lunes, julio 31, 2006

Hasta que te encuentre, John Irving

Trad. Carlos Milla Soler. Tusquets, Barcelona, 2006. 1.015 pp. 29 €

Pedro A. Ramos García

No nos engañemos: Hasta que te encuentre no es un libro cómodo para irse de copas o bajárselo al bar y echarle un vistazo mientras desayunamos. Este libro, escrito por John Irving y publicado por Tusquets, es de los que hacen lomo (como les gusta decir a los editores), son 1.015 páginas y eso sí que llama la atención.
Si nos atrevemos a abrirlo, no nos sentiremos decepcionados. Dentro encontraremos una prosa aguda, llena de ritmo y una fina ironía irlandesa que empapa las descripciones y los personajes. Es una road movie en el más amplio sentido de la palabra. La trama es muy sencilla: seguimos a Jack desde que tiene cuatro años hasta que llega a convertirse en un actor de éxito. Le seguimos literalmente, la palabra elipsis parece haber desaparecido del diccionario de John Irving, porque insiste en mostrarnos paso a paso la evolución de este huérfano (en muchos momentos, la madre parece más una hermana). De esta manera, vamos con Jack a un internado, asistimos a sus primeros escarceos, etc. pero hay, en mi opinión, dos momentos que destacan sobre el resto de la novela. El primero, cuando Jack, con cuatro años, viaja con su madre, tatuadora de profesión, en pro de un padre organista y mujeriego. Su objetivo, el de la madre, no es encontrarle sino que tenga presente lo que hizo. El segundo momento importante es cuando Jack, convertido en un actor de éxito (llega a ganar un Oscar, premio muy valorado por el público de EE.UU. y que sirve para vender entradas de cine en el resto del planeta aunque la película carezca de sustancia) repite aquel viaje. No es que el resto desmerezca, pero el paralelismo entre estos dos viajes y lo que se nos desvela provoca que se nos fijen estos momentos y no el resto de la novela que, en manos de cualquier otro plumilla, no pasaría de la categoría de «cúmulo de anécdotas y demasiadas biografías», pero que gracias a la prosa de Irving nos mantiene despiertos toda la noche y sólo nos damos cuenta cuando el amanecer se cuela por la ventana. Salimos del trance: ahí están las cuatro paredes, la lámpara encendida, el ruido de los primeros coches en despertar…
Si afirmo que la única diferencia insalvable entre cine y literatura, dos armas que John Irving ha demostrado saber manejar, es la extensión, imagino que muchos puristas del séptimo arte y otros tantos literatos se llevarán las manos a la cabeza, pero el cine, comercial o no, dura un hora y media aproximadamente (es lo que hay, lo siento por los puristas), pero ¿cuánto dura un libro? Éste tiene 1.015 páginas, recuérdenlo cuando lo estén disfrutando. Por supuesto, la idea no es mía. Se la escuché a un maestro que quizá lea estas líneas.

4 comentarios:

Alicia Liddell dijo...

Irving repite una vez más sus obsesiones: la búsqueda del padre desconocido; la iniciación al sexo (nunca convencional), una galería de personajes excéntricos ... nada que no haya explotado en toda su obra anterior.

Como novedad, la reflexión sobre la memoria: sobre si lo que recordamos es lo que vivimos o lo que nos contaron.

Demasiadas páginas para más de lo mismo. En mi opinión, muy alejada de "Una mujer difícil" u "Oración por Owen", para mí sus dos mejores obras.

Anónimo dijo...

pero quién puede leer a Irwing a estas alturas, madre del amor hermoso!!!!!!

Credendo Vides dijo...

Buscaba algo sobre este libro y al leer tu comentario me he decidido a leerlo, pues sé a ciencia cierta que no me lo bajaré de copas.
Gracias por la información.

Zero Neuronas dijo...

Yo me lo estoy leyendo ahora, voy apenas por la página doscientos y pico (vamos, el comienzo como quien dice) y me está gustando bastante. Cierto que repite el esquema del personaje ausente, la mujer madura y todo eso, pero es una gozada leerlo. Y sé que me esperan muchas tardes de buena lectura, eso es algo de agradecer.