martes, enero 22, 2013

La vida de FF, Federico Fuertes Guzmán

E.D.A libros, Benalmádena Costa, 2012. 215 pp. 15,5 €

Cristina Davó Rubí

La malagueña editorial E.D.A apuesta, sin duda, por nuevos talentos, por esos escritores sin renombre que escriben por pura vocación y que vuelcan en sus obras lo mejor de sí mismos. En esta ocasión publica una novela original, diferente, peculiar, que habla por sí sola de Federico Fuertes Guzmán, su autor, un algecireño con mucha imaginación y no poca creatividad y capacidad literaria. En La vida de FF se despliega toda una serie de recursos lingüísticos, juegos de palabras e imágenes, para avanzar en los quince minutos previos a que suene en el reloj la alarma matinal del narrador, un atribulado aspirante a escritor al que no parece que nadie vaya a darle la oportunidad de escribir una gran obra. De difícil catalogación, esta novela habla, en realidad, del fracaso, de la frustración de querer conseguir algo y obtener lo contrario.
FF es un escritor sin éxito, al que no leen ni elogian más que sus amigos. Desde la enumeración y clasificación de las negativas recibidas a sus manuscritos, hasta la inagotable intención de escribir, pasando por el método utilizado, esta novela repasa todas las posibles técnicas lingüísticas, y más. Curiosamente, como habrán notado, las siglas del nombre del protagonista coinciden con las del autor. Evitaremos averiguar si existe relación o es una casualidad literaria, pues está muy manida la cuestión de la veracidad de los hechos novelados o la posible dosis autobiográfica de una obra. Lo cierto es que FF puede ser cualquier ser humano que se levanta cada mañana para ir al trabajo, afronta la vida con curiosidad, se fija en pequeños detalles que a la mayoría pasan desapercibidos y utiliza la escritura para evadirse de su rutinaria vida y disfrutar. Es lo que consigue, en definitiva, esta historia, divertir al lector con los insospechados vínculos que establece entre las palabras y sus significados, con los magníficos iconos que crea a partir de ciertos vocablos o expresiones. Las ilustraciones corren a cargo del propio autor, ya que estas son indisociables de lo escrito. Una colección, además, de microrrelatos entrelazados con un sutil hilo argumentativo que nos lleva hasta el momento de las siete en punto de la mañana. Un nuevo día empieza para FF. Nosotros ya hemos vagado con él en el territorio de su imaginación, allí donde se fertilizan las ideas. Ingenio, pues, no falta en esta curiosa novela. Ni tampoco una prosa ágil, fluida, en la que se mezclan la divagación y la coherencia, la fantasía y la realidad.
Federico Fuertes, como él mismo confiesa, no escribe para arreglar nada —para eso ya están los libros de autoayuda—. Su objetivo es escribir para sí mismo, lo cual no quiere decir que no le importe tener lectores, qué escritor sinceramente no busca ser leído, pero lo hace sin ajustarse a convencionalismo alguno, es decir, a su manera, guste o no. Es, por tanto, un autor imprevisible, que no dejará de sorprendernos.