes interesados en que no se remueva el hecho. Porque la conclusión a la que, finalmente, llegan el comandante Fernández Durán y el teniente Alcázar resultará, desde luego, además de sorprendente, incómoda y perjudicial para muchos sectores.
Uno de los mayores méritos de esta novela es que, igual que sucediera con Poe, quien, desde la distancia y la atenta lectura de los periódicos, sólo que desde otra perspectiva, pudo solucionar un caso criminal en El misterio de Marie Roget, aquí Pedro de Paz da realmente con una solución para la turbia muerte de Buenaventura Durruti. La solución más posible, según posteriormente han reconocido varios historiadores, teniendo en cuenta la documentación, exhaustiva y exacta, que maneja el autor. Aunque se trate solamente de una teoría, el lector de esta novela reconocerá que parece ser, sin duda, la más aceptable. Incluso con su sorprendente vuelca de tuerca final.
El otro mérito de la novela es su estilo, sencillo, directo al objetivo, pero tampoco rápido ni desaliñado. Un estilo sereno y pausado que se detiene en su justa medida para darnos una hondura psicológica de los personajes y pintarnos los escenarios con la vivacidad requerida. Un estilo, en fin, maduro y pleno, sorprendente al tratarse de una primera novela y que ya apuntaba las maneras y el oficio que llevarían en años sucesivos a De Paz a escribir magníficas novelas.
Señalar, por último, que en esta segunda edición el libro se completa con varias páginas dedicadas al estudio de la vida y peripecias de Buenaventura Durruti, un hombre de quien se dijo que su vida “es imposible de narrar. Se parece demasiado a una novela de aventuras” (Ehrenburg), y asimismo con varias averiguaciones posteriores relativas a otro de los personajes fundamentales de este relato, el sargento Manzana, que dan noticia de los últimos años de su vida, una vez ya exiliado en México al final de la contienda.