miércoles, marzo 03, 2010

La piel afilada. Bestiario de amantes, Josan Hatero

Alfaguara, Madrid, 2010. 232 pp. 17 €

María Ruisánchez Ortega

La portada de este libro, en la que un dedo dibujado sobre unos labios de una mujer también dibujada, pero que cobra vida, y te susurra: Suuu, es un secreto, te llama, incitándote a abrirlo. Si te atreves, busca la soledad, permanece en silencio y déjate llevar porque vas a aprender, vas a reír, sentirás tristeza, una nostalgia agarrándose a tus recuerdos, y a cambio, tu imaginación va a volar, reconociéndose en las páginas, recordando a los amantes que has tenido y soñando con los que vendrán.
Una faja roja con una llave nos pregunta a modo de reclamo: ¿y tú que tipo de amante eres? Una pregunta francamente difícil de contestar, incluso habiéndote leído el libro de cabo a rabo, definición por definición... Ya que cuesta reconocerse, quizá sea porque una sola definición no nos alcance, quizá sea porque con cada persona, amante, aventura o delirio ocupamos roles distintos.
Estés o no en el catálogo de La piel afilada disfrutarás sumergiéndote en ese apasionante recorrido de amantes, personas y modus operandi que has sido, eres o serás. La idea de recopilar amantes en un bestiario nace, según Josan Hatero, de la conjunción de otros tres libros: Las ciudades invisibles de Italo Calvino, El libro de los seres imaginarios de Jorge Luis Borges y Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters; de la pregunta que el propio autor se hizo, cuántos tipos de amantes hay; y de la necesidad de catalogarlos. Así que este libro es un compendio de maneras de amar, actuar y desear. Definiciones intercaladas por testimonios de personas que hablan de su propia experiencia, de sus relaciones, y que nos dejan un profundo regusto a melancolía, pues todas ellas están solas, han amado, han perdido, pero siguen caminando, unos comprendiendo que eso es la vida, y otros anhelando esa mitad que les haga más llevadero el viaje. Os transcribo uno: «Me llamo Sonia. Estoy divorciada. tengo treinta y un años. Vivo sola. Tres semanas después de que él se fuera, descubrí que había olvidado su segundo apellido. Seis años de casados y no podía recordar su segundo y estúpido apellido. Busqué nuestras viejas fotos, como si la expresión de una cara o su mirada o un gesto de sus manos pudiera hacerme recordar. Miré todas las fotos una por una y, tras tres semanas de pura ausencia, eché a llorar. Su segundo apellido era lo único de él que había conseguido olvidar.»
Estos testimonios son interjecciones, hondas voces en primera persona que dan vida al rosario de amantes, que recuerda a aquel anuncio de Coca Cola: para los listos, para los tontos, para los altos, para los bajos, para los feos, para los guapos... Para todos, pero con nombres mucho más evocadores, hay amantes narcolépticos, afilados, contables, enterrados, ausentes, exploradores, sin remedio, turistas, boomerangs... Cada uno con su particular definición, que los describe escudriñándolos, relatando paso a paso, cómo respiran, se mueven, te desean, te aman o te olvidan. El autor unas veces recurre a la enumeración de virtudes o defectos que tiene ese tipo de amante, y otras, en cambio, te traslada a una típica situación que acontecería con ese particular amante. Logrando entonces que viajes hasta ellos y te conviertas en el objeto de su deseo. Es por tanto un libro intenso, pero imprescindible para conocerse a uno mismo.
Goza también Josan Hatero de un fino sentido del humor, que si no provoca la carcajada, sí que logra esbozar sonrisas límpidas, sanas... Recurre en muchas ocasiones a la falsa cita, lo cuál, ya en sí es divertido porque eleva el amor a la categoría de ciencia, con expertos amantólogos que se dedican a estudiarnos al igual que los entomólogos catalogan insectos. Por cierto, dicen que hay miles de especies de insectos sin descubrir, de la misma forma creo que Josan Hatero ha hecho un excepcional trabajo con su cazamariposas, pero me gustaría pensar que hay cientos de amantes esperándonos, aún sin catalogar, para sorprendernos. Entre mis definiciones favoritas están los amantes dinosaurios que cuando te despiertas, todavía están ahí, o los Bartleby que preferirían no hacerlo.
Es inevitable preguntarse al leer el libro, cuál de ellos será uno mismo, pero cómo decía, esta pregunta no es nada sencilla. A menudo nos resulta mucho más fácil reconocer a los otros, que a nosotros mismos, será porque desde nuestro interior, no tendremos perspectiva, somos sumamente subjetivos. No obstante, Josan Hatero, en un guiño al lector, se defiende a sí mismo con el epígrafe del recopilador y nos habla de sus propósitos: estudiar diferentes especies para entender quién es, cuál es su lugar, por qué le gusta tanto la soledad, y que sentido tienen todo esto. No sé si habrá conseguido contestarse escribiendo el libro, pero sin duda ha conseguido que el lector ponga en marcha ese mismo mecanismo. La búsqueda, la intensidad del recuerdo y la ensoñación te persiguen paso a paso, página a página, porque después del sexo ya no eres igual, ya nada puede ser lo mismo.
No se puede comentar La piel afilada sin mencionar las maravillosas ilustraciones de Montse Bernal, que acompañan perfectamente la narración, dotándola de ese encanto que tienen las miradas perdidas y los labios rojos. La belleza de los trazos, la pulcritud de sus dibujos acompaña a la belleza de las palabras de Hatero, y al final el libro se convierte en un compendio de hermosura, para amantes Stendhal (se me permita sumar uno a la lista) sobre las páginas, en rojo y negro, que logra sacudirte todos los sentidos y dejarte embelesado. Un libro, en conjunto, francamente hermoso.