martes, diciembre 01, 2009

La llave de Esmirna, Tatiana Salem Levy

Trad. Carlos Acevedo Díaz. El Aleph, Barcelona, 2009. 208 pp. 19,50 €

Jorge Díaz

Se dicen muchas cosas sobre la proximidad de la historia con el lector; en realidad, acerca de la ficción, se escuchan muchas tonterías… Se habla de que la identificación del lector con la historia garantiza el éxito. No parece un disparate y deberíamos estar de acuerdo. Lo que pasa es que no sabemos cómo entender eso de la proximidad: ¿que el protagonista viva en nuestro barrio al mismo tiempo que nosotros?, ¿que sea de nuestro equipo de fútbol?, ¿que tenga nuestra edad? Tonterías, pero peores se escuchan en las reuniones.
La llave de Esmirna (A chave de casa en su título original portugués) habla de judíos turcos que viajan a Brasil en busca de una vida mejor, de judíos brasileros que vuelven a Turquía a conocer la antigua casa de sus antepasados, de mujeres torturadas por la dictadura militar brasilera, del exilio en Lisboa…
No parecen cosas próximas, tampoco que pudiéramos identificarnos con ellas. Visto así debería ser un libro del que nos alejáramos como de la gripe; sin embargo, por debajo de la superficie, hay personajes humanos, hay amor y sexo, sueños, frustraciones, cuentas pendientes con el pasado, miedos. Si haces caso a lo que se escucha en las reuniones, te quedas sin leerla y te pierdes una estupenda novela y un montón de historias que te son tan cercanas o más que las de la otra puerta del descansillo.
Tatiana Salem Levy, en sus apellidos se puede intuir, es judía; una joven judía brasilera que el año pasado ganó o quedó finalista en la mayor parte de los premios que se dan en su país a una novelista debutante, entre ellos el prestigioso São Paulo de Literatura o el Jabuti. No sé hasta qué punto La llave de Esmirna es una novela autobiográfica, parece que cuenta la historia de su familia y la suya propia. Si es así, hay que elogiar su capacidad para convertir los recuerdos en literatura; si no lo es, para imaginar unas tramas en las que se ve autenticidad por todas partes.
La sinopsis estricta, una joven judía recibe la llave de la antigua casa de sus antepasados, nos hace pensar en una novela histórica, llena de judíos sefardíes, documentos antiguos, callejones de juderías recónditas, sinagogas y biblias perdidas. Nada más lejos de la realidad, La llave de Esmirna no es en absoluto una clásica novela histórica. Capítulos cortos y ágiles, algunos de apenas una frase, múltiples narradores, cambios de tiempo y de estilo narrativo.
Pero la sinopsis no miente, aún de una forma tan poco ortodoxa, Salem Levy está contando la peripecia de un judío turco que llega a Rio de Janeiro tras un desengaño amoroso, que forma allí una familia y se hace rico, que tiene hijos que le heredarán y una hija que se opone a los militares y parte al exilio tras ser torturada, su hija da a luz en Lisboa y vuelve a su país tras la amnistía política para hacer las paces y entender por primera vez a su padre.
La nieta del turco que llegó a Brasil ya no habla el idioma de sus antepasados ni conserva sus costumbres, se sabe judía porque nunca se deja de serlo y busca el amor a través del sexo en unas escenas realmente bien resueltas y escritas. Recibe el encargo de su abuelo de volver a Turquía y usar la llave que trajo en su llegada para reabrir la casa familiar de Esmirna. Su viaje de vuelta a sus orígenes conduce la novela, no sólo la vuelta a Esmirna sino a Portugal, lugar en el que nació y del que realmente salió originariamente la familia. Es en Lisboa, y en el encuentro del amor, donde acaba el viaje circular, el suyo y el de su familia.
No parece que la literatura brasilera viva momentos esplendorosos, pero ésta es sin duda una muy buena novela.