jueves, septiembre 09, 2010

Brummstein / Machine (dos novelas cortas), Peter Adolphsen

Trad. Blanca Ortiz Ostalé. Lengua de Trapo, Madrid, 2010. 172 pp. 17,20 €

Miguel Baquero

Encontrar la medida justa, lo que en el caso de muchos escritores significa saberse contener, es una de las virtudes más caras de la Literatura. Cuántas perlas que podrían haber sido como la de Steinbeck no se habrán corroído por rodearlas de elementos superfluos, innecesarios, repetitivos, con tal de llegar al tamaño del volumen.
Por fortuna, aunque no se da con mucha frecuencia, siempre existe la opción de unir dos novelas cortas en un solo libro, como es el caso de éste publicado por Lengua de Trapo. Un recurso valioso, sobre todo si ambas novelas comparten, además de la extensión, el mismo tono, el mismo planteamiento, las mismas intenciones. El resultado, en lugar de lanzar sucesivamente dos novelas inflaccionadas, escun volumen en el que, una detrás de otra, se siguen dos pequeñas joyas, en especial la primera, Brummstein, una delicia de imaginación, humor, inteligencia. Un bocado exquisito.
Brummstein, así como Machine, son historias, las dos, que parten desde el principio. Y al decir el principio me refiero al Pleistoceno, por ejemplo, e incluso más allá: a la edad geológica en que se formaron los continentes, en el caso de Brummstein. En esta pequeña novela se nos narra el modo en que se separaron los continentes, surgieron las cordilleras y se formaron las cuevas… Una de estas cuevas, por diversos motivos, ha quedado al margen de la curiosidad espeleológica, y en ella, cierto día de principios del siglo XX, se interna un curioso personaje, mezcla de visionario y emprendedor, que para su propia sorpresa incluso hace un gran descubrimiento: una roca que vibra. ¿Qué significado puede tener aquello?; es más: ¿tiene algún significado?, se pregunta el hombre mientras con su pico arranca una esquirla de la roca y la introduce en una cajita. Brummstein es la historia de cómo esa cajita, metáfora del misterio y el sentido de la vida, si es que acaso tiene algún misterio y algún sentido, va pasando de generación en generación, de personaje en personaje. Los diversos personajes son en ocasiones peculiares, deslumbrantes, en otras anodinos; del mismo modo, la caja discurre a veces como un objeto valioso, otras como un simple legado testamentario o como parte de una remesa de objetos… hasta llegar al sorprendente final de la novela, marcado por un gran y significativo giro de humor negro.
Machine es igualmente una novela que remonta su origen a una época muy pretérita, a la época en que sobre la Tierra aún no había aparecido el hombre, ni otra especie como el caballo, el lugar de la cual trotaba por las praderas el Eohippus. Machine comienza narrando cómo uno de estos primeros equinos murió y quedo enterrado en el fondo de una fosa y como su pequeño corazón acabó convertido en gota de gasolina. Al hilo de esta minúscula gota de gasolina, en realidad el pequeño corazón de un caballo, la novela pasa a narrarnos la historia de Jimmy Nash, trabajador de una refinería petrolífera, de origen azerbayano; la forma en que abandonó la decrépita URSS y se abrió camino en los Estados Unidos… pero todo ello sin el menor rasgo de heroísmo, lejos de esas epopeyas de emigración y superación, al modo más o menos tranquilo, controlado, sin estridencias en que una gota de gasolina estalla en el depósito de un coche.
Tanto Machine como, en especial, Brummstein, son dos buenas novelas por sí solas; al presentarse de forma conjunta, unidas por su tono y su estilo, logran un magnífico volumen que no es sólo la suma de las virtudes de ambas novelas, sino una apuesta literaria de gran calidad.