jueves, julio 12, 2007

Lo malo de la poesía y otros poemas, Billy Collins

Trad. Juan José Almagro Iglesias. Bartleby, Madrid, 2007. 115 pp. 11€

Pablo García Casado

Barltleby se ha caracterizado por cuidar mucho sus entregas de traducción tanto para darnos a conocer a mujeres como Anne Michaels como para consolidar en España la obra de Carver. Creo que el modelo es acertado, y en esa línea se presenta Lo malo de la poesía y otros poemas. Por eso abrí el libro de Billy Collins con la mejor disposición y así haré con todos los de la editorial. Pero esta entrega del laureado escritor norteamericano me resulta un tanto débil. Practica un tipo de realismo que no podría llamar de la cotidianeidad, sino más bien de la comodidad. Yo no exijo que todos los poetas sean obsesivos y profundos, y me encanta encontrar a escritores como José Luis Rey que celebren la vida en positivo.
Pero como lector, pido intensidad emocional, algo que despierte una chispa. Y este efecto escasea en Collins. «Me comí un plátano por la mañana/ como un joven simio/ y trabajé en un poema titulado “Nocturno”». Este inicio ya me retira de la lectura del poema. Sé que puede ser injusto tratar toda una obra por un verso, pero créanme si les digo que da la medida de una gran parte del material. Demasiada banalidad, demasiada gratuidad mal entendida. Yo no veo el aire de familia de Collins con O’Hara, con Frost, o con Withman. La poesía de estos tres está llena de grano, y Collins tiene demasiada paja. Hay algunos correlatos internos de los poemas que pueden resultar interesantes, como en “Viajando solo”. Pero en general hay demasiada broza inútil.
No obstante, este libro de Collins tiene algunos aciertos, poemas que salvan todo el volumen. “El paseo en el coche” puede ser el mejor poema, donde alcanza el equilibrio entre elementos domésticos. Donde la banalidad sólo es apariencia, porque tiene una enorme carga de profundidad. También es de reseñar la metáfora de la muerte en “La Cosechadora”, un ejercicio de observación inteligente acerca de la muerte. Son dos poemas excelentes, con alguno más que salva el tipo, de un volumen que me resulta, como lector, un tanto insatisfactorio. Quizá es que le pido a Bartleby que me vuelva a sorprender con otra Anne Michaels. Quizá es que pido demasiado.