viernes, febrero 26, 2016

Cuentos completos, E. L. Doctorow


Trad. Carlos Milla, Isabel Ferrer, Jesús Pardo y Gabriela Bustelo.
Malpaso, Barcelona, 2015. 504 pp. 22 €

Salvador Gutiérrez Solís

La editorial española Malpaso tuvo la suerte de recibir del propio E. L. Doctorow la recopilación de sus Cuentos completos, ordenados por él mismo. Mucho más que una primicia, un auténtico tesoro literario que la desdicha ha convertido casi en un testamento, ya que el escritor norteamericano falleció poco tiempo después de enviar a los editores españoles su obra.
Buena parte de los lectores de Doctorow tuvimos conocimiento de su existencia gracias al cine, a la adaptación de algunas de sus novelas más célebres, entre las que destacan Ragtime y Billy Bathgate. Pero Doctorow es mucho más que es un escritor de películas, cabe considerarlo como uno de los grandes cronistas de la sociedad norteamericana de los últimos cincuenta años.
En estos Cuentos completos recorremos esas interminables carreteras que tan bien nos ha mostrado Wim Wenders, en su filmografía, que suene Ry Cooder, en compañía de mujeres y hombres abrumados por su presente, presos de su pasado y angustiados por su futuro. Parejas que fracasan, familias que se desmiembran como una muñeca rota, hijos que reniegan de sus padres y padres que no tienen respuestas que ofrecer. El relato de un país sumido por los efectos de una guerra en el corazón del odio y de las tinieblas, la corrupción estructural de su clase político y una economía que azota a la clase media.
Descarnado, vibrante, desnudo, certero, preciso, comedido en las descripciones, versátil con los silencios, despojado de cualquier calificación, Doctorow nos muestra una sociedad que se hunde en el pasado y que no atisba una luz en el final del túnel, bien porque nadie se la muestra o bien porque, sencillamente, no existe. O porque nadie la busca. Una sociedad en la indefinición.
Doctorow traslada a sus relatos el latido de su tiempo, lo que llega a provocar en el lector un estado que me atrevería a calificar como de desasosiego, ya que es tal la nitidez, la realidad, de las situaciones y de los personajes que nos muestra, que es prácticamente imposible mantenerse al margen. En la piel de estos Cuentos completos podemos encontrar nuestra propia piel, con sus cicatrices sin curar, con sus quemaduras provocadas por el paso del tiempo. Una descarnada y honesta, y por tanto real, lección de Literatura.