jueves, noviembre 22, 2007

El día de los inocentes, Josip Novakovich

Trad. Vicente Clavero. El Andén, Barcelona, 2007. 312 pp. 20,50 €

Paul Viejo

Josip Novakovich
es uno de esos personajes nabokovianos que tanto me gustan y que tan pequeño le hacen sentir a uno en determinadas ocasiones; uno de aquellos que han tenido que tomar distancia de su lengua materna (sin abandonarla nunca del todo), de la misma manera que tuvieron que alejarse de los paisajes eslavos donde nacieron, de su cultura, de sus tradiciones literarias, para reinventarse en una nueva vida de émigrée, de exiliados, de escritores con maletas llenas de idiomas. Novakovich, nacido en Croacia, llegó con veinte años a la lengua inglesa y se ha quedado en Estados Unidos hasta que su prosa estuvo lo suficientemente madura como para escribir tres libros de relatos, uno de viajes (Plum Brandy: A Croatian Journey) y, junto con otros, la novela que nos ocupa. Ivan Dolinar, el protagonista de El día de los inocentes, es uno de esos personajes que pertenecen, muy a su pesar, supongo, a la estirpe del soldado Svejk, a la de aquellos que han servido al rey de Inglaterra, a la misma familia literaria, en definitiva, a la que pertenecen los personajes de las historias de Sergei Dovlátov, Miljenko Jergović o Drago Jancar: es decir, aquellos seres mínimos que nos hacen comprender, o por lo menos pensar en alguna ocasión, que la vida no es más que una sucesión de escenas ridículas, mínimas, colocadas estratégicamente para hacer reír o llorar al mundo. A su costa. Porque no es otra cosa lo que parece esta novela, que no ocupa un día sino toda una vida, la de un Dolinar que viene a nacer en el momento justo como para que su aparición parezca una broma (el 1 de abril, el April's Fool Day anglosajón del título, y también «los inocentes» croatas) y que por ello sus padres lo anoten en el registro un día después, con el primer nombre que se les viene a a la mente. Una broma, cruel y según como se mire injusta, similar a las que continuará viviendo Ivan a lo largo de su vida y de la novela que le ha tocado protagonizar: por su puesto, la adolescencia en una Yugoslavia rural marcada por el régimen de Tito, la muerte de Tito y el recuerdo de Tito hasta el final; la madurez en una Yugoslavia aún "títica" que se resquebraja a marchas (militares) forzadas y deja, en sus fronteras, en lugar de zanjas o alambradas, cicatrices incurables para sus ciudadanos; la cercanía de la muerte en algún lugar de esa Yugoslavia que ya no reconoce, ni comprende, pero que tampoco quiere comprender porque él, asume, ha ayudado a crearla. Pero, decía, personajes como Ivan Dolinar logran que veamos siempre estas terribles escenas empañadas por las lagrimas que puede llegar a provocar la risa. Lo cual es un consuelo. Que una brutal violación colectiva de unos soldados a una muchacha parezca una sketch de Escenas de matrimonio, pese a lo vulgar que pueda sonar decirlo así, es todo un logro de Novakovich. Que asesinar, fusil en mano, a "hermanos" de uno y otro bando durante la Guerra de los Balcanes sea visto sólo como un pequeño accidente porque a Dolinar lo metieron equivocadamente en un bando primero y en el otro después, es, aunque parezca que se está tomando a guasa, todo un logro de Novakovich. Que ser condenado a trabajos forzados por el propio Tito después de imaginar (sí, sólo imaginar) que alguien pudiera asesinarlo, para más tarde no sólo ser liberado sino incluso obtener recomendaciones, pueda parecer algo ridículo, es un logro de Novakovich. Y es de agradecer. Aunque él mismo pudiera no creerlo.Y es que lo que ha logrado Josip Novakovich en este Día de los inocentes es coger una porción (grande) del pastel llamado Historia de Europa y restregárselo a ese invitado a la fiesta que es el lector. Para provocarle el cabreo mientras él se ríe. O para provocarle la risa, mientras él se cabrea. Una hilarante historia, absolutamente croata pero escrita desde Pennsylvania, donde a través del humor se convocan las pesadillas europeas, demasiado parecidas a las del resto del mundo. Absolutamente recomendable. Pero puesto a recomendar, si alguien se queda con ganas, tiene Novakovich un libro de relatos, Infidelities. Stories os War and Lust, mucho más americano (es decir, lleno de apellidos serbios, polacos, croatas y casas con porche y con jardín), más tragico aún en ocasiones, algo más serio incluso. Como si todo esto le estuviera afectando al autor realmente.

Podemos disfrutar de alguno de sus relatos en español que publicó la revista electrónica Barcelona Review: http://www.barcelonareview.com/54/s_jn.htm