martes, enero 15, 2013

Charles Dickens: Mi vida, Claire Tomalin

Trad. Begoña Recasens. Aguilar, Madrid, 2012. 565 pp. 18 €

Ángeles Prieto Barba

Charles Dickens fue el primer gran escritor de éxito masivo en el mundo occidental contemporáneo que ejerció como tal llevando una existencia de escaparate, cara al público, que podemos estudiar. De hecho, tal era su popularidad que en vida él mismo ya designó como biógrafo a su gran amigo el periodista John Forster, quien emprendió esta tarea dos años después de su muerte acaecida en 1870. Y desde entonces hasta ahora, recién celebrado el bicentenario de su nacimiento, ha sido objeto constante de jornadas y homenajes, estudios críticos, históricos, sociales y por supuesto, biógraficos. Pues bien, este ensayo que tenemos aquí, el de Claire Tomalin, es uno de los más serios, rigurosos y mejor trabajados, una biografía acertada y sin duda superior a la de Peter Ackroyd o la de J. B. Priestley, quiénes se centran menos en el personaje, más preocupados quizá por otros aspectos literarios o sociales anexos y consultando asimismo menos fuentes para confeccionar sus visiones particulares.
Porque lo que Claire Tomalin nos va a mostrar aquí no son sólo las condiciones para que surgiera este exitoso e incansable trabajador de la pluma, sino también los claroscuros de una persona compleja, que concentra en sí todo lo mejor, y también lo peor, de la era victoriana. En cualquier caso, un narrador genial con unas extraordinarias dotes de observación y el creador de personajes más importante, tras Shakespeare, de la literatura anglosajona: los inolvidables Barnaby, Amy Dorrit, David Copperfield, los amigos del club Pickwick, Jenny Wren, Scrooge y tantos otros. Hijos propios y personales, nunca caricaturas de personas reales, en un autor que supo y pudo mantener al margen su vida, de su obra literaria. No así del mercado y de la expectación que generaba su sola presencia.
Pero además otro asunto a destacar es que en este ensayo su autora no se limita a narrarnos con detalle los avatares más significativos de su vida (la prisión por desfalcos de su padre, el ingrato trabajo infantil en una fábrica de betunes, pasante de abogados, taquígrafo en el Parlamento, primer amor fracasado, matrimonio prolífico y desgraciado, diversiones, amantes y viajes), sino a trazarnos una vida con coda y sin marcha atrás desde el entusiasta e incansable joven Dickens hasta el maduro, lúcido y desesperanzado. Lo mismo que le ocurrió a esa sociedad suya que supo desterrar los peligros de una revolución social inminente (cartismo), mejorando las condiciones de vida de los desfavorecidos, pero no pudo disfrazar ni mantener ese estatus hipócrita de religión, moralidad y buenas costumbres que impusiera al resto del mundo sus creencias en el progreso material y la superioridad de la raza blanca.
Conmueve muchísimo el Dickens que Claire Tomalin traza porque no sólo estaremos ante el gran escritor de fachada. Por el contrario, nos encontraremos al amante de las chanzas y las juergas con los amigos, al que se embarca en varios proyectos y los termina todos, al ser caritativo capaz de levantar y sustentar económicamente un hogar de acogida para prostitutas, pero también a quien trató con crueldad a su más que digna esposa o al cobarde que escondió a su amante herida en un accidente para que nadie descubriera la relación. O al padre injusto y despreocupado que distó de tratar igual a todos sus hijos. Y a pesar de todo, un ser excepcional con todas sus grandezas y miserias. Por eso, si el objeto de un ensayo biográfico no debe ser otro que conocer al retratado, este es, insisto, el mejor que podemos encontrar en el mercado sin olvidarnos de que luce además, y para colmo, un traducción digna e impecable. Un libro trabajado y brillante.