lunes, mayo 04, 2009

Esto que ves es un rostro, Lolita Bosch

Sexto piso, Madrid, 2009. 64 pp. 10 €

Ignacio Sanz

La muerte, esta novela corta e intensa es un discurso circular y delirante sobre la muerte, mejor, frente a la muerte, una melopea en tres capítulos en los que la voz de la narradora, que uno sospecha alter ego de la autora, nos va contando algunos de sus fantasmas infantiles, de sus miedos más recónditos, de sus historias más arraigadas como si estuviera ante el diván del psicoanalista, en un estilo arrollador que prácticamente ignora los puntos y apartes, como si se tratara de la trascripción de un sueño que le llegara torrencial e indomeñable.
Mamá, papá, una hermana, un hermano, una abuela paterna, una casa de verano, una habitación con dos camas y el relato de unas ensoñaciones que se nutren de imágenes entrevistas en medio de una niebla cuya espesura la otorga el tiempo.
«...es problable que hubieras aprendido a reconocer la única boca que decía lo único que siempre has querido escuchar pero tu padre murió anoche tu padre murió anoche y ahora sabes que nunca te va a decir nada y que vas a morir tú también sin haberlo escuchado hablar de todo esto, jamás, y tal vez si hubiese hablado te hubiera dicho que no dudaras con forma de embudo pero no dijo nada y esta es la infinita tristeza que te impediría hablar a ti también de ahí ese miedo a acudir a su entierro con esa nube vestida de blanco y azul que evidentemente no ha pretendido entender nada. Ni una sola palabra.»
He trascrito este largo párrafo que pone fin a la novela porque alumbra cabalmente ese espíritu torrentudo que utiliza la narradora como una forma de redención. La palabra como bálsamo, una palabra que se nutre de la música del propio discurso, en un guiño constante a Faulkner, a quien se homenajea con una cita previa extraída de Luz de agosto.
A veces el lector tiene la sensación de que su autora ha escrito la novela bajo unos efectos parecidos a los que debe experimentar un boxeador tras combatir y quedar noqueado.
Junto al discurso delirante, la autora introduce tres textos, uno por cada capítulo, en los que trata de acercarnos al rostro del desconocido y que están escritos bajo un prisma surreal y sirven de contrapunto a la voz dominante. Estos textos, saturados de imágenes deslumbrantes, conforman un precioso contrapunto poético.
En una nota inicial se nos dice que con esta novela corta, la primera de su autora, escrita originalmente en catalán, consiguió el Premio de Experimentación literaria de Omnium Cultural en el año 2004.
Lejos de cualquier convencionalismo narrativo, esta novelita, deja en el lector una sensación de atrevimiento estético y de afán de dominio que invitan a adentrarse en otros trabajos de una autora tan singular que no sólo no oculta su dolor sino que nos lo muestra de forma perturbadora.