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miércoles, marzo 09, 2016

El reverso de los demás, Kaouther Adimi


Trad. Aloma Rodríguez. Xordica, Zaragoza, 2015. 96 pp. 11,95 €

Ana Gamero Escudero

El reverso de los demás le ha merecido a Kaouther Adimi, una joven argelina de 30 años, varios premios, como el FELIV (Festival Internacional de la literatura del libro juvenil de Argel) en 2008 y el Premio Vocación en 2011. Esta joven promesa de la literatura francófona narra con tono melancólico un día en la vida de nueve habitantes de un barrio obrero de clase media, más bien baja, de Argel. Esta polifonía de voces se suceden desde la madrugada hasta la tarde de un día cualquiera, y nos cuentan los problemas y dificultades a los que se enfrentan los personajes en forma de monólogos interiores. Cada capítulo está narrado por una persona distinta: los protagonistas, que son los hermanos Adel y Yasmine, su madre, su hermana mayor Sarah, el marido y la hija de esta, Hamza y Mouna (que viven todos, los seis, bajo el mismo techo), y los vecinos, Kamel, Tarek y Hadj Youssef.
Resulta muy interesante la oportunidad que nos brinda este libro de acercarnos a la realidad contemporánea de Argelia, donde conviven varias culturas con sus diferentes ideologías, y poder observar como la más numerosa, la cultura árabe, ha sabido adaptarse (o no) al siglo veintiuno. Sorprende, desde el desconocimiento sobre este país que puede tener el público español, poder identificarse tanto con los jóvenes argelinos y descubrir que su panorama económico y social no es muy diferente al que tenemos ahora en España, sino más bien todo lo contrario: sueños rotos, emigración, desempleo, vandalismo, la lucha moral entre resignarse o luchar, irse o quedarse, tirar la toalla o tener la esperanza de que algún día se acaben las injusticias y las limitaciones. Además, los tres personajes femeninos que aparecen en el libro tienen mucha fuerza y, aunque son muy diferentes, intentan, cada una a su manera, huir del limitado papel que la sociedad musulmana les ha otorgado tradicionalmente y sueñan con un futuro mejor que, tristemente, puede que nunca llegue. Desde luego, Kaouther Adimi ha dado con todos los ingredientes para crear una interesante novela juvenil, donde encontramos diferentes perfiles de antihéroes y personajes sin rumbo que, además, representan minorías y clases desfavorecidas. Sin embargo, este libro va un paso más allá y nos provoca una sensación amarga y una reflexión profunda desde la primera página que, sin duda, no nos deja indiferentes.
Lo que interesa de la novela es el monólogo interior de los personajes, que casi no hablan los unos con los otros, y que buscan ocultar lo que verdaderamente piensan y sienten. No obstante, creo que en algunos casos no han estado del todo logradas estas voces narrativas y no sé si es un problema de expresión de la autora o de traducción del francés al español. Tal vez las narraciones se podían haber distinguido un poco más para hacer más evidentes los contrastes entre hombres y mujeres, jóvenes y mayores. Además, todos y cada uno de los personajes son muy interesantes y tienen mucha fuerza pero, al tratarse de una novela corta, casi un relato, están poco desarrollados y solo se nos presentan pinceladas de cada una de sus personalidades, lo que hace que nos quedemos con ganas de más.
En general, obviando estos problemas de expresión, El reverso de los demás es un libro que ha sabido experimentar con la forma y el stream of conciousness, que empezaron a utilizar grandes autores modernistas como Joyce y Woolf, para trasladarnos a un país cuya literatura contemporánea, sobre todo la escrita por mujeres (que hace muy poco que vienen abriéndose camino en este campo, y en muchos otros), necesita más reconocimiento. La autora ha querido llegar a ese “reverso”, desvelar la verdad individual sin filtros ni normas para contar la historia de una generación perdida, que, por desgracia, si miramos a nuestro alrededor, está más cerca de lo que creemos.

lunes, febrero 09, 2015

Vestido de novia, Pierre Lemaitre

Trad. María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego. Alfaguara, Madrid, 2014. 291 pp. 18,50 €

Care Santos

No hace mucho le pregunté a un psicólogo forense de qué somos capaces las personas. Quiero decir, cada uno de nosotros, por separado. ¿Algún estudio puede asegurar, por ejemplo, si en mi cabeza hay algo que pueda convertirme en asesina? Su respuesta fue: "Todos somos capaces de todo, sólo deben darse las circunstancias adecuadas". Esta novela reflexiona largo y tendido sobre cuáles deben de ser esas circunstancias. Qué debe ocurrir para que una chica normal se convierta en una asesina a sangre fría. O qué otras causas son las responsables de la génesis de una mente criminal, capaz de planificar con frialdad y no detenerse hasta conseguir su objetivo.
Sólo he leído un libro de Pierre Lemaitre, pero ya sé que es un fenómeno. Hasta su última novela, de la que enseguida me ocupo, era reconocido como autor de novela negra. Autor de novelas como Alex, o de esta Vestido de novia. Novelas que se caracterizan por sorprender al lector con giros inesperados. Aunque, cuidado, porque hay muchos modos de hacer que la acción desconcierte al lector, y Lemaitre escoge uno de los más literarios y menos fáciles. Lo tiene todo previsto, como el asesino del ejemplo, desde antes de empezar. Y es estupendo encontrar narradores como él, que saben a dónde van y por qué, y te llevan con ellos. 
En su última obra, sin embargo, el autor ha dado un giro absoluto a su trayectoria como escritor, como si su carrera fuera otra de sus novelas. Nos vemos allá arriba, ganadora del último premio Goncourt, es una novela social, histórica y de costumbres, que nada tiene que ver con el registro que sus lectores le conocían. No me extraña: un hombre capaz de las profundidades psicológicas que demuestra en Vestido de novia, además de la complejidad argumental de esta historia, es sin duda capaz de escribir de cualquier cosa. Seguramente él sentía necesidad de demostrarlo del mismo modo que a los lectores nos bulle la curiosidad. Es maravilloso que lo haya hecho, y muy pronto hablaré de ello en este mismo lugar. Porque con sólo un libro me ha bastado para convertirme en fiel lectora de Lemaitre. 
Poco debe decirse de este Vestido de novia. Es una de esas tramas en que cualquier detalle resulta importante y casi todo lo que se cuenta revela un final que no debe ser revelado. Digamos, eso sí, que en la historia se alternan dos voces: una tercera persona sigue a la protagonista femenina. El personaje masculino escribe un texto memorialístico que se nos presenta en la segunda parte. Luego, ambos destinos se unen en la conclusión de la trama, que en estos casos suele ser siempre la menos interesante, aunque aquí se enriquece por los detalles psicológicos y patológicos de los protagonistas. También cabe advertir que la primera parte parece una narración más o menos convencional, incluso deslavazada, en que una chica, Sophie, vive atormentada por los olvidos que no puede evitar cometer y que en ocasiones la llevan incluso a perpetrar crímenes aberrantes. Se nos presenta como una criatura odiosa, sin redención posible. 
Es al llegar a la segunda parte y retroceder en la historia de Sophie cuando comenzamos a descubrir la verdadera dimensión de este teatro. Nos quedamos fascinados, página a página, al avanzar en la redacción en primera persona del segundo protagonista, que nos transporta al pasado para presentarnos la génesis de una historia que sólo hemos conocido al final. Y es aquí cuando todo cambia: el autor sabe, con ese giro, desmontar todo lo que su lector daba por sabido hasta ahora. Sabe incluso desequilibrar las emociones que los personajes nos habían despertado. Juega con nosotros, con nuestros sentimientos, a su antojo. Primero dudamos de lo que nos inspiraba la malsana protagonista. Más tarde la querremos. Al final, lloraremos con ella. Y ya he dicho mucho más de lo que, creo, Lemaitre me hubiera dejado decir si en este momento estuviera mirando por encima de mi hombro.
El libro termina, pero la pregunta permanece: ¿de qué somos capaces las personas? ¿Qué circunstancias nos transforman en monstruo? ¿Qué carencias, qué dolor insufrible nos lleva al punto de no retorno? Creo que le daré vueltas mucho tiempo a estas cuestiones. Gracias, señor Lemaitre.