lunes, febrero 15, 2016

Barbarie, Andrés García Cerdán


XIX Premio Alegría de Poesía del Ayuntamiento de Santander. Rialp, Madrid, 2015. 65 pp. 9,50 €

Ariadna G. García

Sorprende y emociona ver la evolución de un poeta desde sus primeros libros al último, desde sus primeros bandazos en el aire al dominio absoluto de la técnicas de vuelo, de las corrientes de viento y de su musculatura. Es el caso de Andrés García Cerdán. Una amiga común (Laura Nocciòli, estudiante Erasmus en el Albacete de finales de los 90 y de doctorado en la Complutense del 2001) me regaló su segundo poemario Los buenos tiempos (Premio del Ayuntamiento de Ciudad Real) allá por 2002. Obra tierna y gamberra, habla del (des)amor, la memoria, el sexo y el rock and roll con un estilo irónico que rinde homenaje a sus maestros (César Vallejo, José Martí, Nicanor Parra, Leopoldo María Panero, Charles Bukowski o Bob Dylan). Ya en estas páginas Andrés apunta al blanco de su más reciente publicación, Barbarie, en versos cargados de intención política como este: «No hay patria que no sea caminar sobre golpes». El libro por el que ha merecido el Premio Alegría 2015 supone la consagración de su autor. Su visión del mundo oscila entre dos platillos: por un lado, considera inaceptable el Estado Islámico y el terrorismo yihadista (léanse los poemas “Los bárbaros” y un texto de antología: “Fresas”); y por otro vascula hacia el lado contrario: el canto hímnico de la plenitud (“Arroyos”, “La muerte del derviche”). Denuncia y mística; violencia y panteísmo; la noche y el día que se funden en un libro maduro, reflexivo, de ritmo impecable e imágenes hermosas: «a tu alrededor/como grandes cerezas silenciosas/giran y giran los planetas. Dentro de ti se mueve una corriente/de cenizas antiguas.» (pág. 56). Jorge Riechmann apela a que el compromiso primero de un poeta es con la poesía y después con su tiempo. Andrés García Cerdán es un apóstol de este credo literario. Defiende la causa de la libertad criticando el odio del ISIS, pero también la hipocresía occidental («¿A qué precio se vende el mármol mítico/en los mercados europeos?» pág. 21); sin descuidar por ello la belleza estética. Valga por ejemplo el poema Ludus Magnus, donde el ritmo cadencioso del endecasílabo y los encabalgamientos suaves sirven para introducir y desarrollar el tema del paso del tiempo, los heptasílabos focalizan imágenes y los encabalgamientos abruptos nos llaman la atención sobre conceptos («qué es/vivir»). A los motivos consagrados por la tradición, como el de las ruinas romanas (que leemos en autores como Rodrigo Caro) suma Andrés la amenaza yihadista y la relevancia de la Realidad 2.0 para la propagación de videos virales. Andrés ha sometido su poética a un proceso de destilación, de refinación. Y como resultado, Barbarie es sin duda uno de los poemarios más interesantes que nos dejado la cosecha del 2015.