martes, mayo 26, 2009

Fragmentos de cal, Juan Manuel Barrado

Prol. Ricardo Senabre. El Gaviero, Almería, 2008. 80 pp. 20 €

Diego Vaya

A casi un Siglo de distancia de los movimientos de Vanguardia, ¿siguen estos teniendo sentido? Juan Manuel Barrado, en Fragmentos de cal, responde a esta pregunta, y demuestra que las Vanguardias continúan siendo una de las pocas vías de avance que le queda a la poesía. Este autor, nacido en Cáceres, además de tener una amplia trayectoria en la creación de poemas visuales y poemas objeto, ha publicado libros como Texto azul del Café Rocco y Suite Celan, todos ellos aparecidos en ediciones con poca visibilidad. Sin embargo, la labor editorial de Ana Santos Payán y Pedro J. Miguel no ha sido sólo la de “rescatar” a este poeta, sino también la de dar con el diseño adecuado, en la línea de algunos libros de autores vanguardistas y de la Generación del 27, un diseño sobrio, con un formato amplio, que ha sabido captar la postura estética de Barrado.
Pero ¿qué es Fragmentos de cal? No es un libro de poemas o un poemario. No. Es un libro de poesía, pero sin poemas. De ahí su insularidad en el panorama actual y su orfandad contemporánea. Porque la poesía no sólo consiste en escribir ristras de renglones cortados. Hay algo más. Jakobson dijo que cuando el verso es despojado de sus atributos más característicos (la rima y la regularidad silábica y acentual) acudía en socorro de este la función poética para que siguiese siendo poesía. Y ese precisamente es el terreno donde se mueven los versos de este libro. Ricardo Senabre, en el prólogo, nos habla de la relación entre el espacio y el silencio, dos ejes fundamentales en el discurso del autor. Abolido el concepto fosilizado de poema, Barrado ha borrado todos los moldes repetidos una y otra vez, y ha optado por darnos sus versos, como indica el título, de forma fragmentaria, tanto en el sentido como en la estructura. Fragmentos de cal es un libro que deja mucho espacio para que el lector pueda respirar, para que este reconstruya la poesía y su código cifrado. En estos versos se enciende un diálogo continuo con el yo y también con la realidad. Hay interrogaciones sobre la identidad y el origen, reflexiones sobre la injusticia, indagaciones sobre la maldad humana y sus consecuencias, y todo ello mediante versos que se lanzan como golpes fugaces pero contundentes en un discurso circular y hasta cierto punto reversible. El libro comienza con una referencia a la madre y se cierra con una al padre, y entre ambos, la guerra, Quevedo, trece, Eurídice, la lluvia, el Cid, el verano, Homero, el amor, sin olvidar a Paul Celan y a César Vallejo, cuyo eco está más presente en el aliento que enlaza las palabras que en citas o elementos concretos. Una radiografía de todos nosotros y de nuestro mundo, que aúna compromiso e inconformismo estético.