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lunes, enero 11, 2016

El caballero de los siete reinos, George R.R. Martin


Trad. Cristina Macía. Gigamesh, Barcelona, 2015. 1152 pp. 15 €

Tomás Sendarrubias

Si hay una saga literaria que ha generado expectación en los últimos años es, sin duda, la Canción de Hielo y Fuego del escritor y guionista George R.R Martin, del que a día de hoy es muy difícil no haber oído nada, bien por los libros convertidos en best-seller, bien por la serie de HBO emitida en España por Canal+. Prácticamente veinte años de la publicación de Juego de Tronos, la primera parte de esta saga, los lectores seguimos pendientes de las historias de Poniente, y mientras el escritor se decide a concluir Vientos de Invierno, la que será la sexta parte de esta gran historia, las editoriales que tienen los derechos de la obra de Martin, Gigamesh en el caso de España, hacen virguerías para que no perdamos el interés en la obra de este escritor. Así que Gigamesh ha vuelto a publicar en España El Caballero de los Siete Reinos, la recopilación de los tres primeros relatos de Martin sobre la curiosa pareja formada por el caballero Duncan el Alto y su escudero Egg...
El Caballero de los Siete Reinos se ubica casi cien años antes de los acontecimientos de Juego de Tronos, durante los reinados de Daeron II y Aerys I, en los años siguientes a uno de los episodios más relevantes de la historia de Poniente, uno de esos que en Canción de Hielo y Fuego se explican de forma somera, dejando ver que hay mucho más allá de lo que se ve a primera vista: la rebelión de Fuegoscuro, los oscuros años de la guerra fratricida entre los Targaryen, con la controvertida presencia de Brynden Ríos, Cuervo de Sangre, como Mano del Rey y gran poder detrás del trono. Dunk, un caballero errante procedente del Lecho de Pulgas de Desembarco del Rey, tras la muerte de su valedor, decide acudir a un torneo celebrado en el llamado Vado Ceniza. Alli, Dunk, que comienza a hacerse llamar "Duncan el Alto", debido a que su más evidente ventaja es su altura, se dispone a competir contra otros muchos caballeros de los Siete Reinos, y en el camino, se encuentra con un curioso muchacho con la cabeza afeitada que se hace llamar Egg y que a fuerza de testarudez, consigue convertirse en el escudero de Dunk y su guía en el torneo, pues Egg pronto demuestra un extraordinario conocimiento sobre lo que ocurre en el torneo y sus asistentes...
Y así arranca una historia en la que pocas cosas son lo que parecen. En las tres historias de El Caballero de los Siete Reinos (El Caballero Errante, La Espada Leal y El Caballero Misterioso), veremos a Dunk y Egg asistir al torneo del Vado Ceniza, formar parte de los enfrentamientos entre el venido a menos Lord Eustace Osgrey y la amenazadora Lady Rohanne Webber, conocida como La Viuda Escarlata; y encontrarse por azar en medio de una conspiración que puede cambiar la faz de Poniente y volver a sumir los Siete Reinos en una guerra civil fratricida. Además de asistir a las consecuencias de la Rebelión Fuegoscuro y a un Poniente dividido por la lealtad al Dragón Rojo (el rey Daeron II y posteriormente el rey Aerys I, junto a la Mano del Rey, Cuervo de Sangre) o al Dragón Negro (Daemon Fuegoscuro, sus hijos y su valedor, Aegor Ríos, conocido como Aceroamargo), Martin nos situa en medio de una serie de tramas y acontecimientos que van a marcar la historia de Poniente, todo ello con un toque que recuerda a los acontecimientos de la Guerra de las Dos Rosas, elementos que se extenderían por toda la saga de Canción de Hielo y Fuego. En esta novela, además de a Dunk y a Egg, conocemos a otros personajes que pasaron a formar parte de la leyenda de Poniente, como Baelor Rompelanzas, la Bestia de Bracken, el príncipe Maekar Targaryen o el propio Cuervo de Sangre; asistimos a eventos históricos como la rebelión de la Casa Fossoway, y nos acercamos a la curiosa relación que se establecerá entre Ser Duncan el Alto y Egg... una relación que marcaría el futuro de los Siete Reinos...
Lo cierto es que, en espera de Vientos de Invierno, El Caballero de los Siete Reinos se convierte en una lectura amena y entretenida, que nos recuerda lo grande que es Poniente... y nos hace odiar un poco más a Martin por no ser un poquito más efectivo...

viernes, marzo 27, 2015

Tolkien y la Gran Guerra. El origen de la Tierra Media, John Garth

Trad. Eduardo Segura, Martín Simonson y Daniel Royo. Minotauro, Barcelona, 2014, 520 pp. 23,90 € (12,99 € libro electrónico)

Angeles Prieto Barba

En 1954 y 1955 se publicaron en Inglaterra los tres tomos de El señor de los anillos, obra que alcanzaría ventas excepcionales, pero también bastantes reseñas críticas, escritas con verdadera saña. Así, un grupo numeroso de críticos la calificó como “entretenimiento para niños” o “basura adolescente”, mientras que otros atacarían a la novela desde la perspectiva moral e ideológica, con acusaciones que iban desde su falta de compromiso social y político con los grandes problemas del siglo, calificándola de mera evasión burguesa, hasta tildarla incluso de “racista” (razas blancas en un bando y oscuras, bajo Sauron, en otro), “nazi” o “profascista” (por similitudes con el anillo de los Nibelungos). Pues bien, todas estas calificaciones extremistas, que hoy día nos hacen sonreír por su simpleza y limitada concepción de la literatura, no sólo resultaron ser falaces, sino que tampoco estaban exentas de segura villanía, cuando no de envidia. Y eso es precisamente lo que vamos a descubrir con este gran libro de John Garth, un estudio muy serio sobre la gestación de tierras, lenguaje y personajes de la Tierra Media, a la vez que un instrumento preciso para conocer quien fue John Ronald Reuel Tolkien.
Este ensayo constituye también un canto a la amistad. Pues describe y desarrolla el hermanamiento cálido y sincero de cuatro muchachos, muy distintos entre sí pero unidos por su intenso amor a la poesía, que conformarían el núcleo del T.C.B.S. (Tea Club and Barrovian Society) en el colegio King Edward de Birmingham, y que muy pronto se las tendrían que ver ante esa barbaridad absurda y evitable que conocemos como la Gran Guerra, o Primera Guerra Mundial. En concreto, la puntilla para ellos resultó ser la espantosa, larga y sangrienta batalla del Somme (julio a noviembre de 1916), auténtica máquina de picar carne de trincheras que se llevó por delante a un millón largo de jóvenes, entre ellos dos de los miembros principales del club. Sencillamente, el Horror. Tolkien sobrevivió a ella, sí, pero estuvo allí con los ojos bien abiertos para no olvidar nunca esa oscura tierra y tumba de barro que luego conoceríamos como Mordor. Perder allí a sus mejores amigos, sin tiempo ni tratamiento psicológico posible para asimilar el duelo separado de los suyos, constituyó un durísimo golpe del que no se recuperaría nunca. Es por ello que las acusaciones que recibiría más tarde de falta de compromiso con la realidad implican para el que las formula un desconocimiento absoluto de los hechos terribles que marcaron su vida. Porque haber estado en el Somme ya fue suficiente, demasiado compromiso. 
Hemos hablado de Tolkien, pero no de John Garth, el autor de este trabajo impecable. A mí me ha asombrado no sólo el conocimiento que demuestra de las obras completas de Tolkien, también el arduo y ordenado trabajo de investigación que ha realizado sobre su vida y progresivos conocimientos filológicos-literarios y, sobre todo, las capacidades que demuestra como narrador, describiendo con orden y atino lo vivido por Tolkien sin dejar de emocionarnos y conmovernos. Da en la diana cuando nos indica que la obra de Tolkien, elaborada tras un largo proceso detallado aquí perfectamente, lejos de constituir un mecanismo de evasión, supone ante todo un intento de dignificar, mediante la épica, tantas vidas perdidas en aquella Guerra. Pero además, es una obra que trasciende, que va mucho más allá, pues en la concepción de Melkor, o Morgoth (dios-abstracción del afán destructivo mediante máquinas, ejércitos e industrias), del que luego Sauron será su lugarteniente, ya estaba anticipando el totalitarismo que vendría después en Alemania, Italia y Rusia. Mientras asimismo contemplados asombrados a esos seres pequeños llamados hobbits, capaces de grandes hazañas, auténticos apóstoles o precursores de la ecología en nuestros días. 
Por supuesto, una obra como esta tenía que ser publicada en España por Minotauro, continuando fielmente con la labor de Francisco Porrúa, inteligente editor y traductor que nos dió a conocer a Tolkien allá por 1977. Y muy dignamente, sin escatimar gastos a la hora de incluir fotografías, todas las notas pertinentes, índice onomástico y un tamaño de letra adecuado.
Concluida su lectura, el lector se quedará pensando. Porque sin dudarlo también vivimos tiempos oscuros y no tan lejos de nosotros la destrucción mediante máquinas, armas mucho más complejas, ejércitos más inteligentes y medios de comunicación todopoderosos y renovados, está desarrollándose. El Terror no es que se acerque, es que tras el derrumbe de las Torres Gemelas (Tolkien visionario), ya lo tenemos encima y con nosotros. Cabe acogernos a sus palabras en boca de Faramir: «Guerra ha de haber mientras tengamos que defendernos de la maldad, de un poder destructor que nos devoraría a todos; pero yo no amo la espada porque tiene filo, ni la flecha porque vuela, ni al guerrero porque ha ganado la gloria. Sólo amo lo que ellos defienden» (El señor de los anillos II, Las dos torres, pag. 364).

viernes, diciembre 05, 2014

El lejano reino de la Vía Láctea, Ramón Loureiro

Edaf, Madrid, 2013. 126 pp. 12 €

Ángeles Prieto Barba

Empezaremos por alertar al lector ya que este texto, arriesgado y cálido, supone el final abierto, con muchas posibilidades de continuidad, de una original y brillante trilogía. Justo esa misma que se abre con un deslumbrante inicio donde Loureiro se nos descubre ya como un narrador dotado de una madurez literaria considerable, esa que tantas veces buscamos en vano en nuestros días, propia de quien ha leído y aprendido de sus maestros. Es por esto que aconsejo leer esta obra siguiendo el orden de aparición de la trilogía: Las galeras de Normandía, León de Bretaña y este Lejano reino de la Vía Láctea, al menos para que constatemos en la segunda y tercera parte la evolución sentimental de unos personajes extremadamente originales, pero muy bien presentados en el inicio.
Y entre esos personajes, el propio autor. Caballero que inicia este libro concreto con un larguísimo párrafo que viene a ser toda una declaración de intenciones. Un “lasciate ogne speranza” a quien espere encontrar en él la novelita fantástica al uso. Esa que leemos en una hora y dejamos perdida en el sillón de un vagón de tren, con la alegría de quien ha echado el rato pero no tiene nada más que aprender de ella. Porque no, no la podemos dejar así pues este libro contiene una historia principal y muchas otras menores de las que aprender donde el estilo narrativo, dotado de un amplio vocabulario e indiscutible lirismo y la tierra descrita, ese Escandoi que identificaremos de inmediato con la Galicia del Norte, no son olvidables ni prescindibles.
En modo alguno, porque Loureiro es deudor de sus maestros, recoge el listón de aquellos y en esta prueba de relevos que constituye su trilogía descubrimos avances aprendidos de todo un Torrente Ballester en su Saga/fuga, con sus disgresiones, y a don Alvaro Cunqueiro, con esa forma increíble de narrar trocando lo simplemente fantástico, que se nos antoja menor, con todo un mundo maravilloso de pensamientos, sentimientos y sensaciones. Porque Escandoi es real. Es real y a la vez maravilloso, así como sus personajes: León Daniel María Bonaparte o ese astuto Merlín Nigromante, identificable ipso facto con el conocido Mago Merlín de un Mondoñedo donde no faltan las campanas tocando a muerto de nuevo. O el café de Lembranza de Fene, con el hombre Irazu y Manolito de Severiano que abren el capítulo siete, que parecer ser verdaderos. De este modo, avanzando en la narración, el curioso Logh Itoh, uno de los protagonistas del relato, ya se nos antoja incluso una proyección alienígena del propio Loureiro. Todo esto forma parte de la complicidad, no exenta de un humor intenso y logrado, un humor indiscutiblemente gallego, que el autor establece con nosotros, no tomándonos el pelo, sino invitándonos como otros personajes queridos a participar del juego.
Y esos títulos que recibe cada capítulo. Unos títulos siempre hermosos, largos y sonoros, que nos abren un mundo de expectativas como quien espera la llegada de esos Reyes Magos que harán su aparición en este libro singular y cariñoso. Mas estoy revelando demasiado cuando mi propósito es claro: consigan esta novela, mucho mejor la trilogía completa, y sosténgala sobre su corazón con cada feliz descubrimiento: Notarán que late más rápido, más seguro y más intenso.

viernes, diciembre 20, 2013

Antología universal del relato fantástico, Ed. y Prol. de Jacobo Siruela

Varios trad. Atalanta, Girona, 2013. 1.248 pp. 55 €

Julián Díez

No busquen más: aquí está el mejor libro que se va a publicar antes de navidades. El proverbial libro de la isla desierta. Empecemos por el continente: portada de Odilon Redon, papel biblia, formato manejable. El marco perfecto para su contenido: cuentos indiscutibles de los maestros de la literatura más fascinante de los últimos 200 años, de Poe a Borges, de Maupassant a Cortázar, de Dickens a Buzzati. En las mejores traducciones disponibles.
Alguien podrá aducir: ya conozco esos cuentos. Es posible. Pero tal vez no todos; la selección, cuidadosamente, ha dejado de lado en algún caso la elección más obvia para quedarse con otra sólo una pulgada menos conocida y no menos brillante. Y luego están las novedades: yo, que llevo años empollando estas cosas, no había leído nada del excelente Oliver Onions.
Además, aquí están todos juntos, en un libro que coloca a cualquier persona con un mínimo de inquietud por la oscuridad de nuestras almas a solo una chimenea cálida y un sillón de distancia del éxtasis. Y tampoco importa releerlos: como bien apunta Jacobo Siruela para culminar su prólogo: «El buen lector sabe que leer un texto por primera vez es gozar con el asombro, pero la segunda es entenderlo (y disfrutarlo) plenamente». Bien, en el caso de relatos fantásticos es posible que el peso del placer en esa primera lectura sea algo más pronunciado; sin embargo, aquí todos los relatos ya conocidos son tan buenos que no hay lugar a la discusión.
Permítaseme que, dadas las especiales características del acontecimiento, no vaya cuento por cuento: son 55, nada menos. Y, a estas alturas, ¿qué luz puedo aportar yo sobre el "Manuscrito encontrado en una botella" de Poe, "El hombre de arena" de Hoffman, "Vera" de De l'Isle Adam, "El pueblo blanco" de Arthur Machen, "Lázaro" de Andreiev, "Las ruinas circulares" de Borges, "La trama celeste" de Bioy Casares...?
Sólo me faltan, dados los planteamientos con los que Siruela anuncia que se embarcó en la tarea de esta antología, dos nombres: Kafka y Calvino. A cambio, agradezco profundamente la inclusión de Robert Aickman, por el que el editor mantiene una pasión que no puedo sino compartir, y de Fernández Cubas, que es, junto a Pilar Pedraza, nuestra más acreditada aspirante contemporánea a formar parte de ese Olimpo sin desdoro. Y también debo admitir que me sobra algún nombre copetudo que viste mucho pero en realidad sólo se ha acercado al género fantástico de forma tangencial y no tan brillante.
Mención aparte merece el exordio del antologista que encabeza el volumen, y que es una manifestación simultánea de erudición y pasión. En él, Siruela diferencia entre la literatura "de género", la que tiene un propósito fantástico específico, y la que «proviene del desenvolvimiento del arte mismo», que es la que protagoniza esta antología. Este es el único punto en que no puedo manifestarme de acuerdo con su apasionada defensa de estas temáticas: al separar el género puro, por mucho que manifieste disfrutarlo, está admitiendo tácitamente una inferioridad. Sin mencionar la incoherencia: Aickman y Lovecraft, por ejemplo, son género sin tapujos y sí merecen su inclusión. Y Nerval, Le Fanu o Villiers de L'Isle-Adam no eran otra cosa que unos frikis avant la lettre,
Como castigo, personalmente, y si es que sirve de algo mi veredicto, le condeno a la labor de llevar a cabo otra antología de iguales características. Y que en ella se incluyan esos relatos que dice haber disfrutado igualmente y que ahora no ha querido albergar. Creo honestamente que con Stoker y Ligotti, con Jean Ray y Leiber, con Brown y Gorodischer, saldría otra antología de rechupete que posiblemente sorprendiera a muchos más lectores. Yo, por mi parte, me comprometería en ese caso a llevarme dos libros a la isla desierta si es que alguien me paga el viaje.