martes, septiembre 28, 2010

Amarás a tu hermano, Cristina Cerezales Laforet

Destino, Barcelona, 2010. 157 pp. 17 €

Ignacio Sanz

Cristina Cerezales Laforet tiene cuatro hermanos con los que forma una estrella de cinco puntas. Y, casi nada, siete cuñados en línea directa. Lo dice ella misma en la dedicatoria de este hermoso libro. Hija de escritores, ha dedicado la mitad de su vida productiva a la pintura donde desarrolló una obra notable y personalísima muy ligada a la naturaleza. Pero cuando había alcanzado la madurez lo dejó todo para dedicarse a escribir. Las raíces familiares debieron tirar de tal manera que lleva doce o catorce años embarcada en diversos proyectos literarios. Amarás a tu hermano es su primer libro de relatos, tras tres novelas, la última, La música blanca rastreando las huellas de su madre.
En todos los relatos de este libro el protagonismo recae sobre los hermanos en diferentes tesituras, desde el hijo único que da título al primeros de los relatos y que, por lo tanto, carece de hermanos, hasta el último, “La visita” que retrata el reencuentro, tras largos años de ausencia, de dos hermanos mayores.
Como la propia vida cada relato destaca por una particularidad diferente. Desde la tensión dramática de “La laguna de los pájaros” o de “El trayecto”, la extrañeza de “El padre Benigno”, el descubrimiento del mundo de “Alfaque”, la nostalgia de “El regalo o el factor sorpresa de “Piel de melocotón” donde se plantea el cambio de sexo de uno de los hermanos con la complejidad que una operación suscita en el resto de los hermanos.
Cristina Cerezales maneja los resortes sentimentales con verdadera maestría al tiempo que crea atmósferas en las que domina una cierta ambigüedad muy bien controlada, como si, plantada frente al viejo caballete, antes que por la nitidez de las manchas de color, jugara con la superposición de los colores creando una sugerente riqueza cromática.
Se leen con verdadero deleite estos nueve relatos que retratan situaciones chocantes, a veces paradójicas y conflictivas en la vida familiar. Al fin, los hermanos, aunque lo sean para siempre, una vez que se casan y se independizan, tienden a la dispersión lejos del nido. Quedan aquí reflejados esos estadios que van desde la fidelidad hasta la extrañeza. Y aparecen también los celos, los recelos, la envidia. Pero siempre a través de atmósferas sutiles en las que el peso del hilo narrativos nos arrastra con fuerza hasta llegar a esos desenlaces sorprendentes y hasta desconcertantes.
No hay altibajos en el pulso narrativo, aunque una vez leídos y filtrados, este lector, si tuviera que destacar alguno por su aquilatada maestría, se quedaría con “El trayecto”, un relato breve, para ser preciso, un relato de diez páginas, que participa de esa ambigüedad y sutileza con un final que nos aprieta el corazón y que luego, una vez leído, deja un regusto amargo, como esas bebidas concentradas cuyo recuerdo perdura en la memoria mucho después de que el trago haya pasado por el gaznate.
Con este libro de relatos, Cristina Cerezales no hace sino confirmar el empuje de su vocación y perfeccionar el dominio del que ya había hecho gala en sus novelas.