miércoles, enero 23, 2013

Sal en la piel, Suzanne Desrochers

Trad. Francisco J. Ramos Mena. Grijalbo, 2012, 308 pp. 17,90 €

Ángeles Prieto Barba

Saul Below, Alice Munro, Robertson Davies, Mavis Gallant, Margaret Atwood y muchos otros, componen el nada desdeñable plantel de la gran literatura canadiense, tocada por la musa de la hondura y de la belleza. Una literatura que estamos conociendo desde la década anterior, gracias a estupendas traducciones como la que aquí nos ocupa. Autores perspicaces que sin duda, han servido de aprendizaje para esta joven autora a la hora de transmitirnos sentimientos y paisajes.
Aunque hay que advertir al lector que no vamos a encontrarnos en esta narración con una literatura de altos vuelos y riesgo mayor kamikaze, como estamos acostumbrados por estos lares con cada autor que empieza, sino con una opera prima pausada, sencilla, bien escrita, bastante rigurosa desde el prisma de la Historia y sobre todo, deliciosa. Pienso además que nos encontramos precisamente con una novela más que apta para ser disfrutada precisamente por aquellos lectores amantes de tantos títulos anglosajones y decimonónicos, que abordaron el aprendizaje o iniciación de las mujeres, tema clásico en las hermanas Brontë, Jane Austen, Katherine Mansfield, George Eliot, Edith Wharton o Elizabeth Gaskell.
Lo curioso es que surgió como proyecto de tesis para un máster que Suzanne eligió, con la intención de conocer mejor a las “filles du roi”, ochocientas buenas chicas del país vecino enviadas expresamente por Luis XIV, el Rey Sol, para casarse cristianamente y dar hijos a los primeros colonizadores galos del Canadá. Un viaje en modo alguno romántico, pues el porvenir para ellas consistió en sobrevivir a un clima inhóspito, muy hostil, con esposos rudos, mayormente soldados y comerciantes de pieles, que las dejarían largo tiempo solas. Es por ello que muchas se resistieron a embarcar a pesar de que todas ellas sufrieron previamente condiciones de vida paupérrimas, y un tercio de ellas provenía directamente de la Salpêtrière de Paris, entidad de beneficencia donde encarcelaban y obligaban a trabajar a prostitutas, locas, ladronas y huérfanas.
Y con este triste panorama, tras la consulta de archivos, la autora optó mejor por crear esta obra de ficción, con la intención de describir en ella, de manera minuciosa, todos estos ambientes de la mano de un personaje vivaz y luchador, esa Laure capaz de sobrevivir física y emocionalmente a tantos vaivenes como le deparará el destino. Por ello, los tres escenarios claves de la novela: La Salpêtrière, el viaje en barco y el matrimonio y maternidad en Canadá nos los encontramos descritos sin concesiones, con mucho conocimiento de causa y no poca maestría. Aparte las emociones que compartimos, el otro eje no menor de la novela por los padres perdidos, la compañera de trabajo y travesía, el marido y los indios salvajes que consiguen atraparnos e interesarnos por la difícil vida de estas mujeres sin sentimentalismos, a la vez que nos preguntamos si nosotras seríamos capaces de vivir tales experiencias con nuestras cómodas condiciones de vida. Hay que leerlo.

1 comentario:

Paco Sanchez Alfocea dijo...

Excelentes los relatos de Alice Munro,acabo de terminar Demasiado Felicidad:muy recomendable.