miércoles, febrero 24, 2016

La brújula del universo, Mario de los Santos


Pregunta Ediciones, Zaragoza, 2015. 234 pp. 13,50 €

Miguel Carcasona

Zaragoza. Año 2058. Se celebran los 50 años de la Expo del agua y los 250 de Los Sitios. Alzamora, un antropólogo de segunda, con ayuda de su becario Pierre, encuentra la única jota escrita en francés que se conoce, compuesta durante la Guerra de la Independencia. La presenta en sociedad de un modo efectista: una amiga de Pierre, cantante en un grupo post-punk, completamente ebria, la interpreta ante los congregados en un congreso científico. Sin querer, han dado con la brújula del universo, lo que desencadenará un hecho insólito: al cantar la jota se convoca a la Zaragoza del segundo Sitio, que se superpondrá a la del presente. Como si fuesen espectadores de una película tridimensional, los habitantes del siglo XXI pueden ver y escuchar con nitidez los sucesos del XIX, pero no al revés. Los universos son paralelos, en principio; nada de lo que sucede en uno puede afectar al otro. En principio.
Basándose en la Teoría de los universos múltiples de Everett, Mario de los Santos plantea una novela multidisciplinar: novela de intriga, con la pesquisas para intentar descifrar la letra de la Jota; novela histórica, al narrarse con esmero diversos acontecimientos de Los Sitios, y novela de ciencia ficción, en la línea de Stanislav Lem, con una mezcla de auténtica ciencia, planteamientos sociales, económicos y filosóficos. Todo ello trufado con un constante humor socarrón —a ratos, ácido— que lo mismo alcanza a situaciones cotidianas como a lo social y político, con especial mención para el mundo universitario. Debe destacarse —incluso sorprende— el papel de la Jota y el afán por rescatarla como canto popular, liberándola de corsés un tanto rancios.
De los Santos, doctor en Química, novelista de amplio bagaje cuya trayectoria ha sido reconocida con varios premios, productor de cortometrajes y editor durante una década de Tropo Editores, demuestra dominar los niveles en los que indaga y apuesta sin ambages por el apoyo al débil y la valoración del esfuerzo colectivo, anónimo a menudo, frente a los grandes nombres y hazañas. «Hemos nacido en una época afortunada: la época de la anestesia» dice un personaje, y el autor lucha por despertar al lector de esa anestesia. A la novela le viene como anillo al dedo esta reflexión de Karl Marx, escrita en El 18 brumario de Luis Bonaparte: «Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado.»
Los protagonistas se agrupan en tres parejas que simbolizan otros tantos estados vitales: la juventud impetuosa, el matrimonio estable y la desesperanza que halla consuelo en un amor maduro. Destaca la joven intérprete de la jota: física brillante y cantante en un grupo punk, su iconoclasia puede servir como retrato de la generación a la que pertenece el autor. Desde un comienzo caricaturesco, va creciendo hasta el reconocimiento y la admiración. Quienes hayan visto La gran belleza, de Sorrentino, tal vez hallen un paralelismo con el personaje de La Santa. Junto a ellos se despliega un abanico no muy amplio de personajes secundarios, a través de los cuales se satiriza o enaltece a tipos perfectamente replicables en la sociedad de cualquier época.
De los Santos, en definitiva, plantea que de dos distopías, confluentes en el tiempo y en el espacio, puede nacer una utopía. Aunque la utopía tampoco sea paradisíaca. Y lo hace a través de una novela que conjuga entretenimiento y profundidad. Una novela que, en su momento, mereció el II Premio de Novela Corta Fundación Dosmilnueve.