viernes, mayo 12, 2006

Boca de lobo, Fabián Negrín

Trad. Aloe Azid. Thule Ediciones, Barcelona, 2005. 28 págs. 11,54 €

Villar Arellano

Los cuentos que conocemos en la infancia nos van, poco a poco, vistiendo la mirada. Así, personajes, escenarios y tramas tejen su particular envoltorio cada vez más denso y mullido. Hay historias que vuelven, persistentes, en mil y una versiones y terminan haciéndose perchas en las que seguimos colgando nuevos relatos. Así es como se quedan para siempre en casa, igual que los recuerdos, las manías, los miedos... se hacen parte de nosotros.
Y por eso hay cuentos de los que creemos saberlo todo. Algunos personajes son como de la familia y, de tan conocidos, creemos que nunca van a sorprendernos. Libros como Boca de lobo contradicen dicha impresión. Y es que el misterio puede ocultarse en cualquier rincón de casa... si un buen narrador lo sabe mostrar.
Fabián Negrín da una vuelta de tuerca al más popular de los cuentos para adentrarnos en un paisaje aparentemente nuevo, un terreno casi virgen que, sin embargo, ya habíamos visitado desde nuestras primeras lecturas: el bosque, un bosque habitado por un lobo, en el que irrumpe ella: una inocente criatura vestida de rojo.
¿Dónde está, pues, la novedad en este cuento ilustrado? ¿Dónde su originalidad? ¿Qué añade este autor al universal relato de Perrault y los Grimm y a sus enésimas adaptaciones?
En primer lugar, una nueva voz. Como se nos dice desde el título, la narración surge desde la boca del lobo, pero estamos ante un lobo único en su especie, que aporta una singular perspectiva, un punto de vista complejo y divergente. El malo de la historia tiene, evidentemente, su propia versión de los hechos, lo que permite, no tanto justificar sus actos, como descubrir a un ser entrañable, ingenuo y torpe, un tipo tierno y sensible que admira la belleza y, en romántica pose, aúlla su dolor a la luna (conmovedor y angelical...) pero que, lobo al fin, puede resultar feroz cuando se le abre el apetito.
Más allá de esa voz, la «boca de lobo», está llena de resonancias: es oscura, como todas, y sugiere una trampa final, una encerrona. ¿Se trata del engaño del cuento tradicional? ¿O se está insinuando una posible emboscada para el lector? En cualquier caso, la enigmática atmósfera que envuelve el relato subraya el misterio que se nos oculta. Aquí reside otro de los grandes aciertos del libro. Los arquetípicos personajes adquieren una nueva naturaleza gracias al ambiente, agreste y surreal que envuelve ese mágico bosque. Y a ello contribuyen sin duda unas desbordantes imágenes. El verde de la vegetación, que parece querer absorber al lector hacia lo más profundo, contrasta violentamente con el rojo (pasión y sangre) que atraviesa la historia. Los paisajes de Negrín y su exuberante vegetación, recuerdan las pinturas naif, pero con una personalísima energía procedente de su interpretación del color. Un torrente cromático que invade el blanco del papel y se entremezcla, en perfecta simbiosis, con las palabras.
Fabián Negrín, un artista argentino afincado en Milán, ha ilustrado numerosas historias para niños desde un particular surrealismo. Aquí hemos podido comprobar su destreza en dos trabajos: El negro de París, de Osvaldo Soriano (Editorial Montena) y Cuentos de magia de todo el mundo, de Fiona Waters (RBA). En Boca de lobo nos muestra su faceta más plena de creador, con una especial habilidad para integrar lenguajes: el lirismo y la sencillez de un texto, no exento de humor, se presenta entre constantes juegos gráficos, llegando a romper, literalmente, los límites de la página.
Es necesario mencionar el cuidado trabajo de la edición. Todos los detalles han sido medidos: desde el color de las cubiertas interiores hasta la adaptación tipográfica que se ajusta, cuando es necesario, al ánimo del protagonista.
Toda esta riqueza de rasgos configura una Caperucita que, no en balde, ha sido merecedora de numerosos premios internacionales (Premio Unicef de la Feria de Bolonia 1995, Premio Alpi Apuane a Mejor álbum ilustrado 2003 y Mención especial de la Biblioteca Internacional de la Juventud de Múnich 2005) y que ahora, llega a nuestro país en una doble versión castellano/catalán (esta última titulada Gola de llop).

10 comentarios:

t.c. dijo...

yo no leo muchos libros infantiles pero hace poco me hice con uno de la editorial Kokinos, 'Encender la noche', que es un cuento de Ray Bradbury... alucinante.

También creo que tiene algo adictivo esto de los libros ilustrados y no creo que sea por eso de volver a la infancia.

Braulio Llamero dijo...

Libros infantiles ilustrados como el comentado -que no conozco- y tantos otros, son sin duda bellísimas y de una calidad artistica escasamente discutible. Ahora bien, ¿seguro que son para niños? ¿Alguien ha hecho la prueba de ponerlos en manos de los niños a ver qué dicen?
Yo sí, con mis hijas de seis y ocho años. No quieren saber nada de álbums, por hermosísimas que sean sus ilustraciones... porque apenas cuentan nada o no entienden el texto o lo leen en dos minutos.

El drama de la literatura infantil es que en ella sus destinarios no deciden nada: ni la compra.

KafkaProcesado dijo...

Buen texto.
Lo cierto es que en el tiempo que lleva este proyecto en marcha ha demostrado mucha originalidad y, también, diversidad: ensayos, novelas, comics, libros infantiles... Todo vale, como debe ser. Hay que alejarse de pedanterías academicistas. Mi enhorabuena.

Respecto a la literatura infantil, empiezo a pensar que el amor por la lectura no se contagia y que, tal vez, habría que plantearse otras estrategias. Carme Riera, en una entrevista reciente publicada en Qué leer, propone como estímulo la prohibición de la lectura. ¿Quién sabe?

Un saludo.

Vivi dijo...

Yo también tengo un hijo de esa edad (7 años) y sí que le gustan, y mucho,los álbumes ilustrados. Aunque, como nos sucede a los adultos, cada chaval tiene sus gustos particulares.

Álbumes como el propuesto tienen una doble lectura y la del adulto es, necesariamente, más compleja y menos inocente. Pero los ojos infantiles también pueden disfrutar ante un buen álbum. Es cierto que el texto se acaba pronto, pero a veces es una delicia volver sobre él. Y los chavales también pueden descubrir el placer de unas hermosas ilustraciones. Del mismo modo que aprenden a gozar con la poesía si se pone a su alcance y se lee con ellos.

Independientemente de la edad, y aunque ya sepan leer solos, es un placer compartir con ellos estas lecturas. Tanto unos como otros podemos, así descubrir detalles que habían pasado desapercibidos.

La mejor manera de que conozcan, que escojan y que decidan qué leen, es que puedan hojear, abrir y cerrar libros, picotear... Y el sitio más adecuado para hacerlo sin prisas es una biblioteca, donde hay gran variedad de títulos para elegir y llevarse a casa. Catar para conocer. Y dejémosles decidir, claro que sí, qué libros comprar.

¿PROHIBIR leer? Yo más bien creo en la idea de ACERCAR, MOSTRAR y, sobre todo, COMPARTIR la lectura. Sí que creo que el amor por la lectura se puede contagiar, pero en cuestión de amores, no hay fórmulas matemáticas. Aunque es más fácil aficionarse al senderismo viendo a tu alrededor cómo los demás disfrutan dando paseos y saliendo poco a poco a caminar con ellos. Pero claro, no hay garantías.

Montse dijo...

Como dijo en una ocasión C.S.Lewis, "un libro que no vale la pena leera los 60 no vale la pena leerlo a los 6". Soy una gran defensora y lectora de la llamada literatura infantil y juvenil. Los libros ilustrados son arte y literatura de verdad. Y no hay edades.... a mis hijos de 3 y 4 años les encantan...

Rafus dijo...

Cada día me convence más la idea de que la literatura infantil es un género como pueda serlo la novela de aventuras. En él, como en los otros, podemos encontrar las historias que nos estaban buscando. Se trata de probar, ya lo habéis dicho, hasta darse de bruces con libros que "te rompan el eje del alma" que diría mi queridísima Nélida Piñon. En ellos podremos encontrar, si lo merecen, diferentes niveles de lectura, abisales o aéreos, que quizás nos ayuden a que el tiempo no acabe con nosotros.

sfer dijo...

No creo que la literatura infantil sea un género, propiamente dicho. Puede hablar de sentimientos, de aventuras, ser un texto puramente humorístico, con toques de ciencia ficción... todo vale. Un texto puede ser absolutamente poético/absurdo/prosaico/sorprendente/aburrido... igual que ocurre con la literatura para adultos.

En cuanto a lo prohibir la lectura... Emili Teixidor cita a Riera y desarrolla esa idea en "estrategias del deseo o trucos para leer" (que se puede leer en http://www.fundaciongsr.es/madrid/
agenda/articulo_teixidor.pdf) y creo que también he leído en algún sitio a Martín Garzo defendiendo el atractivo de lo prohibido...

Creo, de todos modos, que es solo un factor entre otros muchos, y que tiene mucho más peso una familia que lee y ama la lectura. Más que todo el trabajo de promoción de la lectura que se pueda hacer desde escuelas y bibliotecas. A veces me pregunto si no sería mejor educar a los padres que no a los niños (en este y en otros muchos sentidos...)

rafus dijo...

Tu respuesta, Sfer, exige una precisión por mi parte que, lamentablemente, no hice en mi intervención anterior. Tienes toda la razón cuando dices que en la literatura infantil hay historias vinculadas a la vida real, también al humor y al ámbito de las aventuras, como yo cité. Pero en las novelas que hoy se escriben encontramos ensayística, biografía al lado de la ficción, géneros varios pululando en santa compaña. Un autor como Sebald o Magris, por no citar a un Vila-Matas o Martínez de Pisón, son algunos estupendos ejemplos de lo que digo. Cuando hablaba de género no quería utilizar el término en sentido canónico, simplemente deseaba apuntar el hecho de que la literatura infantil es una opción más dentro de la oferta organizada que tenemos y que, en muchos casos, no se circunscribe a un segmento de edad en concreto: ¿quién está leyendo ahora a Laura Gallego? ¿sólo los chavales?, y ¿a Harry Potter?

Para terminar: es muy importante que los padres lean en casa, y que lo hagan también con los hijos, pero ¿qué ocurre con las familias que no leen por diferentes motivos: culturales, sociales, económicos?

Las bibliotecas y los centros escolares siguen siendo, por el momento, los lugares donde se puede socializar y democratizar la cultura, por ende la lectura. Son muy loables los esfuerzos que se hacen para que la lectura entre en casa de todos nosotros, pero que se ponga todo el acento en ello, pensando que es la solución para que la gente se aficione a leer y olvidando la importancia y primacía de los otros espacios da que pensar, ¿no crees?

sfer dijo...

"Para terminar: es muy importante que los padres lean en casa, y que lo hagan también con los hijos, pero ¿qué ocurre con las familias que no leen por diferentes motivos: culturales, sociales, económicos?"

Será infinitamente más difícil motivar a leer a un hijo de una familia que no lee que al de una familia que sí lo hace.

"Las bibliotecas y los centros escolares siguen siendo, por el momento, los lugares donde se puede socializar y democratizar la cultura, por ende la lectura. Son muy loables los esfuerzos que se hacen para que la lectura entre en casa de todos nosotros, pero que se ponga todo el acento en ello, pensando que es la solución para que la gente se aficione a leer y olvidando la importancia y primacía de los otros espacios da que pensar, ¿no crees?"

Yo creo que se le da demasiada poca importancia a la lectura en familia y demasiada a la lectura en el colegio o en la biblioteca. Es cierto que tanto escuelas como bibliotecas cumplen una función social muy importante... Los colegios deben alfabetizar, enseñar a leer, y enseñar a utilizar la lectura para defendernos en la vida. Las bibliotecas deben poner al alcance de todo el mundo la cultura y la información. Pero los que tienen que transmitir el amor por la lectura, los que verdaderamente pueden "fomentar" la lectura, son las familias. Por supuesto que las otras instituciones son importantes (por dios, o eso o me quedo sin trabajo!!), pero creo que sin la base de la familia, poco pueden hacer. Se pueden gastar millones en programas de fomento de la lectura, en páginas web, en "años de" (El Quijote, el libro y la lectura, etc.), pero si el niño no ve lectura y amor por los libros a su alrededor, lo tendrá mucho más difícil.

Lyngarnier dijo...

Caramba! Esta es una historia que desde nuestras manos y a través de nuestros ojos mueve al ser... Adolfo aúlla su dolor a la luna mientras nos conmueve con esta historia que desde su voz parece desconocida para nuestros oídos. Cuán placentero resulta escuchar su versión de los hechos y creer en ella. Amo la literatura para niños y jóvenes, este texto me lo ha ratificado.