viernes, mayo 06, 2016

Pequeño fracaso, Gary Shteyngart


Trad. Eduardo Jordá.
Libros del Asteroide, Barcelona, 2016. 435 pp. 23 €

Ángeles Prieto Barba

Probablemente el siglo XXI hubiera empezado de manera diferente si el atentado contra las Torres Gemelas se hubiera llevado a cabo en cualquier otra ciudad de Norteamérica, ya que entonces hubiera constituido solo un ataque concreto al gobierno de ese país. Pero desde el momento en que se produce en la mítica Nueva York, crisol acogedor de culturas muy dispares, ya nos afecta a todos. Y por supuesto a Gary Shteyngart, nacido en Leningrado en 1972 y autor de este libro atinado, desenvuelto, encantador y con grandes dosis de humor que significativamente menciona de pasada, sin analizar, lo ocurrido en ese fatídico día. “Las gigantescas sombras”, las denomina en un eufemismo más que elocuente.
Aunque Nueva York como tierra de promisión no es más que uno de los grandes temas enfocados en este libro autobiográfico por la divertida linterna de Gary/Igor, el “Pequeño Fracaso”, dotado de la acidez lúcida y el desparpajo suficiente para relatarnos una infancia feliz en Rusia con asma y muchas carestías, los posteriores problemas de adaptación y desarraigo en Queens, el judaísmo como marca de identidad y yugo al cuello, el poder unificador de voluntades pero también corrosivo de la familia, la educación y la vocación. Lastres y libertades que todos sufrimos en mayor o menor medida para poder madurar.
Pequeño fracaso es pues una confesión honesta sin dejar nada en el tintero, como la que llevaríamos a cabo en una larga sesión de psicoanálisis, que cuenta con unos valores narrativos indudables basados en los principios éticos de su autor. Por estos precisamente, no esperen encontrar en este libro autobombos, afectación, presunciones ni vanaglorias, ya que en la pequeña Odisea de Shteyngart por sobrevivir en el Nuevo Mundo no faltan monstruos pero él mismo es, de lejos, el personaje menos favorecido. El libro es también un viaje circular, de ida y vuelta, donde intentan cerrarse heridas y carencias, dando sentido a la vida como si de una gesta literaria se tratara.
Lo interesante es que a pesar de los vaivenes geográficos del autor, que lo condicionan de manera indudable, todos podemos vernos reflejados en esta historia agridulce de crecimiento y desarrollo hasta dar con nuestra verdadera vocación. Sobre todo aquellos lectores que tengan una edad parecida, ya que compartirán con él gustos musicales, angustias escolares, inquietudes por las chicas, aficiones varias. Y es que el mensaje implícito en la narración de que, a pesar de las distancias y diferencias culturales, no somos tan diferentes, convierte en muy provechosa esta lectura. Porque al final sientes haber encontrado a un nuevo amigo, ese al que buscaremos en cuanto saque otro libro.