martes, junio 05, 2007

Alumbramiento, Andrés Neuman

Páginas de Espuma, Madrid, 2006. 166 páginas. 14€

Luis Manuel Ruiz

Se ha hablado de él como el clásico indiscutible de nuestra generación, esa entidad difusa que abarca a los nacidos entre el 68 y el 86, y revisando su abultado currículo cuesta no rendirse al dictamen: Andrés Neuman ha sabido comprimir en ocho años de carrera una bibliografía que disculparía a cualquier otro escritor menos prolífico o versátil. Iniciado en el campo de la poesía con una adaptación personal de los postulados de la Escuela de la Experiencia, Neuman se lanzó enseguida al género en el que parece hallarse más cómodo y que sin duda le ha ofrecido mejores frutos, el relato corto, picoteando también en la novela experimental o la new age —así, La vida en las ventanas (Espasa, 2002), una iluminadora reflexión sobre el universo paralelo de Internet—. Concentrado, más sintético que analítico, el estilo de Neuman da lo mejor de sí en las distancias cortas, y por ello no sorprende que se haya atrevido incluso con esa exigente variedad de la poesía que es el aforismo. El desigual resultado se halla en cualquiera de los decálogos, dodecálogos o folletos de instrucciones narrativas que suelen cerrar sus libros de cuentos, o en el muy curioso y atípico El equilibrista (Acantilado, 2005).
Alumbramiento, la obra que nos ocupa, transita por los mismos rumbos de sus anteriores recopilaciones: textos de extensión irregular, con un estilo abrillantado y con frecuentes concesiones a la lírica que se encargan de orear, o al menos de intentarlo, los aspectos menos descubiertos de nuestra experiencia cotidiana. La primera parte del libro se compone de una serie de cuentos que procuran alumbrar (el título no es ocioso) el rol masculino tal y como nuestra sociedad lo ha concebido para hacer hincapié en sus límites y contradicciones. El texto que abre el volumen y le presta nombre define ya los objetivos de esta primera parte: en un quirófano, un hombre va a dar a luz. Del punto de vista que Neuman adopta parece poder desprenderse que la masculinidad renuncia a menudo, por superstición, por hábito, por presión social, a una zona de sombra que podría contribuir a enriquecerla y a aproximarla a ese lado contrario del que tradicionalmente se la desvincula, el mundo de la mujer, si es que esa expresión posee algún sentido. La segunda parte, tal vez la más conseguida, contiene una exhibición del talento de Neuman para la miniatura: según él mismo define esta colección de microrrelatos o short shorts, se trata de “una colección de chispazos narrativos, otra forma de alumbramiento”. Con su habitual desenvoltura para la frase corta, nos ofrece un ramillete de reflexiones, chistes, agudezas sobre los temas que le son más predilectos: la ambigüedad del deseo, la distancia entre el ser y sus sucedáneos, la educación sentimental de la primera infancia. Tras una tercera parte dedicada a divagaciones irónicas sobre el mundo literario y sus alrededores (la traducción, la lectura, el autor y sus dobles), el libro se cierra con los acostumbrados códigos de leyes con que Neuman sigue instruyéndonos en el arte de la escritura creativa y que algún día, supongo, recogerá bajo un título común como Instrucciones para dar cuerda a un cuento o algo similar. Uno puede estar de acuerdo o no con su poética, pero es de justicia reconocer que esta continua labor de feed back y la meditación sobre la propia labor literaria contribuyen a iluminar muchos aspectos de la profesión que a menudo pasan desapercibidos en el acto de la escritura.
En suma, Alumbramiento parece un capítulo más de la ingente obra que Neuman construye desde sus inicios: una epopeya en estilo menor de nuestras perplejidades cotidianas, una mirada tierna, lúcida, humorística al mundo que nos envuelve y que en ocasiones no coincide con las postales que tratan de retratarlo.